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Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

El Precio del Aire: ¿Quién pagará la fiesta?

Si el gran juego de la política internacional es cada vez más parecido a un ajedrez con una sucesión de partidas simultáneas, los Estados Unidos acaban de demostrar en el tablero de la Cuarta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de la Organización de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP IV), que dominan una de las reglas base del juego ciencia: aquella que establece la conveniencia de controlar los casilleros estratégicos, sin necesidad de ocuparlos constantemente.

Conviene primero trazar un inventario de las prioridades que los grandes jugadores traían a Buenos Aires y cómo sedes envolvieron las dos semanas de deliberaciones, para entender finalmente cómo han quedado ubicadas las piezas en el tablero global después de la COP IV.

Antes que las agujas del reloj volvieran a juntarse nuevamente, la CNN trazó una estupenda metáfora de los dos grandes temas que ocupan el centro de la atención del Departamento de Estado. Y ambas cuestiones tienen un común denominador: el petróleo. Mientras en uno de los monitores ubicado en el box que la cadena norteamericana ocupaba en la COP IV, se observaban los aprestos militares en torno a la zona del Golfo, otra pantalla seguía nerviosamente el pulso de un desierto menos familiar para los televidentes: el recinto del Plenario de la Convención de Cambio Climático.

Como dicen los viejos cronistas parlamentarios, el partido se estaba jugando en otro lado. Sin cámaras, ni siquiera las de Ted Turner; con celulares apagados y las laptop conectadas a la red del sistema de información de la Convención, los países Anexo I (el selecto club de los desarrollados) y los No Anexo I (las naciones en desarrollo, China y los países que pertenecieran al bloque soviético), principales actores de este juego, se zambulleron en el último tramo de las negociaciones desde una plataforma de intereses, realidades yexpectativas poco diferentes a las que habían colocado en sus valijas en el camino de ida.

El bloque de los 77 más China no se fracturó, la promocionada tercera vía europea no apareció en el escenario ambiental como se pensaba y los países de las Américas, siguieron mostrando lo que cuesta abandonar el «divide y reinarás» que la impronta inglesa dejó por estas playas. Ni el Nafta ni el Mercosur trasladaron hacia las negociaciones una homogeneidad de posturas.

¿Dónde estuvieron entonces las novedades? Para acercarse a esta respuesta, bien vale trazar un panorama de las expectativas que cada sector traía a la COP IV. La Unión Europea, por ejemplo, sigue observando con extrema cautela los tres grandes mecanismos que se dispararon en Kyoto: los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), los proyectos de Implementación Conjunta (IC) y el comercio internacional de permisos de emisión. Estas tres variables tienen un sesgo de indudable impacto económico y financiero y las economías europeas -principalmente Alemania- quieren achatar el extremo de la pirámide productiva del Grupo de los 7. En ese escenario la pelota va al campo de la economía estadounidense, el mayor emisor de gases de efecto invernadero.

Pero ocurre que el segundo en ese incómodo ranking es China, y es allí donde la estrategia norteamericana sigue golpeando y tratando de torcer el brazo de los países en desarrollo, en el sentido de que adopten los ya conocidos compromisos voluntarios de estabilización de emisiones. La lectura de este último dato es crucial dado que, para economías en crecimiento, estabilizar emisiones de gases es en la práctica reducirlos.Vaya si lo saben los chinos, que al ritmo actual de su producción industrial -movida fundamentalmente a carbón- serán los máximos contaminadores durante las primeras décadas de un nuevo siglo, que está a la vuelta de la esquina. 
Pero los grandes ajedrecistas saben jugar simultáneas. Estados Unidos endureció la posición en la COP IV y, paralelamente, abrió la ventanilla del Banco Mundial, para dar el puntapié inicial en la reconversión del obsoleto parque energético chino. Por eso, y a riesgo de quedar afuera de sus interpretaciones habituales, las grandes ONG’s internacionales, como Greenpeace y la WWF, seguían con un ojo las deliberaciones del Plenario y con el otro las negociaciones económicas, que no deben necesariamente coincidir en sus tiempos.

El estiramiento casi oriental de los plazos que el Departamento de Estado se tomó para que Bill Clinton estampara su firma en el Protocolo de Kyoto (eligiendo a New York como lugar para su mise en scene), no responde a las mismas urgencias con lasque actúan los brokers de Wall Street o el poderoso gigante automotriz de Detroit. Según un alto funcionario de la misión norteamericana a la COP IV, «el rol de nuestra diplomacia es el de un amortiguador, que se contrae y se estira todo lo que demanden las circunstancias».

Los márgenes se reducen en la actividad privada y aquí el camino de la competitividad es tan duro como exigente. Las automotrices, las petroleras y el poderoso sector agrícola de Estados Unidos, no adoptarán mecanismos de desarrollo limpio por amor al aire puro. Lo harán si esto representa una ventaja para seguir reinando en los mercados. Para algunos sectores de la industria de Estados Unidos, los esfuerzos se concentran en demostrar la falibilidad de los pronósticos formulados por los expertos climáticos de Naciones Unidas. «Para que un tratado internacional sobre el clima comience a tener sentido, la evidencia científica de una catástrofe de invernadero tendría que ser clara y precisa, la necesidad de intervención del gobierno tendría que ser urgente y la solución propuesta (el control global en el uso de energía) tendría que ser factible. Ninguna de estas suposiciones podría sobrevivir un cándido escrutinio. Los satélites y globos de sonda, muestran que la atmósfera ha experimentado un leve enfriamiento sobre los pasados 18 años», afirma Marlo Lewis Jr, vicepresidente del Competitive Enterprise Institute de Estados Unidos.

En realidad la lectura más lúcida que puede trazarse sobre esta agresiva postura de un importante sector de Estados Unidos, fue adelantada hace un año atrás por Thomás Gladwin, investigador y docente de la Universidad de Nueva York, quien advirtió que «para el pueblo norteamericano no existen cuestiones que la ciencia y la tecnología no puedan solucionar. El razonamiento es sencillo, los mismos instrumentos que sirvieron para crear condiciones críticas de relación con la naturaleza, pueden revertirse en términos de tecnologías amigables para el ambiente. Es obvio que no es así, pero el común de los ciudadanos de mi país no parece estar dispuesto a ceder confort a cambio de un aire más limpio. No por ahora.» Dan Reicher, secretario adjunto de Recursos Energéticos de Estados Unidos, afirma que «un estudio reciente realizado por cinco laboratorios nacionales, señala que existen grandes oportunidades de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero si se mejora la eficiencia energética y se aumenta el aprovechamiento de las fuentes de energía renovable. El viento, las células fotovoltaicas, la energía termo solar, la energía geotérmica, la fuerza hidroeléctrica y la biomasa, proveen energía limpia sin tener que depender de fuentes tradicionales como el carbón y el petróleo».

La Unión Europea ve en esto la oportunidad histórica de descontar distancias respecto a su gran competidor americano; para los chinos y árabes, es también una gran ocasión para erigirse en árbitros y obtener mejores condiciones financieras, en un caso, y políticas para reconvertirse, en el otro. Pero todos, absolutamente todos los jugadores de estapartida, saben que lo tienen que hacer. «Sólo dos certezas tenemos hacia los próximos 100 años: que nosotros no estaremos y el petróleo tampoco», reflexiona uno de los negociadores chinos en un inglés tan lento comola calma que se dibuja en su rostro.

LA LETRA CHICA

Ante tamaño cruce de intereses, el objetivo de la COP IV estaba bien acotado y era el de comenzar a traducir, en términos de acuerdos básicos, las buenas voluntades expresadas en el Protocolo de Kyoto. La tarea puede parecer sencilla pero la realidad demuestra lo contrario. Para Michael Zammit Cutajar, secretario ejecutivo de la Convención, «el impacto económico del cambio climático en sí mismo varía muchísimo, según las economías de los distintos países. Hay algunos como Australia, Noruega o Rusia, que se sienten amenazados en su vida económica, por la perspectiva de que hay un movimiento hacia una economía global donde la energía se use de una manera más eficiente. Los países exportadores de recursos energéticos, como petróleo, carbón y gas, en general son países en desarrollo. Particularmente los que pertenecen a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), tienen una postura muy crítica en estas cuestiones».

El mismo Zammit Cutajar advierte además sobre aquellas miradas simplistas que pretenden reducir las negociaciones de cambio climático, sólo al conflicto norte-sur: «En lo político se observa que además de las relacionesentre el norte y el sur, también hay un eje norte-norte. En términos generales, la posición de la Unión Europea es contraria a la de otros países industrializados que no pertenecen a ella, como Estados Unidos, Japón, Canadá y Australia». Pero aún subsisten mecanismos que odiosamente efectuan un corte norte-sur a las relaciones económicas entre los países.

La Agencia Internacional de Energía (AIE), presentó un trabajo titulado «Perspectivas de la Energía Mundial», en el cual se realiza un preocupante diagnóstico sobre el consumo de combustibles fósiles durante los próximos años, lo que evidencia una acentuación de las tendencias actuales de generación energética, lejos de las necesidades manifestadas por los especialistas del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, quienes recomiendan la desaceleración de estas prácticas y la adopción de un mix tecnológico que paulatinamene sustituya a los actuales procedimientos. El organismo funciona dentro de la Organizacióon para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) y al ser consultado su director ejecutivo Robert Priddle, sobre la posibilidad de que la Agencia asesor al gobierno local respecto a la instrumentación de medidas que impulsen una generación de energía menos contaminante, Priddle manifestó que «no asesoramos a países que no son miembros de la Agencia».

De todas maneras los organismos internacionales de cooperación asumen que buena parte del futuro les espera en el sur. En su primera asamblea, celebrada en abril de este año en Nueva Delhi, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por Global Environment Facility), mecanismo financiero oficial de la Convención de Cambio Climático, dispuso enviar una señal hacia los países en desarrollo, al designar al frente de su Comité Científico a Madhav Gadgil, un reconocido investigador indio del Instituto de Ciencia de Bangalore. Este comité es estratégico en el manejo del mayor insumo crítico que precisa el GEF: la información.

Otro acto aperturista, lo viene protagonzando la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), a cuyo frente se encuentra el argentino Carlos Magariños. ONUDI ha impreso un nuevo rumbo a su actividad de asesoramiento como soporte concreto hacia el sector de las pequeñas ymedianas industrias, brindando instrumental para que los países instalen Centros Nacionales de Tecnologías Limpias, CNTL. Según el propio Magariños,»Argentina está en condiciones de tener su Centro Nacional de Tecnología Limpia, estamos procesando información que hemos recibido del sector privado. En Brasil ya está funcionando uno y dado el tamaño de esa economía bien podría instalarse otro. Estos centros son vitales para asegurar el despegue científico y tecnológico que dispare mecanismos de desarrollo limpio en el sector industrial. La función de ONUDI es la de ser el organismo de asistencia técnica más apto, al que recurran los sectores productivos y gubernamentales».

LA ECOEFICIENCIA Y LA OPOSICION

Cuando la pelota vuelve al campo de las empresas, no hay tampoco una única respuesta por parte de las corporaciones. A nivel local, la COP IV asistió a una demostración de fuerzas del Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (CEADS), en conjunto con sus pares de México y Brasil. En ocasión de presentarse trabajos que resúmen casos de ecoeficiencia empresaria en América Latina, Oscar Vicente y Federico Zorraquín asumieron la voz cantante del sector industrial argentino frente a la anunciada posición argentina de presentar en la COP V un compromiso voluntario de reducción de emisiones. Si se contrastan las declaraciones de ambos dirigentes empresarios, con las de otros que provienen del segmento PYME, hay evidentemente una disonancia en la respuesta que la actividad productiva argentina exhibe, ante la iniciativa adoptada por la administración Menem. La influyente Unión Industrial Argentina no exhibe un comportamiento demasiado favorable a la postura del gobierno nacional en este sentido, aunque su postura no importa una abierta oposición a la misma.

Fuentes de la Unión Industrial de la provincia de Buenos Aires (UIPBA), dejaron entrever su preocupación ante «una medida inconsulta que debió ser antes sometida a la consideración de los empresarios que deberán pagar los costos de una medida de esa naturaleza». Estas afirmaciones cobran significación si se analiza que provienen de una entidad que nuclea a buena parte del aparato productivo bonaerense, generador del 50% dela actividad industrial del país. Queda flotando una apreciación que, sobre el mismo cierre de esta edición, parecía tomar fuerza entre las filas empresarias: no hay demasiado espacio para que confrontaciones políticas internas del partido oficialista se trasladen al seno del movimiento empresario.

LA VISION DE LOS ECONOMISTAS

Paralelamente a la realización de la COP IV, la Universidad del CEMA organizó un seminario sobre economía ambiental, con la participación de investigadores y docentes de diversos centros de altos estudios. Robert Stavins, de la Escuela de Gobierno «John F. Kennedy» de la Universidad de Harvard, disertó sobre «Cambio climático y uso de los bosques como sumideros». El catedrático manifestó que «para averiguar qué factores afectan los costos de los programas de reducción del nivel de dióxido de carbono, se realizó un análisis econométrico del uso de la tierra en Estados Unidos examinando la sensibilidad de los costos de reducción del nivel del CO2, ante cambios en factores críticos tales como los regímenes de administración y deforestación, las características de las especies de los bosques, los precios agrícolas y las tasas de descuento intertemporal».

Lawrence Goulder, del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Stanford, abordó aspectos de «Política ambiental en situaciones de segunda preferencia». SegúnGoulder «los resultados indican que los impuestos preexistentes sobre los factores de producción, elevan generalmente los costos de estas políticas ambientales. Esto refleja un efecto de interacción impositiva, por el cual los rendimientos reales de los factores, se reducen como consecuencia del incremento en los precios de los bienes, ocasionado por los impuestos y las regulaciones ambientales».

A continuación, el propio expositor hizo hincapié en el uso de los ingresos públicos generados por los impuestos ambientales para financiar recortes en los impuestos preexistentes sobre los factores de producción, llamados por él «productos del reciclaje tributario» y subrayó que esto «ayuda a reducir los costos de aplicaciónde las políticas ambientales, pero bajo condiciones normales no es capaz de eliminarlos totalmente. Esto provoca que el fenómeno conocido como `doble dividendo’ no se produzca».

Adam Rose, de la Universidad del Estado de Pensilvania, hizo «Un análisis de equidad dinámica de la política de calentamiento global». Luego de precisar cuáles son las posiciones que colisionan en el enfoque del Protocolo de Kyoto, Rose afirmó que «tanto la explicación pragmática como la basada en argumentos de equidad, tendrán relevancia en el futuro para saber cuándo y cómo los países en desarrollo firmarán un acuerdo global sobre gases de efecto invernadero. Otro factor que influirá considerablemente será la búsqueda de eficiencia económica o, al menos, de una mayor eficiencia en el costo de abatir las emisiones (es decir, el intento por asegurar quelos objetivos buscados se alcanzarán con el menor costo global). Esto estará influenciado por el diseño de futuros acuerdos respecto del uso de instrumentos basados en incentivos, del modo en el que se repartirán las cargas entre los países y de los compromisos a contraerse a lo largo del tiempo». Para ello, enfatizó Rose, se desarrolla un modelo dinámico de permisos para la emisión de dióxido de carbono CO2, comercializables entre países.

Juan Pablo Montero, de la Universidad Católica de Chile y del Center for Energy and Environmental Policy Research, Massachusetts Institute of Technology (MIT), tocó aspectos relativos a «Contratos óptimos de cambio climático con alternativas de elección». El eje de esta presentación giró en torno al diseño de un sistema de permisos comercializables, que según el expositor «admite alternativas de elección para los países de menor desarrollo relativo en el contexto del cambio climático. Para fijarla regla de elección óptima, el regulador enfrenta un conflicto entre eficiencia en la producción (a través de la minimización de los costos de control) y extracciónde rentas informativas (que permiten disminuir el númerode permisos en exceso)». La ponencia contuvo además resultados de ejercicios de simulación, basados en datos provenientes de un modelo elaborado en el MIT.

Gunnar S. Eskeland, de la Escuela de Economía y Administración de Noruega, se refirió a «Los beneficios globales de las políticas locales. Protección del medio ambiente mundial y los programas de control de las emisiones de transporte automotor». Este trabajo parte de la premisa que «las políticas locales de mejoramiento de la calidad del airea través del control de las emisiones del transporte urbano, tienen pocos beneficios colaterales en términos de la protección del medio ambiente global». Según ese expositor, «si las agencias locales de protección del medio ambiente cooperaran entre sí, los consumidores, los productores y los gobiernos locales serían capaces de generar beneficios globales aunque sólo pensaran en términos locales. Sólo entonces será posible conocer el verdadero alcance de las sinergias que existen entre el mejoramiento del medio ambiente local y global».

Timothy N. Cason, de la Universidad de Purdue, explicó «cómo pueden influir las características de la comunidad sobre la situación ambiental». Este trabajo utiliza las características de localización para explicar los niveles de emisiones tóxicas. Según Cason, la investigación «combina así los datos del Inventario de Emisiones Tóxicas con datos demográficos del Censo de los Estados Unidos de 1990. Primero se analiza la localización de las plantas manufactureras en una área en particular utilizando un modelo de selección muestral, y posteriormente se estima la relación entre las emisiones en 1993 y las características demográficas del área en 1990». Una de las conclusiones de esta investigación, según lo estableció Cason, establece que «las emisiones en el sur de los Estados Unidos exhiben un patrón que sugiere que características raciales y de género pueden ser determinantes de importancia de los patrones de emisión. Las características económicas de las zonas (como niveles de ingreso y de desempleo) también afectan las emisiones. En cambio, no se encuentran evidencias de que la propensión de las comunidades a comprometerse en acciones políticas influyan sobre el estado del medio ambiente».

TODOS TIENEN SU ESTRATEGIA

Así como cada gobierno de cada país del planeta no puede obviar el tema del cambio climático y debe tomar decisiones frente a él, cada grupo económico, nacional o multinacional, prepara su estrategia al respecto. Esto es aún más visible en las empresas que desarrollan su tarea enbase a recursos naturales.

Las acciones previstas por el Grupo Perez Companc pueden resultar paradigmáticas en este sentido, a tal punto que un proyecto piloto de reinyección de dióxido de carbono ha sido considerado un leading case por un organismo internacional.

Asimismo, en un período de concentración en su «corebusiness» energético y con desinversiones en otros sectores, la División Forestal del Grupo adquiere una nueva dimensión en la estrategia empresaria. El área forestada pasó de 10.000 ha. en 1995 a 20.000 ha. en 1998; se han comprado a la fecha más de 100.000 ha. y se ha iniciado un plan de forestación de aproximadamente 7.000 ha. Por año durante la próxima década.

Según explica un informe de la empresa, «la búsqueda de negocios se ha añadido ahora el concepto de absorción de dióxido de carbono (CO2) y su transformación en madera. Este nuevo enfoque de ecoeficiencia combina rentabilidad con protección del medio ambiente».

En esa línea de trabajo, se lanzó un proyecto piloto de reinyección de dióxido de carbono en el Yacimiento Puesto Hernández, ubicado entre las provincias de Neuquén y Mendoza, que produjo 2.648.000 de m3 de petróleo en 1997.

El mencionado informe estima que como consecuencia de la implementación del proyecto piloto se evitaría emitir a la atmósfera 148.000 toneladas de carbono equivalente, durante los primeros 3 años de implementación. En el caso de que el piloto resulte satisfactorio, la implementación del proyecto total evitaría la emisión de 5.500.000 toneladas de carbono equivalente, en un período de 15 años.

Si se verifica la factibilidad técnica y económicadel proyecto, Perez Companc aspira a conseguir:

un incremento en la recuperación final de hidrocarburos;

evitar la emisión de CO2 a la atmósfera;

convertir al CO2, en principio un desecho, en un material convalor, catalizando la decisión de otros operadores parautilizar esta tecnología;

un uso inteligente y sustentable de los recursos energéticos.

En 1995, la Corporación Financiera Internacional (CFI) inició una búsqueda de proyectos para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector del petróleo y del gas de la Argentina. Tras una preselección de cuatro iniciativas, el proyecto de Puesto Hernández fue considerado como el más apropiado para llevar a cabo como proyecto piloto.

Luego de la presentación del proyecto a la Subsecretaría de Cooperación Internacional, se obtuvo la carta de apoyo del Gobierno Argentino, lográndose la provisión de fondos por un monto de u$s 726,298. El 50% de esa suma es aportada por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus iniciales en inglés).

EL AGRO YA NO ES UN DEMONIO

El Consejo Mundial para los Negocios y el Desarrollo Sostenible en Latinoamérica presentó en la COP IV un conjunto de experiencias de manejo eficiente de los suelos agrícolas, por los cuales se logra una mayor fijación de carbono a la tierra mediante la práctica de siembra directa. Demonizado como uno de los sectores que contribuyen al efecto invernadero por la liberación de carbono, la producción agrícola asume de esta manera la responsabilidad de reconvertir sus parámetros productivos bajo normas más amigables con el ambiente.

Donald Reicossky, científico en suelos del laboratorio de Investigación en Conservación del Suelo de Minnesota, expuso con total crudeza uno de los impactos ambientales más severos por un mal manejo de la tierra: «La significativa pérdida del carbono del suelo, ha culminado con dióxido de carbono en la atmósfera, causando parcialmente su incremento y concentración. Datos anteriores sobre carbono en el suelo a largo plazo, han mostrado que muchos de los suelos de Estados Unidos habían perdido entre el 30 y el 50% del carbono que había cuando se los comenzó a cultivar».

Otro de los panelistas, Calvin Wayne Lindwall, director de un centro canadiense de Agricultura de Praderas Semiáridas, reforzó los dichos de su colega: «Existe una considerable oportunidad mundial para los suelos agrícolas, ya que puedenc onvertirse en sumideros fijando dióxido de carbono de la atmósfera y reduciendo las emisiones de efecto invernadero». Victor Trucco, que preside la Asociación Americana para la Producción Agrícola y Sustentable, se encargó de subrayar las bondades de la siembra directa: «Este sistema constituye una nueva tecnología agrícola que permite producir alimentos con alta eficiencia y en forma sustentable ya que permite controlar la erosión, disminuir el número de operaciones y por lo tanto también, el consumo de combustibles». Según este productor santafesino, las absorciones de carbón comprobables se registran en los primeros 5 centímetros del suelo.

Algunas empresas proveedoras de insumos para esta nueva modalidad de cultivo, vienen trabajando en el mercado local. Desde 1987 «venimos apuntalando las necesidades de los productores quese inclinan por la siembra directa. La empresa tiene un concepto sustentable de la explotación agrícola porque si la erosión o la oxidación destruyen el campo, está claro que perdemos todos», afirma Carlos Becco, director de Monsanto. Según datos que manejan esa firma, el porcentaje de hectáreas cultivadas en la Argentina bajo siembra directa orilla el 15%, lo que representa un total cercano a los 5 millones de hectáreas. Para Fernando Rey, también de Monsanto, éste es el mayor porcentaje a nivel mundial y marca una tendencia que ya ha prendido fuerte en Estados Unidos. Como muestra elocuente, Rey cita la expresa mención que el representante estadounidense ante la COP IV, Stuart Eizenstat, formuló respecto a los créditos por fijación de carbono, entre ellos los originados a nivel agrícola.

Finalmente, un dato que no es menor: la Sociedad Norteamericana de Conservación de Aguas y Suelos, estima que Estados Unidos y Canadá podrían alcanzar el 15 % del compromiso de reducción de carbono, en un periodo de 20 años, mediante prácticas de fijación de carbono al suelo.

LOS AGUJEROS DEL PROTOCOLO

Greenpeace tiene una posición crítica respecto de los compromisos resultantes de Kyoto y así lo expresa un documento dado a conocer en los días previos a la COP IV:»Más que una reducción de alrededor del 5% de las emisiones previstas en el Protocolo cabe esperarse, por el contrario, un ascenso de las mismas». Para la organización ambientalista, hay baches en los documentos aprobados en Kyoto, que resultan peligrosos: «Estos agujeros están vinculados a los siguientes aspectos del protocolo: el cambio del año base de 1990 a 1995 para los gases HFC; los créditos que surgirían mediante el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CDM, por sus iniciales en inglés), la exclusión de las actividades de transporte internacional de aviación y buques tanques, el enfoque utilizado de emisiones netas al incluir los sumideros y el problema conocido como `hot air’ (aire caliente)».

Para disminuir estos «agujeros» y procurar el mejor funcionamiento posible del Protocolo de Kioto, Greenpeace considera que deben establecerse una serie de criterios y normas de funcionamiento que se resumen en tres aspectos:

Reglas y Principios Comunes para los Mecanismos de Flexibilidad: Debido a las interrelaciones existentes entre los mecanismos deflexibilidad del Protocolo (comercialización, implementación conjunta y el CDM) «es necesario establecer una serie de reglas y/o principios para aplicar en la operación de estos instrumentos. Las acciones a realizarse en el ámbito nacionalo doméstica deben ser la prioridad en la implementación del Protocolo».

Comercialización e Implementación Conjunta: Más adelante, el documento establece que «las reglas para la comercialización deberían incluir una serie de límites a la venta y compra de aire caliente, que induzca a una mayor preponderancia de las reducciones domésticas». Luegose recomienda «un sistema de responsabilidad conjunta del comprador y vendedor, que opere durante un período de compromiso y esté basado sobre inventarios anuales, para brindar una señal sobre como las cantidades atribuidas de los vendedores deberían ser descontadas.»

Cambio en el uso de la tierra y silvicultura en el Protocolo deKyoto: Las recomendaciones también se extienden a «la implementación de los mecanismos previstos en el Protocolo en cuanto a Cambio en el Uso de la Tierra y Silvicultura (CUTS), que deben ser desarrollados siguiendo algunos principios generales. El uso de los créditos de emisiones por CUTS no debe conducira efectos adversos en otras áreas ambientales tales comola diversidad biológica. Las definiciones, metodologías y políticas sobre CUTS no deben generar incentivos perversos que podrían, por ejemplo, alentar la tala o desmonte de bosques antiguos con el propósito de reclamar créditos por reforestación. Los créditos deberían prohibir toda actividades que involucre el desmonte de bosques antiguos».

 

© Ecología & Negocios Nº 12 – 1998

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