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En Holanda crean islas artificiales para salvar un lago

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LELYSTAD, Países Bajos — La vida silvestre está floreciendo dentro de un archipiélago artificial en un lago justo al noreste de Amsterdam.

Tréboles rojos, juncos y más de 100 otras especies vegetales crecen allí, mientras que miles de aves sobrevuelan, alimentándose de los insectos y peces abajo.

Más de 40 años después de que las autoridades en Países Bajos, que se enorgullece de su innovador manejo del agua, provocaran una calamidad ambiental en lo que ahora es un lago conocido como el Markermeer, una solución ambiciosa, si bien costosa, lo está trayendo de vuelta a la vida.

El gobierno holandés construyó una represa en 1976 seccionando el lago, uno de los cuerpos de agua dulce más grandes y menos profundos de Europa, pero el dique atrapó sedimento, ensució de lodo sus aguas y dañó su vida silvestre.

El gobierno está aplicando una respuesta creativa a la herida autoinfligida: la construcción de cinco islas en un archipiélago artificial.

Las islas están diseñadas para atrapar sedimento y atraer fauna silvestre al lago. La primera comenzó a funcionar el verano pasado y se abrió al público en septiembre; se programó abrir las otras cuatro islas este año.

“Nos sentimos en parte responsables, porque hicimos la represa que asfixió el lago”, expresó Ben Viveen, un funcionario del gobierno que supervisa el esfuerzo de construcción de las islas. El dique era la preparación para un proyecto de rehabilitación de tierras que nunca se llevó a cabo, explicó. “Queremos hacer que el lago esté sano otra vez, traer de vuelta peces y aves, y mejorar la calidad de su agua”.

Las islas Markermeer son un proyecto conjunto del gobierno y la Sociedad Holandesa para la Conservación de la Naturaleza, una organización privada que concibió la idea. El gobierno holandés ha aportado alrededor de la mitad del presupuesto del proyecto de 78 millones de euros, unos 89 millones de dólares, y el resto fue financiado por fuentes públicas y privadas.

Toma unos 30 minutos en ferry desde la ciudad holandesa de Lelystad para llegar a las islas, que pueden sentirse aisladas casi por completo del mundo exterior. La luz solar se refleja en la arena de sus playas, construidas para proteger de las inundaciones y atraer visitantes. Estas “costas” protegen enormes extensiones de tierra fértil construidas, en parte, con el mismísimo sedimento que dañó al Markermeer.

“Hasta la fecha, está funcionando el plan”, dijo Liesbeth Bakker, científica en el Instituto de Ecología de Países Bajos, quien ha estado estudiando la biodiversidad del Markermeer. “Es difícil saber cómo se desarrollará esto con el tiempo. Pero en el primer año, parece que este proyecto ha sido un gran éxito en cuanto a traer nuevos tipos de comida, peces y aves al lago”.

La construcción de la primera isla inició en 2016. Para construir el archipiélago, que mide 2 kilómetros por 5 kilómetros, se usaron sedimento, arena y barro.

Se han iniciado planes para un servicio diario de ferry a la primera isla, donde pronto se construirán alojamientos y terrenos para acampar.

El proyecto Markermeer encaja en el amplio y prestigioso historial de manejo del agua de Países Bajos. Alrededor del 26 por ciento de la población del país vive abajo del nivel del mar, y el 29 por ciento es vulnerable a inundaciones de ríos.

Durante siglos, los holandeses han estado construyendo diques para moldear sus tierras y manejar las inundaciones, y la represa en el Markermeer representó un tropiezo ambiental poco común. A través de diversos proyectos y amplio financiamiento, el gobierno ha evitado catástrofes por inundaciones desde 1953, cuando una fuerte marejada cobró más de 1800 vidas.

El cambio climático podría dejar a Países Bajos aún más vulnerable a mareas y tormentas violentas, pero los funcionarios holandeses se apuran en enfatizar que superar los retos relacionados con el agua es algo que llevan en la sangre.

“Nuestra cultura está muy vinculada a vivir con agua, y nunca se detiene”, afirmó Henk Ovink, enviado especial del gobierno para asuntos internacionales del agua.

Autor: David Shimer
Fuente: The New York Times / clarin.com

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