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Mendoza enfrentará su peor sequía histórica, aún más grave que la de San Juan

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Todos los ríos de la vecina provincia estarán por debajo de la media histórica porque no hay nieve acumulada. Se cumplirá una década de crisis hídrica. 

El Departamento General de Irrigación de Mendoza presentará hoy el pronóstico de escurrimiento de los ríos. Se trata de la evaluación de la cantidad de nieve acumulada y el «agua guardada» en la montaña para toda la temporada. Pues los datos no son promisorios. Mendoza seguirá con una profunda sequía que apunta a ser la más prolongada de la historia reciente.

El escenario en San Juan será muy crítico esta temporada y se enfrentará a uno de los peores ciclos que se tengan datos. Claro, la Cordillera es la misma y la nieve lejos estuvo de estar en niveles mínimamente aceptables. San Juan pudo en los últimos años, que no fueron ricos, sumar agua a sus dique sy cuenta con esas reservas, pero otro periodo seco (2020-2021) podría ser dramático.

Todos los ríos de la provincia están por debajo de la media histórica y en realidad es una situación que se arrastra desde hace una década. Así se puede ver en los boletines diarios que publica el DGI: no hay nieve acumulada en la nacientes de las cuencas.

Por eso, es probable que todos los ríos tengan una temporada «seca» porque estarán muy por debajo de la media histórica. El problema abarca a toda la provincia, pero es más agudo en el Sur, donde los ríos, Atuel, Malargüe, Diamante y Grande,  están por abajo de la mitad de la media histórica.

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a caja de ahorro

El agua que falta por la carencia de nevadas se compensa en una parte por el aporte de los glaciares, la gran caja de ahorro de agua que tiene  Mendoza. Se cree que cerca de un 40% del agua de los ríos de deshielo de la provincia lo aportan los glaciares.

En  el siglo XX hubo años extremos. En 1968 no nevó en la Cordillera. Ese año hubo una de las crisis hídricas más profundas que se recuerden, y nada indica que eso no va a volver a pasar. Ricardo Villalba recordaba el tema en MDZ, asegurando que en 1968 Mendoza dependió netamente de los glaciares. «Si no tuviéramos glaciales en el año 1968 nos tendríamos que haber ido todos los mendocinos o haber cambiado nuestra forma de vida. Plantaríamos papa u otra cosa, pero no tendríamos vitivinicultura”, explicaba Villalba en el marco del inventario de glaciares.

El otro gran aporte lo puede dar la eficiencia. Es decir, una política de uso del agua que no aumente el volumen disponible, pero que sí permita un mejor uso y achicar el desperdicio.
Fuente: diariodecuyo.com.ar

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