film izle
Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

Biodiversidad tesoro genético

Silvia Fratoni*
Luis Carreras**

“Hay suficiente en el mundo para cubrir
las necesidades de todos…pero no hay suficiente
para la codicia de todos”.
Mahatma Gandhi

La Estrategia Global de Biodiversidad, propuesta por la Unión Mundial para Conservación de la Naturaleza (UICN), el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) y el Programa de Naciones

Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), define a la biodiversidad como la diversidad de vida en tres diferentes niveles:

* diversidad genética (variedad de genes dentro de una especie)

* diversidad de especies (variedad de especies halladas dentro de una región) y

* diversidad de ecosistemas (variedad de diferencias encontradas entre grupos de organismos dentro de diversas ubicaciones).

El documento sobre Estrategia también establece que la biodiversidad es esencial para el bienestar humano y debe, por lo tanto, ser conservada. Para lograr este fin, no sólo describe un número de acciones que necesitan ser llevadas a cabo, sino que también urge a los gobiernos a tomar medidas tendientes a salvaguardar la riqueza biótica mundial. 1-8

CONVENCION SOBRE BIODIVERSIDAD

La Convención sobre Diversidad Biológica es la culminación de dos décadas de arduos esfuerzos y negociaciones internacionales. Su puesta en vigencia, una vez ratificada por los países signatarios, quedará registrada en la historia moderna como uno de los mayores pasos tomados por la humanidad en lo concerniente a desarrollo sostenible.

Los objetivos de esta Convención son tres: la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa de los beneficios proceden-tes de la utilización de los recursos genéticos.

Los recursos biológicos constituyen la base de la vida en la Tierra, pero su destrucción por nuestra culpa sigue “silenciada”. Por ello, resulta importante crear una nueva mentalidad en la cual la adopción de acciones preventivas y medidas precautorias resulte tan natural como lo son nuestras reacciones ante situaciones de emergencia o catástrofes. Este es el mayor desafío que debe ser enfrentado para implementar la Convención. 8

Necesidad de estabilidad global

La preservación de la biodiversidad sólo puede ser llevada a cabo como parte de una estrategia general para promover la estabilidad global. El primer prerequisito para un mundo sostenible es el logro de una población humana estable. Pero esto no permitirá por sí mismo el logro de un mundo en equilibrio: para ello, los problemas de pobreza y justicia social deben ser enfrentados con mucho mayor énfasis en todo el planeta. Más de las 4/5 partes de los recursos mundiales son consumidas rápidamente por menos de la cuarta parte de la población global, que vive en los países industrializados: este sobreconsumo debe ser urgentemente puesto bajo control. 8

HISTORIA Y EXTINCION

Estamos asistiendo a una extinción de especies mayor que cualquier otra cosa que el mundo haya experimentado en los últimos 65 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios y los vegetales asociados a ellos. De todos los problemas mundiales que estamos enfrentando, este es el que más rápidamente aumenta, el que tendrá las consecuencias más serias y (a diferencia de los demás problemas ecológicos globales) es completamente irreversible. Sus consecuencias son, asimismo, las menos predecibles, porque el valor de la biota (es decir, la flora y la fauna consideradas conjuntamente) sigue en gran medida sin estudiar y sin apreciar.

La Tierra, nuestro hogar planetario, posee límites físicos que no debemos ignorar sino respetar. No importan las fórmulas económicas, los sistemas productivos, o qué tan inteligentes podamos ser: la cantidad de agua existente es siempre la misma y cada vez está más contaminada; el petróleo se termina dentro de las dos siguientes generaciones humanas; el aluminio tendrá que buscarse en los basurales en pocos años más….

En millones, a medida que fue pasando la Historia, la pobla-ción humana creció a unos 130 hace 2000 años, a 500 para 1650, a 2.500 en 1950, y un creciente 5.500 actualmente, aunque el Informe

del Instituto Worldwatch – “La Situación del Mundo 1994” – afirma que ya hemos llegado a 6.000. En los últimos 40 años hemos dilapidado cerca de 1/5 de suelo fértil; sacrificado 1/8 de nuestras tierras cultivables a la desertificación; perdido depósitos de agua dulce por salinización; incrementado 1/3 los gases del efecto invernadero en la atmósfera, fijando el rumbo del mundo a un curso inexorable de climas más cálidos o de cambios atmosféricos impredecibles; destruído más de un 5% la capa de ozono estratosférico; y talado – o convertido en desiertos bioló-gicos simplificados – cerca de 1/3 de las selvas y bosques que existían en 1950. 21

Superconsumidores

Se estima que los seres humanos – sólo una de las 10.000.000 de especies en este planeta – consumimos, gastamos o distraemos actualmente el 40% de la producción fotosintética neta de la tierra. Además, estamos usando 1/3 del agua dulce disponible del planeta, derrochándola en algunas actividades urbanas innecesarias o en procesos productivos ineficientes. Ya nuestro impacto sobre las selvas, bosques y otras comunidades biológicamente ricas resulta tan intenso en todo el mundo, que estamos perdiendo especies a una escala entre 1.000 y 10.000 veces mayor que la natural anterior a la aparición de nuestros primeros ancestros sobre la Tierra.

La historia del hombre está íntimamente vinculada a la Naturaleza. De distintas formas, la especie humana ha basado su subsistencia en el aprovechamiento de los recursos naturales, y también se ha visto seducida por ella, como puede comprobarse através de sus creencias y actividades. Si bien las necesidades básicas de la humanidad siempre fueron cubiertas por el aprovechamiento de los recursos, este

se ha intensificado críticamente desde la Revolución Industrial hasta tal punto que, en algunos casos, ha llegado a agotarlos. La conservación de la Naturaleza no va en desmedro del avance socioeconómico, sino todo lo contrario: propone administrar y aprovechar los recursos naturales de manera sostenible, manteniendo la diversidad biológica y los sistemas ecológicos esenciales. 1-21

¿Qué quiere decir sostenible? Aprovechamiento sostenible significa utilizar un recurso natural a un ritmo que no supere su capacidad de renovación; y desarrollo sostenible es el mejoramiento de la calidad de vida humana – material y espiritual -, sin rebasar la capacidad de carga de los ecosistemas, o sea sus límites para albergar organismos sanos y mantener su productividad, adaptabilidad y capacidad de renovación que la sustentan (denominada también “capacidad de carga de la Tierra”), con el fin de asegurar que las generaciones venideras, los encuentren igual o mejor, si es posible.

¿Existen razones válidas para conservar la biodiversidad?

INDUDABLEMENTE

La primera es ética: Todas las especies tienen un derecho inherente a existir. La Carta Constitucional adoptada por las Naciones Unidas en la Asamblea General de 1982, estableció que “cada forma de vida es única y se debe garantizar su respeto independientemente del valor que tenga para el hombre”. Si la humanidad es responsable por la mayor parte del daño provocado en cuanto a destrucción de hábitats (que causa gran parte de la pérdida), tenemos la responsabilidad ética de hacer todo lo posible por ayudarlos y velar por ellos para mejorar la calidad de vida de todo el planeta. No tenemos derecho a matar y destruir a nuestros compañeros vivos en el universo, simplemente para perpetuarnos. 3

La segunda es estética: Todas las formas vivientes deben ser preservadas por su belleza, valor simbólico o interés intrín-seco. Todo ser vivo tiene la capacidad de fascinar, ya sea por su complejidad, conducta, tamaño, forma, color, voz, etc. El ser humano necesita de la belleza, porque hace a la salud de su mente y de su espíritu. Si perdemos o destruimos una, corremos el peligro de perder muchas más. Prevenir entonces esa pérdida juega un rol primordial en la preservación de la belleza natural de la Tierra. 3

La tercera es económica: Los recursos naturales representan una de las principales fuentes de ingresos económicos para todas las naciones. No obstante, para muchas economías rurales o marginales, la fauna y flora silvestres significan – a veces – la única fuente de subsistencia. Además, nosotros utilizamos organismos para alimentarnos, para los medicamentos, para químicos, fibras, telas, materiales estructurales, energía y muchos otros propósitos. Como ejemplo, el 60% de la población mundial depende directamente de las plantas para sus medicinas.

De una u otra manera, todas las especies animales y vegetales nos proporcionan beneficios económicos directos e indirectos, por lo cual consumirlas hasta agotarlas resultaría absurdo, irracional y desventajoso. 3-16-21

La cuarta es científica y está muy relacionada con la anterior: la investigación ha permitido conocer múltiples beneficios de las especies silvestres. Los animales domésticos y las plantas cultivadas que hoy son la fuente de alimento de la humanidad, han tenido su origen en especies silvestres, algunas de ellas sudamericanas, como la yerba mate, o de Turquía, como el trigo.

El estudio de las distintas especies podría resultar beneficioso a través de la experimentación genética. Actualmente, uno de cada cuatro medicamentos debe su existencia a sustancias obtenidas en los bosques tropicales y se posee ya un compendio de 1.400 plantas selváticas que contienen principios activos contra el cáncer. Los siguientes ejemplos nos permitirán valorar de otra manera a nuestros compañeros planetarios: 1-3

* La rosa pervinca,Catharanthus roseus, una planta pequeña y poco vistosa oriunda de Madagascar, produce los alcaloides vinblastina y vincristina, de extraordinaria eficacia contra la enfermedad de Hodgkin, la diabetes, la leucemia linfocítica aguda y otros tipos de cáncer.

* El cáncer de pulmón, riñón y testículos responde al tratamiento con etoposida, una droga obtenida a partir de la espina blanca. Los indios del Norte ya usaban esta planta para combatir las verrugas.

* La palmera babassú, Orbignya phalerata, de la cuenca del Amazonas, produce racimos de frutos, cada uno de los cuales pesa unos 80 kilogramos;

una plantación de 500 árboles produce unos 125 barriles de aceite al año para cocinar y otros fines.

* Una serpiente venenosa del Amazonas produce el Captopril, que actualmente es la droga más potente contra la hipertensión arterial. El curare, un potentísimo veneno usado por los indígnas amazónicos, fue uno de los primeros anestésicos utilizados en operaciones quirúrgicas. O la reserpina, obtenida del arbusto serpentaria, también de mucha ayuda contra la hipertensión arterial.

* Los pacientes duermen profundamente y respiran con facilidad durante las operaciones gracias a la scopolamina derivada de la mandrágora, el beleño y el estramonio.

* Una leguminosa de Nueva Guinea, Psophocarpus tetragonolobus, ha sido calificada de supermercado monoespecífico: la planta entera (raíces, semillas, hojas, tallos y flores) es comestible, y de su jugo puede prepararse una bebida parecida al café. Crece rápidamente, alcanzando una altura de 4,5 metros en pocas semanas, y tiene un valor nutritivo igual al de la soja.

* Hasta la aspirina y los anticonceptivos contienen sustancias de plantas tropicales, así como el relajante muscular que se usa en los quirófanos y que se saca de una planta amazónica, el Chododendrum tomentosum.

* Millones de personas con enfermedades cardíacas dependen de las flores del digital o dedalera, que proveen la digitalina, reguladora del ritmo cardíaco.

* Incluso la persona más saludable toma alguna vez compuestos cuyo primer origen fueron las flores fragantes de la ulmaria y la corteza

del sauce, conocidos como aspirina.

Y no solamente hay productos medicinales: en los desodorantes, la loción para después de afeitarse, el lápiz labial, el celofán, la dinamita, el barniz de muebles y de uñas, los discos, las raquetas de tenis, las revistas o las cartas se utiliza algún ingrediente que tiene su origen en el reino vegetal, como gomas, pegamentos, resinas, ceras, tintes, taninos, aceites esenciales, por nombrar sólo algunos. 16-26-28

Confirmando lo anteriormente expresado, tenemos el ejemplo de lo sucedido en nuestro país al eliminarse las rapaces por el abuso de biocidas y la caza indiscriminada: la población de roedores se multiplicó, dando origen a la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA), endemoepidemia de la Pampa Húmeda, la que genera grandes pérdidas directas e indirectas a los trabajadores rura-les.

Seguramente la Naturaleza guarda innumerables misterios que pueden ser develados para mejorar la calidad de vida de la humanidad. Preguntémonos: ¿cuántos de estos misterios estamos perdiendo con cada individuo o especie que desaparece? o, más aún, ¿cuántas se han llevado ya “su secreto a la tumba” sin haber sido siquiera descubiertas? 3-7

La quinta se podría denominar bio-ecológica o bio-ambiental: todos los seres vivos juegan un rol importante en el ordenamiento de los servicios esenciales provistos por los ecosistemas naturales, entre ellos, la protección de las cuencas, el mantenimiento de la calidad atmosférica, la regulación de los climas y microclimas, la absorción de la contaminación, y la generación y mantenimiento de los suelos. La pérdida de la biodiversidad origina un funcionamiento inapropiado de los ecosistemas, que son responsables de captar la energía del sol para la Tierra y transformarla en cadenas químicas básicas para los procesos vitales de todas las especies, autoincluyéndonos. 1-3

La sexta razón es cultural: desde tiempos remotos, la Naturaleza ha llamado la atención de todos, a tal punto que sus imágenes y leyendas forman parte de todas las culturas.
La Argentina posee numerosos ejemplos de especies que han generado historias, mitos y creencias de gran arraigo popular: basta citar las leyendas del cacui o “pájaro la vieja”, del caburé o “rey de los pajaritos”, del “aguará-guazú” o “lobizón” y del caráu o “viuda loca”. ¿Y quién de nosotros ha logrado contener las lágrimas al leer las leyendas de la flor del ceibo o la flor del irupé?

Todas estas creencias enriquecen nuestra cultura. La desaparición de una especie significa la pérdida de una parte de esa herencia cultural y de nuestra identidad nacional. Al respecto, Claudio Bertonatti nos ilustra una vez más con toda claridad: el yaguareté o tigre – como lo llamara el criollo -, habitaba desde el sur del Río Colorado (Provincia de Río Negro) y nos dejó un sinnúmero de topónimos que lo recuerdan. Nahuel Huapí significa “isla del tigre” en mapuche. La localidad bonaerense de “Tigre” alude a la presencia de esta especie en todo el Delta del Río Paraná, documentada por Sarmiento y Sastre. Este felino en peligro de extinción, hoy relegado al norte del país, también habitó la provincia de La Rioja. Al popular caudillo Facundo Quiroga se lo llamaba “el Tigre de los Llanos” y a sus hombres, los “Runa-Uturunco” (en quechua, “hombres-tigre”), por su bravura. Sin embargo, el tigre se extinguió de esa provincia y en la actuali-dad, el emblema de la Lotería de La Rioja es un tigre de Bengala (de la India). 3

Y en lo que se refiere a la región litoraleña, nuestra flora y fauna fueron siempre fuentes de éxtasis e inspiración para innumerables leyendas del lugar. Recordemos por ejemplo al santa-fesino Juan Carlos Roteta enamorado del típico paisaje costero, que en su libro “Al Naciente” nos fascina con sus cuentos sobre árboles nuestros como el aromito, el laurel y el ingá, pájaros como la cardenilla, el cachilo, los benteveos, los zorzales, el cardenal, o los cuentos criollos del zorro aludiendo siempre a su valentía y astucia o exaltando su espíritu independente.

De todo lo antedicho se desprende que mucha de la calidad y cantidad de los servicios del ecosistema se perderán si el actual episodio de extinción continúa mucho más sin ningún tipo de coto. Y la reconstrucción de estos sistemas, en los cuales nuestros descendientes estarán necesariamente comprometidos, se encontrará obstaculizada debido a nuestra desidia.

Supervivencia y extinción

¿Por qué existen enormes cantidades de algunas clases de animales y sólo unos pocos de otros? ¿Por qué algunas especies sobreviven y otras no? No existe una respuesta simple a estas preguntas. Pero los científicos nos han dado algunas razones para reflexionar acerca de ello.

Para sobrevivir, todos los animales – incluyéndonos – necesitan alimento suficiente y un lugar tranquilo para vivir. No obstante, en la naturaleza no siempre hay alimento o espacio suficiente para todos. Entonces, se hace necesario competir, o luchar, por alimento y espacio. A menudo los más fuertes o más inteligentes (o los más preparados) ganan y los perdedores no logran sobrevivir. Además existen otras interacciones selectivas (predación y amensalismo) y factores físico-químicos derivados de los cambios naturales del ambiente, como el clima y variaciones de la corteza terrestre. De esta forma la naturaleza mantiene las cosas en equilibrio.

Pero la amenaza más seria para todas las demás especies es el creciente número de seres humanos, porque nosotros tomamos la comida y el espacio de los que los animales dependen para sobrevivir,

contaminamos el agua y la tierra que ellos también necesitan. Además, los destruimos cuando nos molestan o interfieren con nuestras actividades. Y también los cazamos y matamos no sólo para alimentarnos, sino para fines mucho más egoístas: su vistosidad, su canto o por sus valiosos cueros, pieles, cuernos o plumas.

Muchos animales en peligro de extinción también tienen problemas especiales por lo que se les hace aún más difícil competir ya que algunos necesitan un particular tipo de comida o una clase especial de vivienda; por lo tanto, se reducen sus posibilidades de sobrevivir frente a aquellos que tienen una dieta variada o pretensiones mínimas en cuanto a comodidades en su hábitat. Otros tienen pocas crías por vez o son muy sensibles a los cambios y/o a los químicos y además están los que deben emigrar o moverse, de un sitio a otro.

Entonces, si las extinciones siempre han existido, ¿por qué tanto alboroto ahora? Porque su incremento al nivel actual es algo nuevo y alarmante. Los científicos estiman que el número de especies perdidas por año puede llegar a 40.000 para fin de siglo: un nivel de extinción que sobrepasa cualquier otro de los últimos 65.000.000 de años. 24

En efecto, nuestra especie apareció en el momento de mayor diversidad biológica que ha conocido la historia de la Tierra. Hoy en día, a medida que las poblaciones humanas aumentan y se expanden, alteran el ambiente natural, lo cual reduce esa diversidad a su nivel más bajo desde el final de la era Mesozoica. Aunque imposibles de calcular, las consecuencias últimas de esta colisión biológica serán, sin la menor duda, perniciosas.

En los últimos 10.000 años la biodiversidad ha entrado en una era completamente nueva de la turbulenta historia de la vida terrestre. La actividad humana ha tenido un efecto devastador sobre la diversidad de las especies, y la tasa de extinciones inducidas por el hombre se está acelerando.

La inmensa mayoría de los ecólogos considera que cada episodio de extinción de una especie debilita a la humanidad. Cada microorganismo, animal y planta contiene entre un millón y miles de millones de bits de información en su código genético, forjado a través de un número astronómico de mutaciones y episodios de selección natural a lo largo de miles o millones de años de evolución. Tal vez los biólogos lleguen a leer, algún día, los códigos genéticos enteros de estirpes de algunas especies que desaparecen, pero resulta dudoso que logren medir, por no hablar de sustituir, las especies naturales y la rica colección de estirpes genéticas que las componen. La presión evolutiva mediante selección natural puede ser demasiado intensa para concebirlo, y no digamos para duplicarlo. Sin diversidad no hay selección (natural ni artificial). La diversidad de especies, el acervo genético del que dispone el mundo, es uno de los recursos principales (e insustituibles) del planeta. En lo que se refiere a especies seleccionadas artificialmente, no existe conocimiento acerca de estirpe genética alguna que, sin ayuda del hombre, haya ganado jamás en su lid con variantes silvestres de la misma especie en el ambiente natural.

Sería pecar de ingenuos pensar que la humanidad sólo tiene que esperar mientras la selección natural vuelve a llenar los vacíos de la diversidad creados por las extinciones en masa. 26

Evolución y escalas temporales

En numerosas oportunidades, se mencionan cifras que son difíciles de apreciar en su magnitud: hablar de millones de años significa expresar un tiempo superior a la época en que la humanidad deja su actividad recolectora-cazadora y se convierte en agricultora, hace escasos diez mil (10.000) años. La apreciación correcta nos permitiría comprender que la biodiversidad actual del planeta es producto de un larguísimo período de evoluciones, mutaciones y extinciones, y que el Hombre sólo aparece a último momento.

Hace unos 3.500 millones de años nuestro planeta era una inmensa bola de fuego balanceándose en el espacio, donde las reacciones químicas desatadas trataban de buscar su estabilidad, sin ninguna meta prefijada.

Se supone que la primera célula, originada en el mar, apare-ció entre los 500 y 600 millones de años, la que sucesivamente y por todos los procesos mencionados, como en un experimento de prueba y error, genera algas, hongos, medusas, esponjas y peces primitivos. Los helechos y musgos invadieron tierra firme hace 400 millones de años, compartiendo su hábitat en poco tiempo más, con los primeros animales terrestres. La mayor variedad de especies animales y vegetales se produce en la época de los dinosaurios, entre los 210 y 65 millones de años; algunos estudiosos sostienen que la aparición de plantas con flores – forma rápida de reproducción – está relacionada con el incremento demográfico y corporal de éstos enormes animales quienes, además, convivieron con los primeros reptiles voladores, antepasados de las aves actuales.

La extinción masiva de los dinosaurios, acaecida hace 65 millones de años, permitió la evolución y multiplicación de los mamíferos y las aves. Así, con aciertos y errores, a lo largo del tiempo, aparecen ballenas, elefantes, ratones y aves modernas. Nuestros antepasados recién se dejan ver entre los 5 y los 3 últimos millones de años, conviviendo en algunos casos, con animales ya extinguidos, como los gliptodontes y el tigre diente de sable.

La tarea pionera de Florentino Ameghino permitió sistematizar la clasificación y ordenamiento de los restos de animales, plantas y antepasados humanos de los distintos períodos encontrados en nuestro país. Cabe mencionar que en Santa Fe existen museos con colecciones interesantes y que, periódicamente, se reportan nuevos descubrimientos.

LA EXTINCION ES DEFINITIVA

La evolución natural de nuestro planeta, a lo largo de millones de años, ha permitido generar momentos de una riqueza biológica inigualable. A pesar de ese período de bonanza, lo que parecía estable podía desaparecer en poco tiempo: la abundancia de dinosaurios y la especialización que sufrieron a través de sucesivas generaciones no los salvó de ser exterminados cuando las condiciones les fueron adversas. Aún así, su reinado se extendió durante unos ciento cincuenta (150) millones de años, cifra treinta (30) veces superior al tiempo en que los primeros homínidos aparecieron en el planeta.

Pero el deterioro más evidente se manifiesta en las últimas centurias, con la aparición de la máquina a vapor, el crecimiento de la población y la multiplicación de la presión sobre los recursos naturales. Justamente, las necesidades reales y ficticias de la humanidad generan conflictos, y de esa confrontación sale derrotado, por el momento, nuestro planeta: aguas contaminadas, cambio climático, especies extinguidas, desertización, por un lado, y pobreza, migraciones, problemas de salud en opulentos y humildes, hacinamiento urbano, basura y radiactividad por el otro, son los síntomas visibles de esta guerra en la que todos perdemos. Tanto el rico como el pobre ejercen, a su manera y de forma igualmente devastadora, una acción negativa sobre el ambiente. A modo de ejemplo, la Unión Internacional para la Conservación (UICN) con sede en Suiza, ha señalado las maneras en que el hombre contribuye en la desaparición de especies animales en el planeta, las que se resumen en el siguiente cuadro:

Causas antrópicas del exterminio de especies
* perturbación o eliminación del hábitat
30%
* caza comercial
21%
* introducción de especies competitivas o predatorias
16%
* caza deportiva
12%
* control de pestes y animales predadores
7%
* caza para alimentación
6%
* recolección de especímenes para mascotas, investigación y zoos
5%
* contaminación y otras causas
3%
Fuente: IUCN Red Data Book. Lausana, Suiza. 11

La caza, en todas sus formas, y la alteración del hábitat, eliminan siete (7) de cada diez (10) especies, siendo la actividad que posiblemente incremente su porcentaje en los próximos años, dado que no decrece el consumo de pieles, cueros, plumas y mascotas, ni la pobreza estructural de los países periféricos donde se concentrará el crecimiento demográfico, ni la arrogancia de los cazadores seudodeportivos, ni la expansión de las fronteras agropecuarias destinadas a producir alimentos de altísimo valor nutritivo… para los animales de corral de los países industrializados.

Así, cuando desecamos un bañado, contaminamos un río, talamos un monte, desviamos un arroyo, canalizamos las aguas, ejecutamos represas o trazamos simples rutas o vías de ferrocarril, invadimos ambientes obligando a sus habitantes naturales a perder sus hogares, su alimento y sus refugios, y terminan muriendo o alejándose para siempre. El daño generado es irreparable, y las pérdidas, totales; en muchos casos, la destrucción o alteración de un hábitat es propiciada y exacerbada por intereses foráneos tal como sucede con el Amazonas o con nuestra pampa húmeda. 25

Se ha calculado, estadísticamente, que a principios del siglo XXI Santa Fe no poseerá monte natural alguno ni su fauna asociada: sus ejemplares, en cambio, podrán ser vistos en jaulas, museos, colgados como trofeos, en muebles o en el carbón de los asados domingueros. La ecuación es sencilla y la historia lo comprueba: los procesos de simplificación biológica sólo traen como consecuencia miserias y enfermedades.

La riqueza de los humedales

Los humedales (marismas, pantanales o llanos anegadizos) mantienen una abundante y variada vida silvestre y brindan numerosos beneficios

locales, regionales y globales: la natural amortiguación de la intensidad de las crecidas, así como la provisión de agua luego durante la estación seca.

En nuestro continente, más del 50% de los humedales de los Estados Unidos ya han sido destruidos y algo similar está ocurriendo en América Latina y Canadá. Como resultado de esta acción, las poblaciones de fauna y flora de los humedales están disminuyendo vertiginosamente, y al mismo tiempo los vitales servicios que estos

ambientes brindan a la sociedad se ven seriamente deteriorados.

También resulta importante reconocer que todos los humedales están íntimamente ligados. A manera de ejemplo, digamos que los sedimentos que se lavan de las escarpadas laderas de los Andes en el Perú, son depositados en el delta del río Amazonas en el Brasil, sólo para ser retransportados y depositados en las ricas planicies intermareales de las costas de Surinám (ex-Guayana Holandesa). Estas planicies son sitios cruciales de alimentación para enormes número de chorlos que han comenzado su migración hacia el norte en la Argentina. En Surinám recargan “combustible” para un vuelo sin escalas hasta las playas ricas en alimento de la bahía de Delaware en los Estados Unidos y, eventualmente, hasta la tundra Artica de Canadá, donde nidifican. Estas relaciones biológicas unen a los humedales del continente con los seres que dependen de estos recursos, y ejemplifican las responsabilidades compartidas de conservación a nivel global.

Una de las particularidades de Sudamérica es que la mayor parte de sus ecosistemas acuáticos son humedales. Las grandes cuencas de los ríos Amazonas, La Plata y Orinoco cuentan con extensas planicies de inundación que son las que albergan, por ejemplo, la mayor diversidad de peces del planeta.

El valle aluvial del río Paraná constituye uno de los mayores humedales en el país, por lo tanto nuestra provincia es beneficiada por la intensa productividad biológica de ese ecosistema, a lo que debemos agregar las innumerables funciones que cumple como atenuador de crecientes y reserva, tanto de forraje como de agua para las épocas de sequías.

Se convierte así en un espacio ideal para la producción alimentaria y la recreación del espíritu brindándonos, en forma gratuita, un paisaje agreste y cambiante en cada estación. La inaccesibilidad de sus islas y las recurrentes inundaciones han gravitado en la conservación de sus recursos y en la variedad de especies animales y vegetales existentes; allí encontramos:

* mamíferos como el coipo, el carpincho y el lobito de río;

* peces como el surubí, el sábalo y el amarillo, entre otros;

* reptiles como el yacaré negro y la yarará;

* aves como el dominó, el siete colores, mixto o misto;

* insectos de todos los tamaños, colores y formas;

* especies vegetales que abarcan desde las enredaderas con vistosas flores, como el mburucuyá ó pasionaria – propuesta en su momento como flor nacional -, hasta las flotantes como el irupé y los camalotes;

* árboles como el seibo, el aromito y el aliso.

Este territorio, que sirve de hábitat a innumerables especies (aún no debidamente estudiadas) de flora y fauna constituye uno de los últimos reductos del bosque en galería en nuestra región. 4-7-18

 

Hidrovía

La diversidad biológica de nuestra región, además de otros aspectos, se ve amenazada a corto plazo por una vasta obra

de ingeniería denominada HIDROVIA, la que comunicaría a una amplia zona mediterránea de Sudamérica con el océano Atlántico, a través del eje fluvial Paraná-Paraguay. El debate se centra en la falta total de evaluación del impacto ambiental y sus implicaciones socioeconómicas, teniendo en cuenta que el principal cambio lo sufriría el Pantanal (el humedal más grande del mundo, recordemos) en la cuenca del río Paraguay y los demás perjuicios, serían consecuencia de aquel. Debido a que se trata de un tema de debate actual, son numerosas y controvertidas las opiniones, según los intereses y puntos de vista de los grupos humanos (e intereses) involucrados.

La ONG “Humedales para las Américas” presentó en 1994, un informe detallando una serie de posibles impactos ambientales del proyecto HIDROVIA, que resumimos a continuación:

1- Directos:

* alteración del régimen hidrológico y consecuente deterioro de la calidad del agua;
* pérdida de humedales; pérdida del efecto regulador del Pantanal, que da como resultado un aumento de las inundaciones;

* pérdida de la biodiversidad local, regional y global, particularmente de fauna ictícola;

* declinación de productividad biológica, particularmente de la pesca, ya agravada por la presencia de represas y la sobreexplotación del recurso;

* cambios en los patrones de las cadenas alimentarias;

* pérdida de complejidad a nivel paisajístico.

2- Indirectos:

* mayor presión sobre los recursos naturales;

* deterioro de los estilos de vida locales;

* pérdida del potencial para turismo y recreación;

* expansión de enfermedades transmitidas por vectores, e impactos secundarios a través del desarrollo inducido por la obra (nuevas urbanizaciones, polos industriales, concentración demográfica en el litoral fluvial, etc.).

Finalmente, la idea principal no consiste en oponerse a obras que pueden beneficiarnos a todos, sino realizarlas después de una EVALUACION DE IMPACTO AMBIENTAL (EIA) seria, profunda y responsable. 4-7-18

La explotación abusiva de los recursos naturales, sea cual fuere y de la manera en que se ejecute, también conspira contra el mantenimiento de los sistemas vitales de estabilidad de nuestros ambientes: cultivar sin un laboreo adecuado, extraer los mejores ejemplares animales y vegetales tanto como sobreexplotar la fauna ictícola, conducen a un empobrecimiento del ecosistema, dejándolo a merced de especies invasoras o de vectores difíciles de controlar. Todo ello repercute en la sociedad humana, que debe pagar un precio cada vez más alto en desempleo, costos sociales y sanitarios, inundaciones, desarraigo, etc. En pocas palabras, la Naturaleza nos impone pagar el precio de nuestra propia torpeza.

Todos cazan, nada queda

Quizás el aspecto más visible en cuanto a la extinción de especies por intervención humana, sea la caza indiscriminada, tanto en su faz comercial, deportiva, de investigación, subsistencia o como mascotismo. Los límites a establecer en cada caso ya han sido considerados y reglamentados por los gobiernos locales y nacionales, como con el comercio de carnes, cueros, pieles, plumas y animales vivos, relativamente fáciles de controlar por los permisos o cupos que se entregan en forma anual, con la obvia excepción del contrabando. Aún así, resulta complicado: se estima que por cada cien (100) millones de dólares anuales legales ingresados en ese concepto a nuestro país en la década pasada, el mercado negro movió cifras cuatro (4) veces superiores.

La Argentina, con su vasta gama de ambientes naturales, sus trescientas (300) especies de mamíferos y sus mil (1.000) variedades de aves, con una legislación débil y permisiva, asociada a la inmensidad del territorio y las fronteras (lo que impide el efectivo control), se transforma en un bocado apetecible para la ilegalidad. Tanto es así que el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) denunció que formábamos parte, junto con España, Tailandia y Singapur, del grupo de países con mayor tráfico de animales. Si hablamos de corresponsabilidad del problema, debemos incluir también como depredadores a aquellos países desde donde se origina la demanda: Estados Unidos, Alemania, Italia, Francia, Japón y algunos emiratos árabes. 2-12

Si bien la Ley Nacional N† 22.421/80 de Protección de la Fauna Silvestre reglamenta la denominada “caza deportiva”, la posterior adhesión de las provincias provoca adaptaciones lógicas, con el grave error de ignorar las regiones, por lo que existen especies

prohibidas, por ejemplo, en Santa Fe y autorizadas en Córdoba o Chaco. Urge por lo tanto, en este sentido, unificar criterios de protección integral de especies entre las provincias limítrofes. La Ley Provincial N† 4.830, pionera en la temática puesto que data de 1958, tiene como autoridad de aplicación la Dirección General de Ecología y Protección de la Fauna, dependiente del Ministerio de la Producción (ex-MAGIC). 18

Con la idea de permitir una caza controlada, se determinan cuales especies y la cantidad de ejemplares que se pueden capturar. Si los cálculos (provenientes de un relevamiento anual) se hicieran bien y se respetaran las leyes, cada año los cazadores matarían un número igual o inferior de animales a los que nacen de esa especie, reponiendo naturalmente los ejemplares obtenidos. En nuestra provincia, la ya mencionada Dirección General de Ecología y Protección de la Fauna determina la cantidad a cazar de presas por día y por cazador, según los departamentos en que se realice dicha actividad, los cuales van rotando todos los años. En algunos casos, está totalmente prohibida la caza o la pesca de determinadas especies (como el pacú) aunque las penalidades impuestas por nuestra legislación resultan totalmente insuficientes – en algunos casos, hasta absurdas – y no reprimen con la severidad que el caso requiere. Lamentablemente, en la realidad cada año mueren muchísimos animales silvestres y sus poblaciones disminuyen. Las leyes de fauna son violadas todos los días y en todas partes, ya sea por la alteración del espacio vital, caza deportiva o para la venta.

Párrafo aparte merece la flora, que no tiene un status de protección como la fauna. Santa Fe sólo cuenta con la Ley Provincial N† 9.004 – pionera en todo sentido – pero que entiende sobre aspectos del arbolado público, dejando sin una cobertura efectiva a los montes naturales. En dependencias gubernamentales relacionadas con la explotación del recurso forestal se encuentran normas puntuales pero, por encontrarse

dispersas, muchos (incluso quienes debieran aplicarlas) ni siquiera saben que existen. Mientras tanto, los mejores ejemplares de algarrobo son eliminados para abastecer a la industria del mueble, lo que provoca el fenómeno de erosión genética por el que disminuye la calidad de la especie al quedar sólo aquéllos ejemplares retorcidos y débiles (que generarán descendientes similares a ellos), imposibles de ser aprovechadas productivamente. En las islas del Paraná se producen acciones similares, con destino a la industria del mueble y de cajones de frutas. Pareciera que la experiencia de ver eliminados

a nuestros mejores quebrachales ha caído en saco roto y que nos hemos resignado a tener una provincia sin árboles. Estudios confiables y la simple observación demuestran que la deforestación continúa a un ritmo irracional y escalofriante mientras que, por supuesto, los subsidios para reforestación continúan brillando por su ausencia. 17-18

Protección con responsabilidad

Existen acuerdos internacionales creados para lograr una protección de las especies con la ayuda de muchas naciones. El más importante es la Convención sobre el Comercio Internacional de las Especies de Flora y Fauna Silvestres en Peligro de Extinción (CITES), actualmente apoyada por más de 115 países, y del cual participa Argentina, con la Ley N† 22.344 de Adhesión a la Convención, a través de la Dirección Nacional de Fauna y Flora Silvestres, quien debe emitir Certificados y permisos de exportación.

CITES entró en vigencia el 1 de julio de 1975, estableciendo normas estrictas para controlar el comercio internacional de plantas y animales silvestres que corren peligro de desaparecer. Esas especies están incluidas en tres (3) listas o apéndices, según el peligro que corren. A saber:

El APENDICE 1 incluye a las especies amenazadas de extinción inmediata, por lo que su comercio internacional está totalmente-prohibido.

Miembros de la fauna: aguila viuda, ballenas austral, azul y jorobada, boa de las vizcacheras, catita cabeza roja, ciervo de los pantanos, cóndor, chancho quimilero, charao, chinchillas chica y grande, chungungo, gatos andino, montés y onza, guacama-yos amarillo, verde y violácelo o azul, guazú-tí o venadillo, harpía, huemul, huillín, lobito de río, lobos gargantilla y grande de río, loro vinoso, macuco, maracaná afeitado o lomo rojo, margay, mulita orejuda, ñandú petiso, ocelote, oso de anteojos, perro vinagre, pichiciegos mayor y menor, playero esquimal, pudú, quirquincho de la Puna, suri cordillerano, tapalcuá panza clara, taruca, tatú carreta, tirica, tortugas falsa carey, laúd y verde, tuco-tuco jujeño, venado de las pampas, vicuña, yacaré overo, yacutinga, yaguareté, yaguaritica, yaguarundí y zorro pitoco.

Y en cuanto a la flora: alerce y ciprés de las Guaitecas (ambos de la Patagonia), araucaria austral, cedro de la cordillera y pino del cerro.

El APENDICE 2 incluye especies cuyo comercio internacional está regulado para evitar que corran peligro de extinción. De esa manera se pueden explotar racionalmente. Para su venta la especie debe ir acompañada de un permiso especial expedido por la autoridad CITES del país de origen del animal.

Miembros de la fauna: aguará-guazú, águilas coronada, crestuda negra, crestuda real, monera, pescadora, poma, solitaria, aguiluchos blanco, cola corta, cola rojiza, chico, gris y puna, alicucu grande, ballenas fin, minke, sei y pigmea, boas ampalagua y arco iris, caburé andino o yungueño, cachalote enano, caí, calacante frente dorada, carayá-pitá, cardenal amarillo y común, catita chirirí, cisne de cuello negro, colibrí chico, coqueta vede, curiyú, delfines común, de Risso, listado, moteado y pico largo o rotador, esparvero o azor chico, esparvero o azor grande, flamenco, franciscana, gatos huiña y de pajonal, gavilán ceni-ciento malvinero, guacamayo rojo, guanaco, halcón negro grande, lagarto overo, lechucitas canela y de Hoy o Yungueña, lechuzas estriada, negra y listada, lechuzones de campo malvinero y negruzco, lobos fino antártico, patagónico y subantártico, loros barranquero y nuca escamada, maracaná cuello dorado, maramico grande o carancho austral, martineta, mesoplodonte de Héctor, milano cabeza gris, mirikiná, ñandú, oso hormiguero, orca pigmea, parinas chica y grande, pato crestudo, pecarí de collar, perezoso, picaflores amatista, de antifaz, lazulita o cabeza azul, negro, picudo, yungueño y zafiro, pingüino del cabo, puma o león, surucuá amarillo, taguató negro, tapir o anta, tasmaceto, toninas negruzca y overa, tortugas terrestre común, terrestre chaqueña y terrestre patagónica, urucureá o lechuzón chico, urucureá grande o lechuzón mocho, yabotí, yacaré negro, yurumí, zorros colorado y gris serrano.

Y en cuanto a la flora: araucaria araucana (de la Patagonia), cactus, helecho arborescente, orquídea y tuna.

Y en el APENDICE 3 se incluyen las especies declaradas amenazadas dentro del territorio de un país determinado, pero no de otros donde también habita. Ese país pide ayuda a los demás para realizar controles.

Argentina no tiene especies incluídas en esta lista mientras que Uruguay, por ejemplo, sí. 9-25

La desprotección de todos

La riqueza y la pobreza se cruzan en esta parte de la historia, y se manifiestan como contracaras de la misma moneda: ambas demandan productos de la flora y fauna silvestre y ambas se convierten en factores depredatorios de los recursos naturales. Muchas personas de áreas rurales o marginales de las ciudades que no tienen otro medio de vida o que desean engrosar los exiguos ingresos familiares, se dedican a la caza furtiva de ejemplares vivos y muertos, convirtiéndose esto en el primer escalón de un comercio ilegal (se excluye del presente análisis a aquellos individuos que cazan por no tener otro alimento para consumir). Dentro de la vasta cadena de comercialización, que puede concluir en el negocio de la esquina o algún lejano país, el cazador se convierte en el “trabajador” peor remunerado.

La Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) ha investigado sobre el aspecto socioeconómico del tráfico de especies silves-tres, encontrando que, por ejemplo, un cuero de iguana es vendido en $4 y la curtiembre lo vende o exporta por $15 ó $30, respectivamente. Con ese cuero pueden fabricarse diversos productos, entre ellos, 2 ó 3 billeteras, 2 pares de zapatos o una cartera, que se cotizan a 30, 75 o 300 dólares en la Argentina y a 70, 150 u 800 en EE.UU. El resultado es que el cazador nunca progresa y además, lentamente y sin darse cuenta, elimina su “fuente de trabajo” porque el número de individuos de la especie depredada lógicamente disminuye, con lo que se empobrece aún más.

La recolección de especímenes para trabajos de investigación o zoológicos, es una cuestión aún no debidamente reglamentada. En el primer caso, los monos (por su relativa similitud con el ser humano) son intensamente solicitados para ser usados en “forma práctica”: se experimenta con ellos desde medicamentos hasta armas biológicas. También la flora sufre la depredación por parte de la comunidad científica de las naciones industrializadas: se buscan nuevos fármacos o bien, se forman bancos de germoplasma para eventuales usos futuros exclusivos del país investigador. Con respecto a este punto, el Convenio sobre Biodiversidad trata de establecer algunas pautas sobre la “propiedad” del patrimonio fitogenético, pero resulta muy difícil su aplicación y cumplimiento efectivos.

Los zoológicos y circos constituyen una fracción importante del comercio legal de fauna; en el primer caso, la investigación científica y la educación de la comunidad justifican, en parte, su existencia mientras que en el restante, debieran exhibirse sólo especies cuya supervivencia esté asegurada.

El mascotismo demandado por los habitantes de las grandes ciudades y exacerbado como símbolo de status y esnobismo, pretende encubrir (o disfrazar) uno de los problemas más extendidos de la sociedad actual: la soledad y la falta de comunicación y afecto, que se buscan compensar con un animal exótico, adquirido para ser mostrado, en una burda mezcla de exhibicionismo y “regreso a la naturaleza”, alentado (de manera lamentable) por algunos comunicadores sociales y empresas que lucran con ello en forma directa o indirecta.

En numerosas ocasiones observamos animales arrancados de su hábitat, agotados y estresados por un largo calvario desde su selva o monte natal, intentando sobrevivir desesperadamente en una jaula estrecha, entre cuatro paredes de un patio embaldosado o en un balcón de un edificio de departamentos. Loros, reinas moras, mulitas, monos, pumas, gatos monteses e iguanas, constituyen la nueva fauna urbana que generan, por supuesto, múltiples inconvenientes a sus dueños: ¿cómo hacer para que se calle el puma o que deje de gritar un mono cuando entra en celo?; si se enferma, ¿qué profesional se encuentra capacitado para tratarlo?.

Es verdad que las mascotas han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos pero, justamente, esos animales se han acercado y han aprendido a convivir, a respetar y a ser respetados, a dominar sus instintos ancestrales, y a aceptar el intercambio recíproco de compañía. ¿Qué pasará con estas nuevas mascotas? ¿Cuánto demorarán ellas en aprender? ¿Cuánto demorare-mos nosotros?.

Pero entonces, ¿como podemos ayudar? Por lo pronto, NO COMERCIEMOS con especies no autorizadas legalmente.

Amenazas crecientes

La contaminación ambiental, en todas sus manifestaciones, provoca grandes pérdidas de fauna y flora locales. Un ejemplo internacional complejo, detectado a través de las cadenas alimentarias, es el de las rapaces intoxicadas con biocidas clorados. Esos compuestos químicos sintéticos atacaron funciones hepáticas relacionadas con el metabolismo del calcio, lo que produjo huevos con cáscaras más delgadas, que se rompían al intentar ser empollados; luego, otras investigaciones permitieron detectar altas concentraciones letales que podrían haber influido en la causa de muerte de los individuos. Pingüinos empetrolados, aves y peces muertos, arbolado público enfermo y bosques arrasados por la lluvia ácida, son las aristas visibles de un problema latente que hace tiempo está estallando ante nosotros. 17-20

La introducción de especies exóticas causa graves perjuicios a las actividades económicas y de mantenimiento del sistema biológico: los ciervos europeos, la carpa, las ovejas, el euca-lipto, el pino y otras especies, han ocupado exitosamente los espacios y funciones específicos (denominados nichos ecológicos), de algunas especies autóctonas o bien, se han impuesto por cantidad, como en el caso de las forestaciones madereras con coníferas en Misiones.

Aunque afortunadamente no es un problema regional, cabe mencionar que los conflictos bélicos pueden provocar la desaparición de especies raras o acentuar la decadencia de otras.

INTENTOS DE PRESERVACION

A la conservación de la naturaleza se la ha considerado durante mucho tiempo como un obstáculo para el desarrollo económico, y a la degradación ecológica como el precio inevitable del “progreso”. Se ha predicado sobre la protección de los ecosistemas dentro de los límites de un parque en la presunción que los ecosistemas naturales en su exterior serían homogeneizados a voluntad. Sin embargo, tanto ecologistas como industriales, han llegado a la conclusión de que el bienestar económico y ambiental se hallan vinculados y no son opuestos, por lo que comienzan a buscar formas de combinar la producción y la protección.

Posiblemente, la sensibilidad e intuición del Perito Moreno le permitieron vislumbrar un porvenir sombrío al magnífico ambiente patagónico que se desplegaba ante su vista. Por ello, y con el serio interés de dejar al menos una muestra para las generaciones futuras, legó las tierras que se convertirían en el primer Parque Nacional argentino. Su ejemplo se multiplicó en el tiempo y nos ha permitido recibir, a fines del siglo XX, un sinnúmero de ambientes distribuídos en todo el país bajo distintas figuras legales. Aún así, no son suficientes y tampoco son la panacea: apenas un mínimo porcentaje del territorio se encuentra bajo una custodia relativa e insuficiente.

Parques Nacionales

Definidos como áreas de gran belleza natural e instituidos con el fin de preservarla, son inalienables a perpetuidad, para legarlos a las generaciones futuras en el mismo estado que hoy los disfrutamos nosotros. Revisten carácter social, cultural y científico.

Ejemplos:

* Iguazú (Misiones),

* El Palmar (Entre Ríos),

* Río Pilcomayo (Formosa),

* El Chaco (en la provincia del mismo nombre)

* Calilegua y Laguna de los Pozuelos (Jujuy)

* Baritú y El Rey (Salta),

* Lihuel Calel (La Pampa),

* Laguna Blanca, Lanín y Los Arrayanes (Neuquén),

* Nahuel Huapi (Neuquén y Río Negro),

* Lago Puelo y Los Alerces (Chubut),

* Perito Moreno y Los Glaciares (Santa Cruz) y

* Tierra del Fuego. 15

Reservas Nacionales

Son áreas de conservación ecológica, verdaderas zonas de transición respecto del Parque Nacional, que no requieren el régimen legal de éste. En ellas puede haber obras, comercios, servicios, aprovechamiento recreativo y toda actividad compatible con los preceptos de conservación.

Ejemplos:

* Lanín y Los Arrayanes (Neuquén),

* Nahuel Huapi (Neuquén y Río Negro),

* Lago Puelo y Los Alerces (Chubut),

* Perito Moreno y Los Glaciares (Santa Cruz) y

* Formosa. 15

Monumentos Naturales

Son las regiones, objetos, especies vivas de plantas o animales de interés estético o valor histórico o científico, que merecen protección absoluta y resultan inviolables. En estas áreas, las únicas actividades permitidas son las visitas explicadas, las inspecciones oficiales y las investigaciones científicas expresamente autorizadas, como por ejemplo los Bosques Petrifica-dos en Santa Cruz. 15

Reservas Naturales Estrictas

Son áreas que pertenecen en su mayor parte a las reservas custodiadas por Parques Nacionales. En octubre de 1990 el Poder Ejecutivo las elevó a esta categoría dictando normas severas de manejo, con el fin de asegurar la intangibilidad de los sistemas ecológicos, por lo que está prohibida en ellas toda “actividad” que pudiere modificar las características naturales, como el uso extractivo de recursos naturales, la introducción de flora y fauna exóticas o de animales domésticos, la caza y la pesca, los asentamientos humanos y el acceso del público en general, el tránsito de todo tipo de vehículos y el de aeronaves que operen a baja altura y la construcción de edificios o instalación de caminos.

Ejemplos:

* San Antonio (Misiones),

* El Palmar (Entre Ríos),

* Río Pilcomayo (Formosa),

* el Chaco y Colonia Benítez o Los Cardones (Chaco),

* Calilegua (Jujuy),

* Baritú y El Rey (Salta),

* Aconquija (Tucumán),

* Los Manantiales (San Juan),

* Lihuel Calel (La Pampa),

* Llanura Pampeana, Isla Trinidad y Otamendi (Buenos Aires),

* Laguna Blanca y Lanín (Neuquén),

* Nahuel Huapi (Neuquén y Río Negro),

* Lago Puelo, Los Alerces y Punta Buenos Aires (Chubut),

* Perito Moreno y Los Glaciares (Santa Cruz) y

* Tierra del Fuego. 15

La preservación de un ambiente, ya sea de manera restringida o abierta, conlleva numerosas pautas y criterios que tratan de compatibilizar las expectativas de las poblaciones afectadas y las de organizaciones ambientalistas, científicas y políticas nacionales e internacionales. El ejemplo más claro lo tenemos con los pedidos de Evaluación de Impacto Ambiental (E.I.A.) por parte del Banco Mundial (BM) o del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), antes de otorgar un crédito para la ejecución de obras públicas de magnitud; algunas veces se ha acusado al gobierno de no efectuar una correcta evaluación o bien, de distorsionar el informe aprobando el emprendimiento, aún cuando quedaran amplios márgenes de dudas sobre la consideración integral de los aspectos sociales, sanitarios, económicos y ambientales. Lo cierto es que no se han implementado los mecanismos participativos que permitan debatir, en forma concreta, las vías de solución consensuadas.

SANTA FE Y LA CONSERVACION

A pesar de no contar con parques nacionales, nuestra provincia ha encauzado su accionar en la protección de ambientes variados, bajo la denominación de Areas Naturales Protegidas, las que son definidas como “sitios que cuentan con protección legal y manejo especial y que, administrados por organismos gubernamentales (OGs) o no gubernamentales (ONGs), permiten cumplir con objetivos de conservación”.

A nivel nacional desde 1986 existe la Red Nacional de Cooperación Técnica en Areas Naturales Protegidas, y una de sus misiones más importantes consiste en vincular a las distintas jurisdicciones del país (nacionales, provinciales, municipales, privadas, etc.), permitiendo que a través de la cooperación recíproca se mejore la gestión de las áreas naturales protegidas.

Santa Fe adhirió a la mencionada Red en mayo de 1988 por decreto provincial N† 1701, y la provincia se encuentra, desde entonces, trabajando activamente en la misma. Como consecuencia, en febrero de 1991, se firmó un convenio con la Administración de Parques Nacionales, para tratar de establecer a través de la cooperación técnica y el apoyo conjunto, las acciones tendientes a preservar áreas de interés dentro del territorio provincial santafesino.

Se pretende así establecer un Sistema Provincial de Areas Naturales Protegidas el que, a su vez, formará parte (como subsistema) del Sistema Nacional de Areas Naturales Protegidas que impulsa la Red Nacional. Dichas Areas son actualmente catorce (14) y tres (3) más proyectadas a muy corto tiempo, las que se subdividen en diferentes categorías, de acuerdo con sus objetivos de conservación. 10

AREAS NATURALES PROTEGIDAS DE LA PROVINCIA DE SANTA FE
NOMBRE

CREACION
(Año)

SUPERFICIE
(en Has.)

DEPARTAMENTO
EL RICO
1968
2600
SAN GERONIMO
LA LOCA
1968
2169
VERA
CAYASTA
1970
300
GARAY
DEL MEDIO- LOS CABALLOS
1970
600
SAN JAVIER
VIRA-PITA
1979
615
GENERAL OBLIGADO
ESCUELA GRANJA ESPERANZA
1979
33
LAS COLONIAS
SAN JUSTO
1991
20
SAN JUSTO
LA SALADA
1991
200
GENERAL LOPEZ
LA NORMA
1992
6170
SAN JAVIER
LA LOMA DEL CRISTAL
1992
114
VERA
DON GUILLERMO
1992
1431
VERA
EL ESTERO
1992
4000
SAN JAVIER
BALNEARIO EL CRISTAL
1992
15
VERA
POTRERO 7-B
1992
2000
VERA

A fines de noviembre de 1995, se encontraban en proyecto a corto plazo, otras tres (3). A saber:

ISLA SAN GERONIMO (o CAMPO SALA)
9850
GENERAL OBLIGADO
PARQUE DE LOS CONSTITUYENTES
260
ROSARIO
LAGUNAS Y PALMARES
4052
VERA

En el futuro, las áreas protegidas, según su status y la dependencia institucional a la que pertenezcan, deberán ampliarse y multiplicarse, sirviendo estrictamente a los fines que establecen sus objetivos. Al respecto, entidades locales, nacionales e internacionales, han reclamado no pocas veces una mayor dedicación y control por parte de las autoridades de aplicación.

Categorización de especies

Diversos autores han intentado categorizar el grado de deterioro del patrimonio vegetal y faunístico. Justamente y debido a esta diversidad, la Dirección Nacional de Flora y Fauna Silvestre (autoridad CITES en Argentina), nos envió la siguiente información, que es la actual categorización de la Unión Mundial para la Conservación (UICN):

EXTINGUIDA (EX): Especies que no han sido localizadas en los últimos cincuenta (50) años (criterio CITES).

EN PELIGRO (E): Especies en peligro de extinción y cuya supervivencia es improbable si los factores causales continúan. Incluye aquellas cuyas poblaciones han decrecido a un nivel crítico o cuyos hábitats han sido reducidos tan drásticamente, que se estiman en peligro inmediato de extinción. También incluye a las que podrían estar extinguidas, pero que han sido vistas en los último cincuenta (50) años.

VULNERABLE (V): Especies que pueden llegar a estar “en peligro” en un futuro cercano, si no desaparecen los factores causales. Incluye aquellas en las cuales la mayoría o toda la población está decreciendo debido a sobreexplotación, destrucción extensiva de hábitat, u otras perturbaciones ambientales; especies con poblaciones que han sido seriamente deterioradas y cuya seguridad ulterior no está asegurada; y las que tienen poblaciones aún abundantes pero bajo amenaza de severos y adversos factores.

Observación: las categorías “en peligro” y “vulnerable” pueden incluir (temporariamente) especies cuyas poblaciones se están comenzando a recuperar como resultado de acciones correctivas, pero esa recuperación es insuficiente para justificar su tranferencia a otra categoría.

RARA (R): Especies con escasas poblaciones mundiales que no están actualmente “en peligro” ni “vulnerables”, pero se encuentran en el límite. Son las que se encuentran usualmente localizadas dentro de áreas geográficas o hábitats restringidos.

INDETERMINADA (I): Especies que se sabe “en peligro”, “vulnerable” o “rara”, pero de las que no hay suficiente información como para decir en cuál de las tres categorías deben estar encuadradas.

INSUFICIENTEMENTE CONOCIDA (K): Especies sospechadas pero no definidamente conocidas para pertenecer a cualquiera de las categorías anteriores, debido a falta de información.

AMENAZADA (T): Especies que están “en peligro”, “vulnerable”, “rara”, “indeterminada” o “insuficientemente conocida” y no deben ser confundidas con el uso del mismo término de la Oficina Americana de Especies En Peligro.

COMERCIALMENTE AMENAZADA (CT): Especies no amenazadas de extinción, pero sí como recurso comercial sostenible, o en eso se convertirán, a menos que se regule su explotación. Esta categoría se aplica solamente a aquellas cuyas poblaciones son supuesta y relativamente altas.

Observación: En la práctica, esta categoría sólo ha sido usada para especies marinas de importancia comercial que han sido sobreexplotadas en varios lugares. 19-27

¿EXISTE ALGUNA ESPERANZA?

Ya establecimos claramente que la diversidad biológica o biodiversidad, deteriorada a pasos agigantados, seguirá sufriendo pérdidas masivas si se mantiene el irracional ritmo actual de destrucción. ¿Hay medidas para retardar el proceso de extinción y, a largo plazo, conseguir detenerlo? La respuesta es un cauto “sí”. Igual que las naciones industrializadas, nuestro país debe ampliar sus inventarios taxonómicos y sus bibliotecas de referencia con el fin de cartografiar las especies autóctonas e identificar los puntos de conservación prioritaria. Al mismo tiempo, este proceso de conservación debe engranarse estrechamente en el progreso económico, sobre todo en los países donde la pobreza y la elevada densidad de población amenazan los últimos baluartes de territorios vírgenes. Los biólogos y los economistas se han dado cuenta ya que limitarse a acotar reservas naturales sin prestar atención a las necesidades de la población local, es solución sólo a corto plazo de la crisis de la biodiversidad.

Después de todo lo expresado, bastan un conocimiento discreto de las especies silvestres y un esfuerzo modesto para obtener, muchas veces, mayores ingresos de la recolección continuada de los productos naturales que, por ejemplo ofrece la selva antes que los recibidos de la deforestación con fines madereros y agrícolas, donde sólo se obtienen riquezas momentáneas. La ironía de deforestar montes para crear campos de cultivo o pastos para el ganado es que, pasados unos años, el suelo, pobre en nutrientes o salinizado, resulta incapaz de sustentar la actividad agrícola o ganadera que motivó su arrasamiento.

De igual modo la investigación biológica debe estar ligada a la zonificación y a la planificación regional de uso del suelo, dirigidas no sólo a conservar y promover el aprovechamiento de las especies silvestres, sino también a utilizar mejor la tierra convertida en campo y en monocultivo forestal: se evitan la nefasta “expansión de las fronteras agropecuarias”. Un uso más inteligente del suelo incluye la elección de especies comerciales bien adaptadas a las condiciones climáticas y edáficas locales, simultanear cosechas con rendimientos superiores a los de los monocultivos y practicar la rotación de cultivos en ciclos regulares. Estos métodos reducen la presión sobre la tierra de labor sin reducir su productividad global. De igual importancia son los estudios sociológicos y los programas educativos centrados en las necesidades de la gente que vive en la región.

Con algo de fe en la naturaleza humana podemos esperar que, alcanzada una calidad de vida aceptable y consciente del valor de la riqueza biológica, los seres humanos tomaremos las medidas necesarias para proteger nuestro ambiente. Este compromiso permitirá la ampliación de conocimientos y un enriquecimiento del espíritu que irá más allá de lo que ahora podemos imaginar. 17-26

* Silvia Fratoni
Profesora de Enseñanza Media en Inglés desde 1977. Directiva de la de la Asociación Santafesina de Profesores de Inglés – ASPI (1982/86). Directora de la Escuela Media N† 265 “Yapeyú” (1986/89).Coordinadora de Proyecto de Servicio a la Comunidad en la Escuela de Enseñanza Media N† 262 “República Argentina” (1990/95). Miembro del Centro de Protección a la Naturaleza (CPNat). Coordinadora de Actividades Regionales de la Fundación Proteger (1993/95). Fundadora del Departamento de Educación Ambiental del CPNat (1995). Becaria de la Subsecretaría de Cultura del Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe (1995/96). Vicedirectora de la Escuela de Enseñanza media N† 262 República Argentina (1996/97). Autora de las Fichas Temáticas Prácticas de Educación Ambiental: Agua, Aire, Biodiversidad, Energía, Forestación urbana, Los mosquitos, Proyecto Paraná Medio, Residuos sólidos urbanos y Suelo (1995/96/97). Actualmente, ejerce la docencia y es Vicedirectora de la Escuela de Enseñanza Media Nro. 262 República Argen-tina de la ciudad de Santa Fe y se desempeña en proyectos ambientales junto a Luis Carreras.
Datos personales: Belgrano 3716 – 3000 Santa Fe, Argentina.
Tel. 54-0342-4531157 – Fax 54-0342-4562609 – E-mail: cpnat@unl.edu.ar

**Luis Carreras
Ambientalista. Egresado de la Escuela Industrial Superior (UNL). Docente del Seminario de Ecología en la Escuela Superior de Servicio Social desde 1988, y de los Talleres del Bachillerato de Medio Ambiente, Calidad de Vida y Recursos Naturales del Colegio “Simón de Iriondo” desde 1992. Miembro fundador y Director Administrativo de la Fundación Proteger (1991/94). Director de la Escuela de la Naturaleza de la Fundación Proteger (1992/93). Miembro del Centro de Protección a la Naturaleza desde 1980 y fundador del Departamento de Educación Ambiental (1995). Autor de las Fichas Temáticas Prácticas de Educación Ambiental: Agua, Aire, Biodi-versidad, Energía, Forestación urbana, Los mosquitos, Proyecto Paraná Medio, Residuos sólidos urbanos y Suelo (1995/96/97). Asesor Técnico del Programa de Desarrollo Institucional Ambiental (PRODIA) durante 1999. Se desempeña en proyectos ambientales junto a la Prof. Silvia Fratoni
Datos personales: Corrientes 3835 – 3000 Santa Fe, Argentina.
Tel. 54-0342-4580738 – Fax 54-0342-4562609 – E-mail: cpnat@unl.edu.ar

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA para Contenidos

1 ATEN, JERRY: Endangered Wildlife en Earth matters, Frank Schaffer Publications, Inc., California, USA, 1994.

2 BERTONATTI, CLAUDIO y FERNANDEZ BALBOA, CARLOS: Comercio de vida silvestre: material educativo, Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) y World Wilflife Fund (WWF), 1992.

3 BERTONATTI, CLAUDIO: ¿Por qué conservar? en Abaca, M. y Vila, A., Una Invitación a la Educación Ambiental 2, Grupo Editorial Planeta Tierra, Buenos Aires, Argentina, 1992.

4 BUCHER, E., CANEVARI, P., CASTRO, G. y otros: Hidrovía: examen ambiental inicial de la vía fluvial Paraguay-Paraná, Humedales para las Américas, Manomet, Massachussetts, USA y Buenos Aires, Argentina, 1993.

5 BROWN, LESTER y otros: La situación en el mundo 1994, Worldwatch Institute, Madrid, España, 1994.

6 CAMPBELL, BECKY: Endangered animals, Frank Schaffer Publications, Inc., California, USA, 1994.

7 CAPPATO, JORGE: Fauna silvestre: el otro ecocidio en Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe, Tomo II, Capítulo de Ecología, Ed. Sudamérica, Santa Fe, Argentina, 1992.

8 CROPPER, ANGELA: A novel approach en Our Planet, the United Nations Environment Program Magazine for Sustainable Development, Volume VI, Number 4, Nairobi, Kenya, 1994.

9 CHEBEZ, JUAN CARLOS: Los que se van: especies argentinas en peligro, Ed. Albatros, Buenos Aires, Argentina, 1994.

10 DIRECCION GENERAL DE ECOLOGIA Y PROTECCION DE LA FAUNA: Areas Naturales Protegidas de la provincia de Santa Fe, Ministerio de Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio – M.A.G.I.C., Santa Fe, Argentina, 1994.

11 DURAN, D y LARA, A.: Depredación de la fauna y flora silves-tres en Convivir en la Tierra, Fundación Educambiente, Buenos Aires, Argentina, 1992.

12 EL LIBRO VERDE DE LA ARGENTINA de Colección Conozca más, Buenos Aires, Argentina, mayo de 1995.

13 KATZ, ADRIENNE: Naturewatch, Addison-Wesley Publications, Toronto, Canadá, 1994.

14 KIRWIN, JOE: Conserving biodiversity en Our Planet, the United Nations Environment Program Magazine for Sustainable Development, Volume VI, Number 4, Nairobi, Kenya, 1994.

15 LORENZINI, H., REY BALMACEDA, R. y ECHEVERRIA, M. J.: Paisajes y biomas relictuales argentinos en Geografía de la Argentina, AZ Editora, Buenos Aires, Argentina, 1994.

16 MORO, JAVIER: Senderos de libertad, Ed. Seix Barral, Barcelona, España, 1993.

17 PAGGI, JUAN CESAR: Comunicaciones personales.

18 PERTOVT, HECTOR: Comunicaciones personales.

19 RAMADORI, DANIEL, Dirección Nacional de Fauna y Flora Silvestres: Comunicaciones personales.

20 RATTRAY, GORDON: Nuevos tipos de contaminación ambiental en El juicio final, Ed. Bruguera, Barcelona, España, 1975.

21 RAVEN, PETER: Why it matters en Our Planet, the United Nations Environment Program Magazine for Sustainable Development, Volume VI, Number 4, Nairobi, Kenya, 1994.

22 Revista S.O.S. VIDA, Magazine Ecológico: Los siete temas ambientales que preocuparán al mundo, Suplemento coleccionable N† 5, Buenos Aires, Argentina, 1994.

23 RYAN, JOHN: La conservación de la diversidad biológica”, en Brown, Lester y otros: “La situación en el mundo 1992”, Instituto Worldwatch, Madrid, España, 1992.

24 SCHAFFER, FRANK: Endangered animals, Poster, California, USA, 1993.

25 SORHUET GELOS, HERNAN y otros: ¿Debemos proteger a las especies silvestres? en Propuestas ecológicas para niños, Panda Ediciones SRL. Chile, 1994.

26 WILSON, EDWARD O.: La biodiversidad, amenazada en Investigación y Ciencia, edición española de Scientific American N† 158, Noviembre de 1989.

27 WORLD CONSERVATION MONITORING CENTRE, IUCN SPECIES SURVIVAL COMMISSION and BIRDLIFE INTERNATIONAL: 1994 IUCN Red List of Threatened Animals, IUCN, Suiza, 1993.

28 WORLD WILDLIFE FUND (WWF): Si ellas mueren, podemos morir: las plantas silvestres que cuidan de nuestra salud en El Ambientalis-ta N† 54, Centro de Protección a la Naturaleza, Santa Fe, Argen-tina, octubre de 1994.

This Post Has One Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *