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La salud de los gorriones advierte de la presencia de plomo en las ciudades

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Los gorriones son vecinos habituales en las ciudades de gran parte del planeta. Esta pequeña y simpática ave se ha adaptado a las condiciones de jardines, parques y otras zonas arboladas urbanas. Y como los humanos, padece problemas de salud asociados a la contaminación. Las universidades Nacional de San Luis (Argentina) y de Valladolid (UVa) (España) han estudiado los efectos de uno de los elementos tóxicos más vigilados, el plomo, en la sangre de los pardales. El trabajo científico permite establecer una correlación relevante: a más cantidad de este metal pesado en la sangre del pájaro, su actividad sanguínea se resiente.

En situaciones más extremas, se produce un envenenamiento y, con ello, la muerte. Por ello, concluye el equipo internacional, los gorriones pueden ayudar a estimar la polución de plomo en entornos habitados, actuando como bioindicadores, lo que podrá ayudar a establecer medidas de salud pública.

El plomo ha llegado a los sedimentos de los ríos o al suelo debido fundamentalmente a su antigua presencia como aditivo en la gasolina. Un compuesto denominado tetraetilo de plomo se empleaba para incrementar el octanaje de este carburante, esto es, por cuestiones de seguridad, para incrementar su capacidad antidetonante. Con el paso del tiempo, se observó sin embargo que el plomo también dañaba los catalizadores y, además, era expulsado a la atmósfera por el tubo de escape, por lo que fue retirado de las gasolineras.

Aunque no de la circulación. El plomo continúa en las ciudades y en las proximidades de las carreteras interurbanas. “No es un material biodegradable, por lo que su presencia es casi eterna”, lamenta Rafael Pardo, director del Departamento de Química Analítica y firmante del estudio. El trabajo ha sido presentado recientemente en la revista científica Ecotoxicology and Environmental Safety.

El equipo investigador trampeó las proximidades del campus de la Universidad Nacional de San Luis para capturar gorriones comunes (Passer domesticus). En ellos, se analizó la exposición de diferentes dosis de plomo y el tiempo de exposición de este elemento tóxico. Posteriormente, se evaluó con métodos analíticos la concentración de plomo en sangre, el hematocrito (el porcentaje de glóbulos rojos en la sangre), de hemoglobina (la proteína encargada del transporte del oxígeno) y de ALAD, una enzima involucrada en la asimilación de metales en el organismo. Tras el estudio, los pardales retornaron a las calles de esta ciudad en el centro del país sudamericano con unos 160.000 habitantes.

El nivel de plomo y la actividad de la enzima evidenciaban una correlación inversa. Esto es, a mayor cantidad del metal pesado en la sangre, el organismo le costaba más procesarla. El problema de estos contaminantes es que actúan por acumulación. La enzima ALAD contribuye a la producción de una molécula vital para todos los órganos. Esta molécula ayuda a asimilar otro metal, el hierro, con importantes funciones en el cuerpo. “Sin embargo, tiene grandes dificultades para procesar metales que le son ajenos, como el plomo. Al final, la sobreexposición al plomo deriva en problemas de salud como el saturnismo o la porfiria”, explica Pardo. En otras palabras, al interferir en el metabolismo de la sangre, el plomo termina por emponzoñarla, envenenando a su portador, ya sea un ave o un ser humano.

El Departamento de Química Analítica de la UVa dispone de una colaboración estable con el Departamento de Bioquímica y Ciencias Biológicas de San Luis. Desde su universidad, bastante alumnado ha cruzado el Atlántico para formarse en el campus español en sus másteres. El principal aporte de la UVa al trabajo ha sido el análisis de las muestras de sangre a través del Laboratorio de Técnicas Instrumentales, un servicio central para toda su comunidad universitaria.

La Universidad de Valladolid ha trabajado mucho tiempo en la medición e interpretación de metales pesados en el medio ambiente. El plomo es uno de los más importantes. La legislación comunitaria, a partir de una directiva, establece el control obligatorio de elementos tóxicos: mercurio, cadmio, plomo, níquel y arsénico. El seguimiento debe hacerse tanto en el medio ambiente como en la alimentación.

En 2017, una investigación difundida en la revista Frontiers in Ecology alertaba sobre la progresiva desaparición de los gorriones de las grandes ciudades por los efectos de la contaminación. Los autores analizaron la sangre de estos pájaros en diversas ciudades de España y describieron que factores ambientales producían un estrés oxidativo y, a la larga, la reducción de la esperanza de vida de estas aves. La situación podría ser equiparable para las personas que viven en ambientes urbanos.

Rafael Pardo comparte con este equipo científico de la Universidad Complutense de Madrid la preocupación por los efectos en la salud de los elementos tóxicos. Además, advierte que de “el plomo no es el único responsable de la disminución de gorriones en las ciudades, ya que hay otros factores que se deberían estudiar en profundidad”.

Fuente: UVA/DICYT – 22/5/18

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