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Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

Entre Viajes y Campañas de Difusión

Es una de esas personas a quienes el título de referente le calza a la perfección. Por eso fue convocado para la apertura de esta nueva sección de ecología&negocios, porque Miguel Ritter sintetiza como pocos todo aquello que se requiere para ser un ecopersonaje. En este caso vale la pena seguir sus palabras para descubrir un trayecto de vida que desde la posición empresaria, publicitaria y la particular, reflejan una constante preocupación por el medio ambiente.

¿Cómo fueron sus primeros contactos con el tema ambiental?

En mis recurrentes viajes a Alemania, comencé a tomar contacto con esta problemática, sobre todo en el momento de surgimiento de los movimientos verdes que luego se institucionalizan como partido político y son hoy una auténtica bisagra entre la izquierda y la derecha. En cuanto al marco local, no puedo obviar mi pertenencia a una compañía como Siemens que tiene establecido desde hace muchísimo tiempo en sus principios básicos la cuestión ambiental, a tal punto que está manifestada en su decálogo explícitamente. Esto está ratificado por la reciente obtención de la ISO 14000, que coloca a la empresa, también en esta materia, en una posición de liderazgo en su sector. A partir de 1983, con el regreso de la democracia, se vuelven a priorizar valores que hasta allí se habían desconsiderado y aparece el medio ambiente como una de las cuestiones básicas que manifestaba la población. Esto me llevó, dentro de una institución en la que yo participo activamente como es el Consejo Publicitario Argentino, a crear una campaña en favor del medio ambiente, que repercutió fuertemente en los medios gráficos, y también a aprender mucho sobre este tema, ya que en el Consejo Publicitario Argentino no existía una experiencia concreta en la materia.

¿Cómo se diseñó aquella campaña, en base a qué presupuestos?

Primero tomamos contacto con líderes ambientalistas, no sólo de Buenos Aires sino también del interior. Eran reuniones complejas dado el enorme espectro ambiental, que abarca desde el proceso de desertificación en la Patagonia hasta los basureros clandestinos del conurbano bonaerense y desde la maestra que quiere enseñar estos temas hasta el análisis de la legislación comparada en el ámbito internacional. Era una gran ensalada de temas que me enseñó en primer lugar, que el tema ambiental es enormemente amplio, y en segundo que hay muchos especialistas y muy pocos generalistas en el tema. Como sostuvo una disertante de un seminario al que asistí en Montevideo, por aquel entonces, la Argentina se encontraba en la etapa simbólica del ambientalismo, donde hay muchas iniciativas, se habla mucho, se escribe más, aparecen proyectos de todo tipo, pero no se hace nada. Lo que pretendíamos desde el Consejo Publicitario, era plantear estos temas a nivel masivo en la sociedad y correrlos un poco más arriba en la lista, para que ascendieran del bajo lugar en el que estaban. Que no fueran sólo motivo de preocupación de los especialistas.

¿Qué otras dificultades encontraron en el camino?

Normalmente las campañas del Consejo Publicitario terminan con un teléfono al cual la gente puede recurrir si quiere más información. Teníamos un tremendo problema y era saber a dónde debía llamar la gente en este caso. Si había alguien de Catamarca, por ejemplo, para consultar por un problema ambiental, ¿a dónde debía dirigirse? Esto nos llevó a publicar una guía nacional con los datos de las organizaciones ambientalistas. Se pudo hacer porque los medios de comunicación nos cedían espacios gratuitos y pudimos publicar avisos pidiendo información sobre entidades no gubernamentales vinculadas al medio ambiente, de todo el país. Como resultado, pudimos compatibilizar la información recibida, cruzando datos con Greenpeace y la Red Informática Ambiental de la Argentina. Luego de ello emitimos un padrón al que también incorporamos los datos de las instituciones ambientales a nivel gubernamental. La guía resultante fue colocada en los kioscos de todo el país, a valor de costo neto, con lo cual nos embarcamos en un proyecto editorial del que no teníamos la menor idea por lo que tuvimos que aprender, por ejemplo, cómo se vendían libros en los kioscos. De esta guía se vendieron más de 10.000 ejemplares y era por entonces la única que contenía este tipo de información que tenía que ver con todos los organismos vinculados a este tema. Años después, cuando se crea la Secretaría de Medio Ambiente, nos piden esta guía para armar su propia base de datos. Estas guías tienen una vida efímera porque las ONG ambientales son tremendamente dinámicas. Esta fue mi primera experiencia con el medio ambiente en la Argentina.

¿Cuál fue la segunda?

Cuando se crea el Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible, a partir de la iniciativa de un par de empresarios que estaban actuando en la misma causa en la Cámara de Comercio Internacional con sede en Ginebra. Básicamente se trataba de armar una masa crítica de empresas que se identificaran con el desarrollo sostenible, de modo tal que este nucleamiento funcionara como referente y líder de opinión entre el empresariado argentino, contribuyendo a conformar una posición empresaria frente a este tema -que ya en el lado político, legislativo y social, había tomado forma- de tal suerte que pudiera ser expuesta ante legisladores, funcionarios y dirigentes en general. El CEADS ocupa hoy ese lugar referencial y se han sumado a él nuevas empresas miembro que enriquecen la visión de estas cuestiones.

En lo que hace a su cotidianeidad, ¿cómo puede sintetizar su relación personal con lo ambiental?

He emprendido varios viajes directamente relacionados con esto. El primero fue allá por 1981. Con unos amigos organizamos una suerte de safari por la selva misionera, más allá del río El Soberbio, que es un afluente del río Uruguay y a partir del cual empieza la naturaleza virgen de Misiones. Allí terminan los poblados y comienza el parque nacional. Hoy ese lugar es más accesible, los Saltos del Moconá ya tienen un camino, pero en aquella época todo era huella pura y por lo tanto más difícil de llegar. Después emprendí con otros amigos un viaje en canoa de 700 kilómetros por el río Colorado, que no es navegable y obliga a realizar la travesía en embarcaciones de ese tipo. Hay partes de muy poca profundidad y otras donde se vuelve muy turbulento, con rápidos peligrosos. Fue una experiencia muy interesante porque se trata de un río que atraviesa zonas desérticas por las que se navega kilómetros y kilómetros sin ver a nadie. Hay mucha naturaleza y gran cantidad de fauna, de vez en cuando uno se encuentra con los ermitaños que viven a la orilla del río. Se llaman a sí mismos puesteros aunque en realidad son puesteros de nada, sólo tienen un par de chivos para subsistir.

¿Hubo otros viajes de ese tipo?

El último viaje de este tipo lo emprendí por Costa Rica, país caribeño por suerte no sometido aún al turismo masivo de los hoteles 5 estrellas, pero que brinda una enorme cantidad de variables en cuanto a volcanes, costas, selvas y aguas termales. Es un país que yo recomiendo porque tiene toda la cantidad de opciones que se puede esperar de una zona caribeña en un lugar que es un poco más grande que el Gran Buenos Aires. Tiene un gran porcentaje de su territorio declarado reserva natural y es muy económico, se puede alquilar un vehículo con tracción integral, a precios bastante accesibles y recorrerlo con el debido tiempo. Es un lugar absolutamente recomendable como reserva de biodiversidad.

QUIEN ES

Miguel Ritter tiene 51 años y se graduó como licenciado en Comunicaciones Sociales en la Universidad del Salvador. Es director regional de Relaciones Públicas para Siemens de la Argentina, Chile y Uruguay. Preside el Consejo Publicitario Argentino y es vicepresidente 2º del Instituto Verificador de Circulaciones (IVC). Es miembro de la comisión de Comunicaciones del Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (CEADS) y de la International Association of Business Comunicators (IABC). En 1997 recibió el Premio Konex de Platino.

LA CAMISA Y LA CAMISETA

«Recomiendo a los padres poner a sus hijos en contacto con la naturaleza, esto es educativamente mucho más eficaz como experiencia de vida. Es mejor que los chicos se acostumbren a tomar conocimiento de temas como el crecimiento de las plantas, la crianza del ganado, de las aves de corral, o la pureza del agua. Esto, que se puede ver por televisión, no es igual en un contacto personal con cada cosa. Nadie puede estudiar lo que no conoce y no valora, para mí esto es muy importante. También lo es enseñarles lo que la gente no cuida, por lo que hay que llevarlos a ver el río Matanza, los basureros a cielo abierto o las industrias que desaprensivamente vuelcan efluentes contaminados a los ríos, como el Reconquista. Allí van a entender por qué cuando uno cruza ese río por la Panamericana, percibe ese mal olor a azufre que sentimos todos. Es más importante eso que explicarles qué es el agujero de ozono, que jamás lo van a entender y es un tema demasiado genérico para que le den importancia. Los alemanes son muy claros respecto a esto cuando dicen que la camiseta esta más cerca del cuerpo que la camisa. Por eso hay que explicarles qué los rodea y cuáles son los problemas de lo que los rodea. Hay que empezar por lo más concreto, después tendrán tiempo para entender lo otro».

ECOLOGIA & NEGOCIOS – Nº 11 Año: 2 – Agosto de 1998

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