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Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

La Cuestión Ambiental

Aunque son muy pocos los que mencionan al ambiente como uno de los principales problemas del país, las encuestas demuestran un grado de preocupación

Por María Braun*

Qué lugar ocupa el medio ambiente en la opinión pública argentina? ¿Estamos frente a ciudadanos legítimamente preocupados por aquello que los rodea, dispuestos a asumir determinados comportamientos -aun cuando estos puedan tener cierto costo- y predispuestos, al mismo tiempo, a exigir de las élites políticas y económicas un comportamiento responsable?

A menos que, en medio de un tórrido verano como el que acaba de aquejarnos, limitemos el concepto de medio ambiente a la temperatura o a la sensación térmica, el medio ambiente no está hoy en la agenda de los argentinos. Y no lo está no porque la situación actual no preocupe o el futuro no atemorice, sino simplemente porque es relegado en función de cuestiones mucho más urgentes y cercanas. En efecto, puestos a optar entre cuestiones como el desempleo, la inseguridad o la educación, son muy pocos los argentinos que mencionan al medio ambiente como uno de los principales problemas del país.

¿Significa esto que hay poca conciencia ambiental, que éste es un tema que preocupa sólo a los ciudadanos de los países del primer mundo y no a los argentinos? No es esto en modo alguno lo que demuestran los datos de las encuestas. De hecho, la evaluación de la calidad del medio ambiente es hoy mucho peor en la Argentina que en países como Francia, Gran Bretaña y Alemania, y la gran mayoría de las personas están seriamente preocupadas por el daño que la contaminación ambiental pueda causar sobre la salud de estas y de futuras generaciones -preocupación que, por otro lado, ha tendido a crecer en los últimos años-. Más aún, la mayoría de la población es capaz de identificar los principales responsables del daño al medio ambiente y de adjudicar responsabilidades. Así -siempre de acuerdo con datos extraídos de encuestas recientes-, empresas e industrias merecen juicios bien severos cuando su actividad es percibida como teniendo un impacto negativo sobre el medio ambiente. Y los gobiernos -principalmente el gobierno nacional- no sólo son muy mal evaluados en su desempeño, sino que también son señalados como los principales responsables de la regulación y el cuidado del medio ambiente.

En paralelo con ello, la sociedad reconoce también sus culpas y está lejos de autoabsolverse. «Todos somos un poco culpables», dicen a veces los entrevistados-. Y más allá del «deber ser» que pueda estar presente en sus respuestas, un porcentaje significativo dice también que debería darse prioridad a la protección del medio ambiente, aun con el riesgo de retrasar el desarrollo económico.

En este contexto, el desafío de las élites políticas y económicas es grande pero viable. Y esto, por varias razones. En primer lugar, porque no hacerse cargo del problema significa ser culpabilizadas por una opinión pública que discrimina claramente los niveles de responsabilidad de los distintos actores sociales. En segundo lugar, porque si bien problemas más angustiantes hacen que la opinión pública relegue el tema del medio ambiente, existe una percepción de que la degradación ambiental es cada vez mayor, y esto es vivido cada vez más como una amenaza. Y, por último, porque todo indica que hacerse cargo de este desafío contaría con el apoyo de una sociedad que muestra una predisposición favorable a participar en acciones que tengan por finalidad un impacto positivo en la preservación y el cuidado del medio ambiente.

* Socióloga de la UBA. Presidente de MORI Argentina.

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