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Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

El Futuro de la Agricultura

por Otto T. Solbrig (*)

La agricultura y la ganaderia han sido la fuente de la riqueza y del crecimiento económico de la Argentina durante su época de oro. Aún hoy, ambos sectores son una fuente muy grande de divisas para el país y, como lo demuestra el reciente informe de la secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, contribuyen a través de los encadenamientos con la industria al desarrollo del país (elemento que habíamos señalado hace un tiempo). Existe por lo tanto la noción de que laindustria agropecuaria puede ser nuevamente el motor de la economía.

Sin dudas, la Argentina tiene grandes ventajas comparativas ensu industria agropecuaria pampeana. Tierras fértiles consideradas entre las mejores del mundo, costos de producción bajos y tecnología de avanzada, se combinan para darnos beneficios «de la tranquera para adentro.» Malos caminos, costos altos de transporte, ubicación geográfica alejada de los principales mercados y la competencia desleal de parte de los países industriales, hacen que «de la tranquera para afuera» perdamos muchas de las ventajas. Además, nuestra contribución porcentual en el mercado mundial es baja, por lo tanto somos tomadores de precios en casi todos los rubros. Estas circunstancias deberían ya ser una llamada de atención para aquellos que ven a la agricultura como la manera de salir de la crisis y crecer económicamente.

Pero hay otros factores macroecnómicos y sociales que indican que la agricultura no puede ser la tabla de salvación, a pesar de ser posiblemente el sector económico mas eficiente y tradicional del país. Para empezar, el aumento en la demanda futura de granos y de oleaginosas en el mundo depende de dos crecimientos: el demográfico y el económico.

La población mundial en los últimos 40 años se duplicó posiblemente por última vez. Todos los estudios y proyecciones demográficas indican que la tasa de crecimiento ha bajado significativamente en todo el mundo, con excepción de los países tropicales de Africa.

Se calcula que la población mundial aumentará en 1.000 ó 2.000 millones de personas entre el presente y 2030, y que para mitad del siglo XXI se estabilizará en alrededor de las 9.000 millones. Eso significa que habrá un aumento de 3.000 millones en los próximos 50 años, equivalente al de los últimos 40. La agricultura mundial tendrá que aumentar su producción por lo menos enla misma medida que en los últimos 40 años para satisfacer la demanda de la población adicional. Pero desde una base mucho mayor.

Otra fuente de demanda se deberá al crecimiento económico, lo que llevará a un aumento en el consumo. Los cálculos optimistas prevén un crecimiento del 3% anual en la economía mundial en la primera mitad del siglo que comienza. Pero la elasticidad de los productos agrícolas es de alrededor de 0,2, de manera que sólo podemos esperar un aumento en la demanda de 0,5% debido al crecimiento económico.

La producción mundial aumentó entre 1961 y 1997 en 117%.

FAO calcula que en los próximos 50 años el aumento en la demanda de alimentos será sólo del 57% de la producción mundial actual. Para América Latina se proyecta un crecimiento de alrededor de 1,7% anual. Aún si nuestra agricultura podría crecer a una tasa mayor que el promedio de América Latina, estaríamos hablando de un crecimiento entre 2-3% anual, disminuyendo con el tiempo. Está claro que si el país espera crecer a tasas mayores al 5% anual, no puede esperar que la industria agropecuaria sea el principal polo de crecimiento.

Vivimos en un mundo que rápidamente esta abandonando la era industrial y sus industrias manufactureras tradicionales. En el nuevo mundo post-industrial, la economía crece al aplicar el conocimiento en nuevas áreas como la electrónica, la medicina y la biotecnología.

Para crecer en este nuevo mundo de servicios se requiere una población bien educada y una sociedad en que se estimula y recompensa la imaginación. Nuestro país siempre ha tenido una población educada y se ha premiado su iniciativa y empuje.

El crecimiento espectacular de principios de siglo se debió no sólo a la riqueza innata de la pampa, sino también y en mayor grado a las medidas tomadas por Avellaneda y Sarmiento para combatir la ignorancia y la barbarie educando al pueblo. La universidad argentina hasta hace no tanto estaba a la vanguardia en el subcontinente, como lo atestiguan nuestros tres premios Nobel en ciencia y un número enorme de distinciones a nuestros científicos.

El reto está en combinar las ventajas comparativas de la pampa con el nuevo mundo del conocimiento. La solución está en desarrollar una industria biotecnológica fuerte. Para ello necesitamos fortalecer las universidades e institutos de investigación estatales y privadas.

Alemania Oriental nos da un ejemplo, algo perverso, pero ejemplo al fin. Durante la era comunista se permitió el desarrollo de una industria terriblemente contaminante, una verdadera vergüenza internacional. De las cenizas de ese desastre, los alemanes desarrollaron una nueva industria de la descontaminación, que primero usaron para limpiar su medio ambiente y luego vendieron al resto del mundo.

De la misma forma, deberíamos desarrollar una industria biotecnológica agrícola que no sólo produjera nuevas variedades mas rendidoras, sino también otras adaptadas a zonas secas, a zonas degradadas, con nuevos características alimenticias, y con miras a aquellas partes del tercer mundo que hoy están creciendo económicamente pero que tienen una herencia de suelos degradados y problemas alimenticios. Yno sólo en biotecnología.

También en nuevos tipos de manejo. El enorme desarrollo de la siembra directa en la Argentina, impulsado por los mismos agricultores, es un ejemplo de un nuevo método de cultivar que es más económico y mucho menos degradante que la siembra convencional. Hoy en día, se pueden desarrollar procesos y exportarlos. Sólo de esta manera combinaremos nuestras ventajas comparativas: la pampa pródiga y una población bien preparada.

 

(*) Investigador argentino de la Universidad de Harvard, Premio Internacional de Biología 1998.

 

© ecología & negocios- Septiembre 2000

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