Nuevos ciclos solares cada 11 años

Pero, ¿cómo saben los científicos que se trata de un nuevo ciclo? Sabemos que el Sol está activo por la cantidad de manchas solares y las erupciones. Cuando estos disminuyen, el astro no se queda inactivo del todo sino que el tipo de actividad cambia.

Pero la clave se encuentra en que «durante el mínimo solar podemos ver el desarrollo de agujeros coronales de larga duración«, cuenta Pesnell. Esto es lo que ha hecho que, tras ocho meses de observaciones, se confirme que el Sol ha iniciado una nueva etapa. Los agujeros coronales, explica la NASA, son vastas regiones en la atmósfera del sol donde el campo magnético del sol se abre y permite que corrientes de partículas solares escapen del sol como el viento solar rápido. Pesnell cuenta que estos agujeros se ven durante todo el ciclo solar, «pero durante el mínimo solar, pueden durar mucho tiempo, seis meses o más».

Desde que se hacen observaciones, a mitad del siglo XVIII, se han encontrado los patrones de inicio de un nuevo ciclo solar 24 veces. Por tanto, no es una situación que nos sean desconocida. Ahora, comenzamos el ciclo número 25.

¿Cambios en la Tierra?

Es importante conocer cómo son los ciclos de actividad del Sol, ya que sus cambios pueden afectar a la Tierra. Aunque, por lo general, de forma muy leve y ni siquiera somos conscientes de ellos. Cuando el viento solar, que fluye de los agujeros coronales, viene hacia la Tierra, choca con la magnetosfera terrestre se producen auroras, tormentas geomagnéticas e interrupciones en los sistemas de comunicación y navegación, indican desde la NASA. Además, el número de rayos cósmicos galácticos que llegan a la atmósfera superior de la Tierra aumenta durante el mínimo solar.

Durante el mínimo solar, los efectos de la atmósfera superior de la Tierra sobre los satélites en la órbita terrestre baja también cambian. La NASA lo explica:

«Normalmente, la atmósfera superior de la Tierra se calienta e hincha por la radiación ultravioleta del sol. Los satélites en órbita terrestre baja experimentan fricción a medida que atraviesan las afueras de nuestra atmósfera. Esta fricción crea resistencia, lo que hace que los satélites pierdan velocidad con el tiempo y finalmente vuelvan a caer a la Tierra. El arrastre es algo bueno para la basura espacial; partículas naturales y artificiales que flotan en órbita alrededor de la Tierra. Pero durante el mínimo solar, este mecanismo de calentamiento natural desaparece. La atmósfera superior de la Tierra se enfría y, hasta cierto punto, puede colapsar. Sin una cantidad normal de resistencia, la basura espacial tiende a andar por ahí».

Pero no hay que temer, a pesar de todos estos cambios a nuestro alrededor, en realidad nada cambia para nosotros. Al menos, para los que estamos bien protegidos por nuestra atmósfera.

Fuente: hipertextual.com/