skip to Main Content
Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

De los Subsidios a las Buenas Prácticas Agrícolas

Por: Gustavo Fernández Protomastro*

Para comprender al sector agropecuario de los paísesque integran la Unión Europea hay que asumir una realidad:el agro comunitario no está sometido a la «mano oculta»del mercado y, en consecuencia, la economía de los productoresno responde en su totalidad a las leyes de la oferta, demandao de la libre competencia. Más bien, está fuertementecondicionada por las directivas, normas y cuotas que fija la PolíticaAgrícola Común (PAC), que maneja cerca del 50 %del presupuesto de la UE, esto es, más de 70.000 millonesde dólares que cada año se destinan a subsidiara los campesinos comunitarios, sean o no rentables.

La premisa ha sido sacrificar eficiencia, escala y competividadeconómica en el sector agropecuario en pos de preservarsus funciones culturales, sociales, paisajísticas y ambientales.Sin embargo, no hay subsidio que dure 100 años. A partirde la nueva PAC, la UE tomó la decisión de recortarprogresivamente los subsidios agrícolas. Ello no significael fin de los aportes que reciben los productores, ya que se handesarrollado nuevas políticas para mantener el flujo definanciamiento para sostener la denominada «funcionalidadambiental/paisajística de los establecimientos agropecuarios».

Los burócratas de la UE no quieren subsidiar excesosde producción que mantengan los mercados de commoditiesdeprimidos y que, además, prolonguen sus disputas comercialescon Estados Unidos y Argentina. Pero, no está dispuestaa que los recortes del PAC sean motivo de degradación ambientalo afecten al bucólico paisaje de la campiña comunitaria.La solución de compromiso radica en premiar con fondosambientales a los productores europeos que cumplan con una seriede normas conocidas como «Buenas Prácticas Agrícolas»,o BPAs, que se exigen para la totalidad de la explotación.Estas normas son de obligado cumplimiento también parapercibir las Indemnizaciones de Zonas Desfavorecidas y de Montaña.

Entre las denominadas Buenas Prácticas Agrícolasse destacan:

No quemar los rastrojos,

Usar una labranza que respete las curvas de nivel y minimicela erosión,

Cumplir la normativa sobre modernización de la maquinariaagrícola,

No aplicar estiércol y purines en terrenos encharcadoso con nieve,

Retiradar plásticos y otros residuos de la producción,

Utilizar productos fitosanitarios autorizados y gestionar adecuadamentelos envases,

Cumplir la Directiva Comunitaria IPPC (Prevención yControl Integrados de la Contaminación, según latraducción al español).

Permisos ambientales para producir

Sin lugar a dudas, la Directiva IPPC (96/61/CE), o de Prevencióny Control Integrada de la Contaminación, es uno de losmayores desafíos para los productores agropecuarios dela Unión Europea. Según esta directiva, todas lasactividades susceptibles de generar impacto ambiental deben sersometidos a un sistema de autorizaciones y licencias ambientales.«Se establecen medidas para evitar o, cuando ello no seaposible, reducir las emisiones de las actividades en la atmósfera,el agua y el suelo, incluidas las medidas relacionadas con losresiduos, con el fin de alcanzar un nivel elevado de protecciónambiental».

Esto quiere decir que a cada establecimiento agropecuario,a partir de cierta envergadura mínima, le será requeridoun Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para recibir su licenciao autorización ambiental. Esos EIA deben especificar unadescripción que incluya, entre otros datos, el tipo deinstalación y alcance de sus actividades; el estado dellugar del establecimiento; tipo y magnitud de emisiones; tecnologíaprevista para la producción; medidas relativas a la prevencióny valorización de los residuos generados, y medidas parala prevención de daños ambientales. Además,se exige el uso de las mejores técnicas disponibles y unarevisión y actualización continua de los permisos.

Para el productor argentino o brasileño, estas exigenciasambientales resultarían tediosas, costosas y, quizás,inexplicables. Sin embargo, en la UE el campo no sólo cumplefunciones de producir alimentos seguros y baratos. Es, además,la reserva de la cultura, del paisaje, de los ecosistemas sensiblesy, ante todo, de la comunidad rural. Y si el economía globaly países como Argentina o Estados Unidos no toleran ahoraque Europa siga subsidiando a los commodities, esa comunidad rural,y su entorno, no serán «el pato de la boda».De ahí a la solución de compromiso: dejar de subsidiarlos precios sostén para la producción de granos,carnes y leches; pero sin perjudicar el nivel de vida de los productores,su cultura, sus paisajes y sus funciones de protecciónambiental.

Política de la zanahoria y el garrote

Este nuevo escenario (reducción de subsidios y mayorpreocupación ambiental) son los impulsores de una nuevapolítica para el agro conocida como de la «zanahoriay el garrote». La zanahoria, será el financiamientopara los productores que cumplan con las BPAs y el garrote paraquienes degraden o contaminen al medio ambiente. Por ahora, el20% de las tierras agrícolas europeas ya han sido incorporadosal cumplimiento de estas BPAs. Pueden distinguirse tres gruposde Estados miembros: los que arrojan un elevado índicede incorporación de las BPAs, que cubre entre un 40% yun 80% de la superficie agrícola útil (SAU), ungrupo medio, con aproximadamente un 20% de la SAU (la media dela UE), y un grupo que presenta un índice de utilizaciónmuy bajo inferior al 10%.

Para los políticos de la UE, las BPAs son necesarias«porque el mercado es incapaz de prever los efectos dela agricultura sobre el medio ambiente. En la práctica,no es posible dar una definición exacta y aplicable universalmentede los beneficios (o daños) al medio ambiente, de maneraque la política debe proporcionar los instrumentos correctosy que correspondan a la voluntad de la sociedad de pagar por obtenerestos beneficios».

Las partidas de capital destinadas a las BPAs seránclasificadas en la contabilidad como inversiones agrícolas.El sistema fija importes máximos cofinanciables (siempreel productor deben poner de sus bolsillos para cumplir con lasBPAs). Los fondos pueden destinarse a financiar las Evaluacionesde Impacto Ambiental para obtener los permisos, la incorporaciónde las mejores tecnologías disponibles, la gestiónde los residuos (estiércol, purines, efluentes de tambos,etc.), uso de tecnologías renovables, conservaciónde áreas dentro de la propiedad (bosques, arroyos, caseríos,etc.) y manejo de las curvas de nivel o de los sistemas de riego.

En particular, el enfoque paisajístico apunta a mantenerlas tradiciones de cada nación, así como dar prioridada la mano de obra local. Se incluyen en estas políticasdar prioridad al uso de razas de ganado y variedades vegetalesautóctonas (aunque de menor rendimiento, como vacas lecherasalpinas frente a la Holstein); incorporación en los programasde conservación de la biodiversidad o de descanso a pequeñasexplotaciones forestales, monte bajo y sistemas de pastoreo; y,asimismo, promover la conservación de cercas, cortinasforestales, canales, viviendas o restos arqueológicos presentesen los predios que adopten las BPAs.

Los programas arrojan unos resultados globalmente positivosy demuestran que de ellos se deriva una acumulación deimportantes ventajas medioambientales. En particular, cabe señalarlo siguiente: muchos de los programas, a gran escala, destinadosa limitar la utilización de insumos tienen como resultadouna importante reducción de la utilización de abonosen base a nitrógeno y el uso de técnicas de aplicaciónmás adecuadas que contribuyen a reducir la aportaciónde nitrógeno.

Existen pruebas fidedignas de que se desarrollan actividadespositivas para la protección de la naturaleza, como consecuenciade la relación simbiótica existente entre la biodiversidadeuropea y la agricultura de la que depende. Los programas destinadosa mantener y mejorar las características del paisaje hanarrojado resultados positivos a la hora de mantener determinadoselementos que han dejado de ser relevantes para la producciónagrícola. Se registra un aumento del empleo en algunoscasos, como por ejemplo en caso de que se sustituya una actividadque requiere poca mano de obra por una gestión medioambientalque requiera una mano de obra importante.

Los efectos sobre los ingresos han sido importantes en el casode los agricultores de zonas marginales en las que es necesariomantener la actividad agrícola para conseguir beneficiosmedioambientales. En cambio, dichos efectos son relativamenteirrelevantes en las zonas más rentables explotadas de formaintensiva. La aplicación de los BPAs ha tenido como consecuenciaun cambio de actitud, tanto en el caso de los agricultores comodel público en general, al conseguir un mayor concienciación,en términos generales; la agricultura se considera cadavez más, no ya como una actividad incompatible con la conservacióndel medio ambiente, cuyo ámbito debe reducirse, sino comoun elemento fundamental de la solución del problema.

Para los productores agropecuarios de Estados Unidos o delMercosur, las BPAs son hoy un dilema, ya que implicaríanun pérdida de competitividad, al tener que internalizarlos costes ambientales a la producción. En la medida quela Unión Europea se extienda a 30 países, con laincorporación de la Europa del Este, estos nuevos normasde producción sostenible pueden devenir en estándaresinternacionales. Con ello, todos los países que deseenintervenir en el comercio internacional de alimentos o fibrasdeberán estar dispuestos a minimizar los impactos ambientalesde la producción. El debate está abierto.

España, 27 de diciembre de 2000

* Licenciado en Biología/MBA. Actualmente residenteen España realizando un Master en Ingeniería y
Gestión Ambiental en la Universidad Politécnica de Catalunya.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top