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Madereros ilegales de Ecuador aprovechan la pandemia para arrasar con árboles de balsa en la selva amazónica

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Diferentes ríos de las provincias de Orellana, Napo y Pastaza en la selva amazónica de Ecuador, son la ruta por donde descienden miles de troncos que son talados por madereros furtivos que aprovechando la emergencia sanitaria que provoca la pandemia de Covid-19 arrasan con los árboles de los territorios comunitarios de algunas nacionalidades indígenas y áreas naturales protegidas de ese país.

La tala ilegal en Ecuador está causando graves problemas en la selva amazónica de ese país, puesto que a la deforestación de vastas zonas selváticas, se suma la directa relación que este hecho tiene con el aumento de las inundaciones en la zona, dado que al perder los árboles también se elimina la barrera natural que ellos generan ante las crecidas de ríos.

En el caso del territorio achuar, ubicado en la zona centro sur de la Amazonia ecuatoriana, solo en los seis últimos meses se han cortado 20 mil árboles de madera balsa, de una serie de islas ubicadas frente a las comunidades que viven en las riberas del río Copataza.

“No recuerdo un periodo en el que se haya talado tanto”. “Es como el principio del fin”. “Una terrible conjunción de condiciones”. Así se refirieron a la situación en la zona algunos expertos consultados por el portal de noticias ambientales Mongabay Latam. Todos ellos expresan su preocupación por la tala indiscriminada que se viene dando en la Amazonía del Ecuador en medio de la emergencia sanitaria por COVID-19. Entre las principales causas, mencionan la falta de control de la autoridad ambiental y el creciente interés de los madereros ilegales que se aprovechan de las circunstancias.

Según explica Xavier Solis, asesor jurídico de la Fundación Alejandro Labaka, que trabaja con comunidades indígenas de la zona, algunas de éstas se han convertido, además, en blanco de los madereros ilegales. Estos han llegado hasta sus territorios para convencerlos de que vendan la madera balsa de sus bosques. El que los indígenas hayan accedido en algunos casos, explica Solís, es consecuencia de la ausencia del Estado durante la emergencia y la falta de asesoría técnica para aprovechar legalmente sus recursos sin convertirse en víctimas de los intermediarios.

Solís comenta que es un secreto a voces que el río Shiripuno, en Orellana, se ha convertido en vehículo para la movilización de los troncos que se talan en territorios de las comunidades ribereñas, principalmente waorani.

“En el caso de los kichwas, hay varias comunas en los márgenes del río Napo que están en esa situación y que son las más afectadas. El transporte se hace a través del río y la madera llega hasta Puerto Providencia [provincia de Sucumbíos], que conecta con Shushufindi, luego con Lago Agrio y por allí salen los camiones”, señala el abogado.

Fiscalización

Aunque los expertos consultados señalan la falta de fiscalización del Estado, el Ministerio de Ambiente asegura que ha mantenido los puestos fijos de control forestal en carreteras desde el inicio de la emergencia sanitaria en Ecuador, el 11 de marzo, y que desde julio ha retomado las acciones de vigilancia que se hacen a las industrias forestales, que incluyen operativos de control en aserraderos y depósitos de madera. El resultado, señala el Ministerio en respuesta a un pedido de información hecho por Mongabay Latam, es de 181 retenciones de madera a nivel nacional, entre el 1 de enero y el 31 de julio de 2020, que representan 3176 metros cúbicos. Solo entre julio y agosto ocurrieron 84 retenciones (46,4%).

Extracción sin Control

“De verdad no hay mucho empleo, no hay empresa, no hay lugar que dé trabajo”, sostiene el presidente de la Nacionalidad Waorani del Ecuador (NAWE), Gilberto Nenquimo, para explicar por qué varias comunidades han sido sorprendidas por madereros que han llegado hasta sus territorios para ofrecerles dinero a cambio de sus árboles de balsa. Según señala, son once las comunas de su nacionalidad que han sido visitadas por los ilegales: tres en la provincia de Orellana, tres en Napo y cinco en Pastaza. Además, menciona los puertos fluviales por donde sacan los troncos extraídos del territorio waorani: Puerto Pitacocha en Pastaza, Puerto Coninpare en Napo y Shiripuno en Orellana.

Pérdida de Biomasa Forestal

Aunque la balsa no es una especie en peligro y, por sus características, crece en zonas secundarias en donde ha habido inundaciones de ríos o deslaves de tierra, su función no es menos importante para los bosques amazónicos. Así lo indica la directora ejecutiva de la Fundación Ecociencia, Carmen Josse, quien además menciona que “se están perdiendo estos rodales [conjunto grande de árboles] de balsa que son muy importantes para mitigar las inundaciones cuando hay crecidas”, indica.

La representante de Ecociencia explica que en Ecuador se ha dado un 78 % de pérdida de biomasa forestal en un periodo de 14 años (2003 – 2016), haciendo referencia al estudio regional en el que participó la fundación que dirige, junto a la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG). “En términos porcentuales, Ecuador es uno de los países con el índice más alto de degradación”, agrega.

Otro punto importante que destaca Josse, y con el que coinciden algunos de los expertos consultados, es que la política forestal ecuatoriana no considera las complejidades del país, que tiene su mayor patrimonio forestal en la Amazonía en manos de los pueblos y comunidades indígenas. “¿Cómo debemos manejar ese patrimonio? No es lógico que se trate a esos bosques con esa riqueza como se trata a cualquier plantación forestal de eucalipto, pino o teca […] debe dimensionarse el problema y debe hacerse un proceso adecuado que incluya una política coherente y consciente. No se puede simplemente cerrar los ojos”, sostiene.

Para la directora de Ecociencia es preocupante que las mediciones ambientales que realiza el Estado de Ecuador no tengan en consideración el fenómeno de degradación. “Todos nuestros esfuerzos, toda la cooperación que recibe el país por los temas de cambio climático, todo está enfocado en detener la deforestación pero no estamos haciendo lo suficiente por entender, monitorear y enfrentar la degradación, que es mucho más importante en términos de emisiones forestales”, concluyó.

Fuente: agendasustentable.cl/

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