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¿Qué es la geoingeniería y cómo podría combatir el cambio climático?

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Aquí le contamos algunas técnicas, pero también los riesgos de los que hablan los ambientalistas.

El cambio climático es una realidad, como lo demuestran miles de estudios e investigaciones, y muchos son los que trabajan en busca de una solución para el planeta.

Una de las salidas que se han encontrado es la de la geoingeniería, pero muchos ambientalistas han dicho que sus riesgos son altos y por eso se oponen a ella.


La geoingeniería se define como un grupo de técnicas de manipulación del clima y, según la agencia de noticias AFP, ha recuperado protagonismo en las conversaciones climáticas.

“Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero se mantiene como la acción prioritaria, pero el retraso es tal que para un gran número de investigadores, esto no bastará para proteger el planeta de un calentamiento devastador”, resaltó AFP.

Durante el 2018, un grupo de 116 organizaciones y personalidades del mundo firmaron un texto denominado ‘No manipulen la Madre Tierra’. En él advirtieron de los riesgos de la geoingeniería.

Según el escrito, este tipo de ingeniería no ha tenido una etapa experimental, mercantiliza el clima, viola tratados internacionales, promueve el lucro con emisiones de carbono, generará guerras climáticas y es la excusa perfecta para que “países con altas emisiones de gases de efecto invernadero y la industria de los combustibles fósiles no hagan nada por reconocer su deuda climática”.

Asimismo, dicen que lo que se propone es intervenir deliberadamente los sistemas de la Tierra desde dos direcciones principales.

“Una busca reducir la cantidad de luz solar que ingresa a la atmósfera, para enfriar artificialmente el clima. La segunda tiene como finalidad absorber dióxido de carbono en gran escala y enterrarlo en el subsuelo, en los océanos o en grandes plantaciones de monocultivos de árboles”.

Una de las conclusiones del texto es que la geoingeniería “generaría riesgos e impactos adversos para las comunidades humanas, los ecosistemas y los procesos naturales, así como para la paz y la seguridad mundiales”.

Las acciones

La propia AFP realizó un listado con algunas de las acciones que propone la geoingeniería y explicó cómo se llevarían a cabo.

– Controlar los rayos del Sol. El objetivo es simple: reenviar algunos rayos al espacio para disminuir el calor que nos llega del Sol. Una posibilidad sería poner en órbita espejos gigantes capaces de desviar una parte de la radiación solar. Otro método, que se basa en el impacto de las cenizas volcánicas sobre la temperatura mundial, es inyectar minúsculas partículas reflectoras en la estratosfera.

– Fertilizar el océano. Varias plantas oceánicas microscópicas, como el fitoplancton, atrapan el CO2, llevándolo al fondo del océano al morir. Su expansión es limitada por una falta de hierro, pero varios experimentos mostraron que introduciendo polvo de sulfato de hierro en el mar se podrían crear nuevas colonias. Pero de nuevo los investigadores anticipan reveses. Por ejemplo, una fuerte mortalidad de plancton agotaría el oxígeno, generando masivas zonas sin vida.

– Aumentar la erosión. La erosión natural de las rocas, un proceso químico, permite el bombeo de CO2 en la atmósfera (alrededor de 1.000 millones de toneladas anuales, es decir, 2% de las emisiones de origen humano). El problema es que parece difícil y oneroso extraer olivino (una forma de silicato) en cantidades suficientes.

– Recurrir al carbón vegetal. El ‘biochar’ o carbón vegetal se produce a partir de restos de madera, de residuos forestales y de cáscaras de nueces. Utilizado para restaurar las tierras, puede además absorber CO2. Pero no es seguro que se pueda aplicar esta técnica a gran escala y que este compuesto sea suficientemente estable.

– Desarrollar los BECCS. La Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono (BECCS) alía un proceso natural con otro de alta tecnología. Primero se planta maíz, caña de azúcar y todo tipo de plantas de biocarburantes de segunda generación. Al crecer, absorben CO2. Luego se captura el CO2 cuando estas plantas se transforman en energía. El resultado neto es un balance carbono negativo’, lo que los investigadores llaman ‘emisiones negativas’. Sin embargo, según estudios, habría que consagrar 40% de las tierras arables a los biocarburantes.

– Capturar directamente el CO2. Varios experimentos mostraron que es posible aspirar CO2 para transformarlo en granulados o almacenarlo bajo tierra. Pero, por ahora, esta tecnología tiene un coste prohibitivo.

– Plantar bosques masivamente. La concentración de CO2 en la atmósfera decaería considerablemente con esta técnica, mientras que actualmente, millones de hectáreas de bosques tropicales continúan desapareciendo cada año. Sin embargo, estos nuevos árboles acapararían las tierras de uso agrícola.

 

Fuente: eltiempo.com y AFP

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