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La crisis «ecológica»de las vacas locas

Por: Gustavo Fernández Protomastro*

Las buenas intenciones no siempre conducen al cielo. El infierno político e institucional desatado en Europa por el mal de las «vacas locas promete ser uno de los pivotes sobre el cual girarán las próximas elecciones nacionales de Francia, Alemania y España. Los ingleses ya pasaron por este calvario sanitario y ambiental, que significó el fin del tachterismo y del Primer Ministro John Mayor. Además, esta crisis será de una excelente oportunidad para países como la Argentina para mejorar sus exportaciones, tanto a través de una suba en la cotización de sus granos y harinas proteicas vegetales como en la revalorización de su carne, alimentada principalmente con pastos y, en algunos casos, terminada con granos o subproductos vegetales (el uso de harinas cárnicas está prohibido).

En la UE, la buena intención «ecológica»que desató la epidemia de las vacas locas tiene que vercon el reciclado de las millones de toneladas de subproductos que cada año genera la industria de la carne comunitaria, convirtiéndolos en harinas proteicas o piensos. Ese reciclaje de vísceras, sangre, médulas, huesos y otros desechos, puso a disposición de los ganaderos una oferta de alimentos baratos que alteró completamente las dietas de ganado bovino europeo. Estas harinas de origen animal le permitieron a los ganaderos comunitarios competir con los sistemas de producción de gran escala y sustentados en esquemas pastoriles o de engorde con granos y harinas vegetales desarrollados en los EEUU, Australia, Brasil y la Argentina.

Sin embargo, hace tiempo que se sabe que no todos los riesgos sanitarios o ambientales saltan a primera vista. Es por esto queno se entiende como las autoridades comunitarias, tan celosas del principio de la precaución -usado para detener el avance de los cultivos transgénicos y las hormonas de crecimiento bovino-, hubiesen tolerado el uso de estas harinas durante los últimos 15 años, luego de que la ciencia concluyese que existía una correlación entre el mal de las vacas locas, o encefalopatía espongiforme bovina (BSE) y la enfermedad humana de Creutzfeldt Jacob.

Desde mediados de los ’80, la cantidad de muertes supera alos 80 individuos y varias decenas de miles de vacas sacrificadas. Se espera una muerte mensual por contagio humano de C-J durante los próximos 10 años. La presión de la industria de piensos de origen animal y de los ganaderos europeos llevóa las autoridades a hacer «la vista gorda» en lo referente a seguridad alimentaria. A pesar de la evidencia científicaconcluyente contra el uso de los derivados cárnicos, Europa prefirió emprender una lucha quijotesca contra los «molinosde vientos» de los alimentos trangénicos esperando encontrar lo que no pudo hallar, esto es, el riesgo para el consumidor que sí conllevaba la carne proveniente de ganado con BSE.

Ventajas y riesgos de las harinas animales

Los piensos elaborados con los subproductos de la faena devacas, ovejas, cerdos, aves y peces corren con la ventaja de lograr una mayor conversión que los de origen vegetal, al ofrecer una mayor cantidad de proteínas o microelementos asimilables. Esto significa que, para lograr un kilo de carne o litro de lecheel bovino debe ingerir menos kilos de harinas animales que deharinas de soja y, muchos menos aún, si se los comparacon una ración de pastos. Entonces la eficiencia del procesode engorde es mayor con las harinas animales. A esto se le suma el hecho que los gobiernos financian el reciclado de los subproductos de los mataderos (para no tener que incinerarlos o depositarlosen vertederos de basura), con lo cual se logra un precio muy competitivo por unidad de alimento.

Pero, no todo lo que reluce es oro. La evidencia científica sobre la relación entre el mal de las vacas locas (BSE)y la enfermedad de C-J llevó ahora a la Unión Europea a tomar una decisión: quedará prohibido temporalmente el uso de las harinas cárnicas para todos los animales, con fecha de arranque el 1 de enero próximo. Las medidas, que buscan restablecer la confianza del consumidor y equilibrar un mercado sacudido por la caída de ventas, pasa por imponer el test de la enfermedad a todas las vacas de más de 30 meses. El plan también incluye la suspensión durante seis meses de la utilización de harinas animales en la alimentación de cualquier especie. La tercera medida suponela inclusión de los intestinos de los rumiantes de cualquier edad en la lista de despojos que deben ser obligatoriamente destruidos.

El coste de este plan superará en la UE los 4.500 millones de dólares. Dentro de unas semanas, probablemente a partir de enero, el consumidor europeo podrá tener la certeza de que la carne de vaca que pone en su mesa estará libre del prión (partícula proteica que provoca la BSE: será de un animal de menos de 30 meses o será unares adulta que ha superado la prueba de control de la enfermedad. Cada año se sacrifican en Europa entre siete y ocho millones de reses de más de 30 meses. Asimismo, ningún animal europeo, rumiante o no, podrá ser alimentado con harinas cárnicas. Esta medida tendrá una duración de seis meses y luego se revisará.

Las reses menores de 30 meses (20 millones son sacrificadas anualmente en Europa) se considera que no son capaces de transmitirla enfermedad. Además, los test disponibles, fabricados en Suiza, Irlanda y Francia, no tienen sensibilidad suficiente para detectar el prión en las mínimas concentraciones en que se pueda presentar en las terneras. Para el comisario deSalud y Protección del Consumidor, David Byrne, «el límite propuesto de 30 meses ofrece un amplio margen deseguridad porque no ha habido casos de vacas atacadas por la enfermedadmenores de tres años (36 meses)». Los últimos casos detectados en Alemania, Francia y España son en reses que superan los cinco años de edad. Italia, sin embargo, ha extendido las pruebas a las vacas mayores de 20 meses.

Por otro lado, se decidió ampliar la lista de los llamados materiales específicos de riesgo (que deben destruirse) añadiendo los intestinos bovinos de cualquier edad. Desdeel 1 de octubre pasado esta lista era la siguiente: el cráneo (incluyendo sesos y ojos), los tendones, la médula espinal y el íleon de las vacas mayores de un año y el bazo de las ovejas y cabras de todas las edades. En el Reino Unido y Portugal la lista de estos materiales es más amplia. Incluye la columna vertebral de la vaca mayor de 30 meses y los intestinos a partir de seis meses.

Los costos de las vacas locas

La enfermedad de las vacas locas pasará una factura superior a los 4.500 millones de dólares. Una buena parte de este dinero se destinará a responder a la caídaen el consumo de la Unión Europea, mayor que el que sedes encadenó en 1996, tras el descubrimiento de la transmisión de la enfermedad a las personas. La Comisión Europea estimaque el coste de su propuesta para sufragar el sacrificio y exclusión de la cadena alimentaria humana de todos los bovinos mayores de30 meses que no sean sometidos a las pruebas de detecciónde la EEB (básicamente porque no tengan mercado) superarálos 800 millones de dólares

El cálculo se ha realizado a partir de la experiencia obtenida en la crisis del Reino Unido de 1996. Siguiendo este ejemplo, Bruselas estima que el 10% del mercado de la carne de vacuno será imposible de vender, lo que equivale a 625.000 toneladas (23.300 millones cada 100.000 toneladas). La UE financiará con fondos comunitarios el 70% del valor de las reses afectadas y el 30% restante lo pagará el Estado miembro, que sufragará el coste de eliminación de la canal. La factura para el presupuesto comunitario incluirá el coste de la eliminación de la canal (res muerta y abierta, sin las tripas) y la compensación al ganadero.

El mal de las vacas locas deja, pues, un enorme dañoa la imagen global de la carne bovina y un enorme costo para la UE. Gran parte de los subproductos ganaderos deberán ser incinerados o utilizados en la producción de abonos, aligual que su purines o excrementos de los criaderos. El desafío sanitario y ambiental de la ganadería europea para seguir existiendo es enorme, pero no le quedan más alternativas que anteponer los derechos que tienen sus ciudadanos por alimentos seguros y un medio ambiente sano. Entrar en una carrera alocada por competir en precios de producción de países como Argentina o Australia, que cuentan con ventajas comparativas enormes, indujo a errores que originaron el mal de las vacas locas.

El control del riesgo alimentario no tiene otro sustento quela prevención y la precaución en origen, así como el control a lo largo de toda la cadena, de todo aquelloque llevamos a nuestros estómagos. Por otro lado, el reciclaje de subproductos deben evaluar los riesgos potenciales que puedan generar. Hay algo evidente: el riesgo cero no existe, pero sepuede tender, utilizando toda la tecnología hoy disponible para muestreos y estudios de impacto sanitario/ambiental, a garantizarla inocuidad de los alimentos.

España, 7 de diciembre de 2000

* Licenciado en Biología/MBA. Actualmente residenteen España realizando un Master en Ingeniería y Gestión Ambiental en la Universidad Politécnica de Catalunya.

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