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Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

VICECONTE, M. c/Estado Nacional – 
Amparo para fabricar vacuna contra Fiebre Hemorrágica

Cámara Nacional Contencioso Administrativo Federal, 
Sala 4ª 
Junio 2, 1998

2º Instancia 
Buenos Aires, junio 2 de 1998. 

Considerando:

  1. Que la actora inició su demanda de amparo a fin de que se ordenase al Estado Nacional que: a) ejecutase la totalidad de las medidas necesarias para completar la unidad de producción de la vacuna Candid 1 contra la fiebre hemorrágica argentina- en el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas Dr. Julio Malztegui, asegurando su inminente suministro a la totalidad de la población potencialmente afectada por el virus Junín y) implementarse, en coordinación con las áreas públicas competentes, una campaña para restablecer el ecosistema.
  2. Que la juez de la primera instancia, a fs. 258/265 vta., rechazó la acción impetrada e impuso las costas por su orden.

Para así resolver entendió:

  1. a) Que, de acuerdo a lo que surgía del informe de fs. 97&125, la demandada daba cuenta de las previsiones que se estaban tomando a fin de producir en el país la vacuna Candid 1 y que, por consiguiente, no se advertiría que el tribunal pudiera atender este aspecto del reclamo de la actora, pues se estaría ante una decisión judicial carente de sustento fáctico que la avalase.
  2. b) Que la vacuna, cuya provisión se solicitaba, se encontraba en una etapa de investigación y, por lo tanto, la facultad para autorizar el suministro era ajena a la competencia de los tribunales judiciales, puesto que dicha facultad era privativa de la autoridad administrativa.
  3. c) Que, de acuerdo con lo dispuesto en la ley 16.463 en el caso, no podía hablarse de medicamento, por tratarse de una sustancia en experimentación en proceso muy incipiente y que, por tal motivo, ordenar al Poder Ejecutivo el suministro inmediato de la mencionada vacuna Candid 1 sería imponerle una conducta contraria a la ley.
  4. d) Que, en lo atinente a la implementación de una campaña para restablecer el ecosistema, la vía del amparo era improcedente ya que requería, obligatoriamente, la realización de pruebas cuya complejidad excedía el limitado marco de este proceso abreviado.
  5. Que contra dicha decisión interpusieron y fundaron sus recursos de apelación al Defensor del Pueblo de la Nación (fs. 266/271 vta.) y la actora (fs. 279/288).

A fs. 291/294 vta., 296/299 vta., 300/304vta. y 309 vta., fueron contestados los traslados conferidos.

A fs. 311 vta. obra el dictamen del Procurador Fiscal de Cámara.

A fs. 346/361 se agregó el acta yla documentación recabada en ocasión del reconocimiento judicial dispuesto en la providencia de f. 313.

  1. Que no puede dejar de tenerse en cuenta que en el artículo 43 del nuevo texto de la Constitución Nacional (1) se dispone que todo individuo puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, «»contra todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente, lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley».
  2. Que en artículo XI de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (2), cuya jerarquía constitucional le fue otorgada en el artículo 75 inc. 22 del nuevo texto de la Carta Magna, se prevé que toda persona tiene derecho a que su salud sea preservada por medidas sanitarias y sociales, relativas a la alimentación, el vestido, la vivienda y la asistencia médica, correspondientes al nivel que permitan los recursos públicos y los de la comunidad.

En el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (3), también con jerarquía constitucional, se dispone que todo individuo tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y especialmente la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.

En el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (4), cuya jerarquía constitucional también se reconoce en la Carta Magna, se estableció que entre las medidas que los Estados Partes deberían adoptar a fin de asegurar la plena efectividad del derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental deberían figurar: el mejoramiento en todos sus aspectos de la higiene del trabajo y del medio ambiente (inc. b), la prevención y el tratamiento de las enfermedades epidémicas, endémicas, profesionales y de otra índole y la lucha contra ellas (inc. C) y la creación de condiciones que aseguren a todos asistencia médica y servicios médicos en caso de enfermedad (inc. d).

  1. Que la función judicial no se agota en la letra de la ley con olvido de la efectiva y eficaz realización del derecho (Fallos 248-291 (5), 249-37 (6)) y para ello debe atenderse, antes que a un criterio formalista, a la vigencia de los principios que ampara la Constitución Nacional y que surgen de la necesidad de proveer el bien común, considerando éste como el conjunto de las condiciones de la vida social que hacen posible, tanto a la comunidad como a cada uno de sus miembros, el logro más pleno y más fácil de su propia perfección (Fallos 296-65).
  2. Que la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho que en el Preámbulo de la Constitución Nacional «ya se encuentran expresiones referidas al bienestar general, objetivo preeminente en el que, por cierto, ha de computarse, con prioridad indiscutible, la preservación de la salud» (conf. Fallos 278-313 (7), considerando 15).

Asimismo, ha declarado el alto tribunal que el objetivo preeminente de la Constitución Nacional, según se expresa en su preámbulo, es lograr el bienestar general, lo cual significa decir la justicia en su más alta expresión, esto es, la justicia social, cuyo contenido actual consiste en ordenar la actividad intersubjetiva de los miembros de la comunidad y los recursos con que ésta cuenta con vistas a lograr que todos y cada uno de sus miembros participen de los bienes materiales y espirituales de la civilización. Señaló además que tiene categoría constitucional el principio in dubio pro justitia socialis y que las leyes deben ser interpretadas a favor de quienes, al serles aplicadas con este sentido, consiguen o tienden a alcanzar el bienestar, esto es, las condiciones de vida mediante las cuales es posible a la persona humana desarrollarse conforme a su excelsa dignidad (Fallos 289-430) 8).

  1. Que la declaración de derechos, efectuada en nuestra Constitución Nacional, no sólo es una declaración de voluntad del Estado que así reconoce la existencia de los derechos individuales, sino que también en un compromiso por el cual el propio Estado seobliga a dictar las normas necesarias y a cumplirlas; es decir, que asumió un compromiso de organizar los servicios y prestaciones allí previstas (conf. Hauriou, Maurice, «Principios de derecho público y constitucional», 2· ed., Instituto Editorial Reus, Madrid).

Cabe destacar, en ese sentido, que el sistema constitucional, al consagrar los derechos, declaraciones y garantías, establece las bases generales que protegen la personalidad humana y a través de su norma de fines, tutela el bienestar general. De ahí que el eje central del sistema jurídico sea la persona en cuanto tal, desde antes de nacer hasta después de su muerte (Fallos 316-479 (9), voto de los Dres. Barra y Fayt).

Los llamados «derechos sociales» establecidos en el artículo 14 bis de nuestra Carta Magna y señalados en las Declaraciones y Pactos supra referidos, tienen un carácter muy distinto al de las libertades tradicionales. Estos «derechos sociales», entre los que indefectiblemente se encuentra el derecho a la salud, no constituyen ya para los individuos un derecho de actuar, sino facultades de reclamar determinadas prestaciones de parte del Estado, cuando éste hubiera organizado el servicio (conf. Hauriou, André-Gicquel, Jean y Gélard, Patrice, «Derecho constitucional e instituciones políticas», Ed. Ariel, Barcelona, 1980; en el mismo sentido, Hübner Gallo, Jorge Iván, «Panorama de los derechos humanos», Ed. Universitaria de Buenos Aires, Bs. As., 1977, p. 18).

  1. Que en el sub examine lo que se encuentra especialmente en juego es el derecho a la vida, primer derecho natural de la persona humana preexistente a toda legislación positiva y que, obviamente, resulta reconocido y garantizado en nuestra Carta Magna y las leyes.

Mientras algunos derechos de la personalidad humana tienen un régimen minuciosamente previsto en las leyes, otros por el contrario, se caracterizan por su imprecisión. Las dificultades son causadas por la falta de sistematización de las normas respectivas y, desde otro punto de vista, por los adelantos de la ciencia y de la técnica, que suscitan riesgos y generan, al mismo tiempo, esperanzas de mejorar la salud y el bienestar general (Fallos 302-1284 (10), voto de los Dres. Fríasy Guastavino).

  1. Que el bien común, cometido esencial de la sociedad organizada, se logra a través de fines que sólo pueden ser alcanzados por el Estado mismo, tales como la Defensa Nacional o la Justicia en sus manifestaciones más frecuentes y comunes. Pero hay otros fines que el Estado asi mismo procura y que son concurrentes, en tanto su alcance no corresponde en exclusividad al Estado, sino puede determinar también la acción de los particulares o de otras sociedades (conf. Fallos 305-1524, voto del Dr. Bargallo). De esa índole pueden considerarse los fines educaciones, culturales o de prevención de la salud.

No obstante, cuando en un caso determinado no está previsto, por razones de conveniencia económica o interés comercial, que las personas o instituciones privadas atiendan la salud de la población, no cabe sino concluir que incumbe al Estado, en calidad de garante, brindar los recursos necesarios para hacer frente a la enfermedad (esta sala, arg. in re «Alcalá, Cristina B. V. Ministerio de Salud y Acción Social», 9 de marzo de 1998, de manera eficaz y oportuna).

  1. Que, según surge de la documentación agregada a estas actuaciones y de las posiciones asumidas por las partes, no se encuentra discutido:
  2. a) Que la fiebre hemorrágica argentina (FHA) es una enfermedad endemo epidérmica (conf. fs. 3,5 del folleto agregado a fs. 44, 45, entre otras).
  3. b) Que la protección más completa contra la fiebre hemorrágica argentina o mal de los rastrojos la ofrece la aplicación de la vacuna Candid 1 (conf. f.351 párr. 1·), cuya efectividad está en el orden del 95,5% (f. 361).
  4. c) Que la Organización Mundial de la Salud (OMS) avaló su eficacia y el Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación autorizó su aplicación en 1991, por resolución 100 (f. 351 párr.6·).
  5. d) Que hasta el presente la totalidad de vacunas Candid 1 ha sido producida por el Instituto Salk, mediante un contrato con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Alrededor de 320.000 dosis de esta vacuna han sido adquiridas, habiendo un stock disponible de 80.000 dosis (f. 326) y que esa cantidad no es suficiente para inmunizar a los 3.500.000 habitantes de la zona endémica (fs. 351 párr. 7 y 23 párr. 3).
  6. e) Que considerando que es una enfermedad exclusiva de nuestro país, que no está previsto producir vacuna Candid 1 en el extranjero y que, debido al número de personas a vacunar la producción de esta vacuna no es atractiva desde el punto de vista comercial, la disponibilidad de dicha vacuna para la población del área endémica está sujeta a los avances del proyecto de producción de Candid 1 en los laboratorios del Instituto Nacional de Enfermedades Virares Humanas «Dr. Julio Maiztegui» (conf. f. 23 párr. 3·).
  7. Que surge claramente de autos que el Estado Nacional, mediante el ministerio demandado ha asumido el compromiso de producir la aludida vacuna a efectos de combatir la fiebre hemorrágica argentina.

La cuestión a decidir radica, por lo tanto, en determinar si la demandada ha cumplido puntualmente con sus obligaciones o si, por el contrario, ha incurrido en omisiones lesivas del derecho a la salud de la población potencialmente afectada por la mentada enfermedad.

  1. Que el proyecto de producción de la vacuna Candid 1 en la Argentina fue iniciado en 1991, lográndose en el año 1997 un 80% de la tecnología de producción y control de calidad (f. 101, restando finalizar las obras edilicias y de equipamiento del laboratorio de producción (f. 100).

A pesar de lo afirmado por la demandada (f. 122) en el sentido de que en el presupuesto de 1997 se contemplaba una partida especial destinada «a terminar de adecuar este Instituto para este fin», lo cierto es que, según surge del acta de fs. 346/361 y del reconocimiento judicial efectuado con fecha 12 de diciembre de ese año, lejos estaba el citado Instituto de hallarse en condiciones de producir la vacuna aludida.

Es que, aún cuando se hubieran finalizado las obras, resta la adquisición y colocación de los aparatos necesarios para efectuar la producción, requiriéndose, además, un proceso de validación (control de funcionamiento), el que, según el cronograma agregado a f. 359, recién podría completarse en el primer trimestre de 1999, estimándose que de no existir inconvenientes, se estaría en condiciones de liberar para su uso la vacuna Candid 1 producida en el país para fines de dicho año (f. 337).

  1. Que es necesario aclarar que en sublite no se trata de eludir los procedimientos legales y reglamentarios vigentes a efectos de obtener la autorización de la vacuna por parte del organismo estatal competente, circunstancia que sí se encontraría excluida de la jurisdicción de los tribunales.
  2. Que del informe presentado el 2 de octubre de 1996 por la directora del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas «Julio I. Maiztegui» se desprende que «no se ha realizado ninguna inversión durante los últimos dos años», que permitiese la habilitación de la unidad de producción de vacuna, la que se encontraba por consiguiente paralizada (f. 35), lo que se encuentra corroborado por el recorte periodístico acompañado por la demandada a f. 115, en el que se menciona que el Ministro de Salud anunciaba que en el presupuesto de 1997 se otorgaba una partida para el mencionado Instituto, lo que permitiría la reactivación de la iniciativa.
  3. Que, teniendo presente que, como se señaló, la preservación de la salud de la comunidad es uno de los objetivos prioritarios de la comunidad organizada como Estado de Derecho, puede arribarse a las siguientes conclusiones:
  4. a) Al haber asumido el Estado Nacional el compromiso de producir la aludida vacuna a efectos de combatir la Fiebre Hemorrágica Argentina, los habitantes de las zonas afectadas y, indudablemente, el Defensor del Pueblo de la Nación se encuentran legitimados para reclamarle el cumplimiento de dicho compromiso.
  5. b) Si bien en el presupuesto del año 1997 se habían previsto partidas especiales destinadas a la reactivación del proyecto, lo cierto es que, con anterioridad a dicho momento, hubo lapsos en que aquél estuvo paralizado por falta de inversiones, con la consiguiente postergación de la meta final, esto es, la producción local de la vacuna Candid 1.
  6. c) La gravedad de la enfermedad, sumado a la gran cantidad de personas con riesgo de contraerla dentro del área endémica (estimada en 3.500.000 personas), toman absolutamente necesario el máximo esfuerzo de las autoridades competentes a fin de finalizar, dentro del menor tiempo posible, todas las tareas, obras y adquisiciones pertinentes para producir la referida vacuna Candid 1 en el país.
  7. d) Toda vez que el cronograma de f. 359 fue realizado por el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas «Julio Maiztegui», y teniendo en cuenta que su cumplimiento excede las facultades del citado organismo, dependiente, en cambio, de las decisiones políticas, presupuestarias y administrativas de las autoridades superiores de la demandada, no es irrazonable sostener que el planteo de autos no ha perdido actualidad, ni puede, por consiguiente, declararse inoficioso un pronunciamiento al respecto.
  8. Que, en tales condiciones, corresponde hacer lugar, en este aspecto, a la acción de amparo impetrada y, consecuentemente, ordenar al Estado Nacional, Ministerio de Salud y Acción Social, que cumpla estrictamente y sin demoras, con el cronograma cuya copia se encuentra agregada a f. 359, responsabilizando en forma personal a los ministros de Salud y Acción Social y de Economía y Obras y Servicios Públicos, en sus respectivas áreas de competencia y obligando, por lo tanto, a los organismos a su cargo al cumplimiento de los plazos legales y reglamentarios.
  9. Que, desde otro ángulo, no puede ser admitida la petición de la demandada referente a la implementación, en coordinación con las áreas públicas competentes, de una campaña para restablecer el ecosistema que contemple, en particular, la conservación y restablecimiento en las zonas afectadas de los pajonales naturales, hábitat del felino llamado Gato de las Pajas, y también de las tierras duras aptas para la vivienda natural de lechuzas, aves de presa, cazadores naturales de los roedores.

En efecto, de la documentación acompañada por la actora no surge en forma terminante, en el ámbito de esta acción de amparo, que aquellas medidas produzcan los efectos que allí se pretende. Cualquier decisión al respecto, en tanto fuese de competencia de los jueces, requeriría un mayor caudal de información y prueba que pudiese permitir conocer en forma pormenorizada no sólo la situación actual, sino las perspectivas de la evolución de la situación y el impacto que pudieran tener las medidas adoptadas y aquellas propuestas.

En efecto, es de hacer notar, a modo de ejemplo, la contradicción existente entre la postura de la actora y la de la demandada en cuanto a la cuestión relativa a la costumbre de «arar hasta el alambrado». La demandante se opone porque sería la causa de la eliminación de las «tierras duras aptas para la vivienda natural de lechuzas, aves de presa, cazadores naturales de los roedores» (f. 13), mientras que para los organismos de salud la recomendaciónes «arar hasta el borde de los alambrados» (fs. 40 y 44-18).

También puede señalarse que no existe coincidencia en el caso de los pajonales naturales. Según la actora han de conservarse porque constituyen el hábitat del felino Gato de las Pajas (f. 15), en tanto que para las demandadas es menester mantener desmalezados los lugares en los que los roedores construyen sus nidos (fs. 40 y 44/5).

Ello no implica, por supuesto, pronunciamiento definitivo alguno acerca de la validez o no de dichas medidas; es sólo que, frente a la eficacia demostrada de la vacuna Candid 1, y ante la falta de manifiesta procedencia de las otras pretensiones, extenderse en este proceso acerca de su procedencia o eficacia excede las posibilidades de evaluación de este tribunal por vía intentada.

Por todo lo expuesto, corresponde hacer lugar, en parte, a la acción de amparo impetrada y, consecuentemente, ordenar:

  1. a) al Estado Nacional, Ministerio de Salud y Acción Social, que cumpla estrictamente y sin demoras, con el cronograma cuya copia se encuentra agregada a f. 359, responsabilizando en forma personal a los Ministros de Salud y Acción Social y de Economía y Obras y Servicios Públicos, en sus respectivas áreas de competencia, y obligando por lo tanto a los organismos a su cargo al cumplimiento de los lazos legales y reglamentarios;
  2. b) poner esta sentencia en conocimiento del Presidente de la Nación y del Jefe de Gabinete de Ministros, mediante oficio de estilo;
  3. c) encomendar al Defensor del Pueblo de la Nación el seguimiento y control del cumplimiento del referido cronograma, sin que obste a ello el derecho que le asiste a la actora en tal sentido y
  4. d) sin perjuicio de lo precedentemente dispuesto,la demandada deberá, dentro del plazo de diez díasde quedar notificada de la presente, informar al tribunal acercadel cumplimiento del cronograma referido en el punto a). Las costasde ambas instancias se imponen en el orden causado en atenciónal resultado al que se arribó y a la novedad de la cuestión planteada.

Regístrese, notifíquese personalmente a los Ministros de Salud y Acción Social y de Economía y Servicios Públicos- y devuélvanse.

María Jeanneret de Pérez Cortés – Alejandro J. Uslenghi – Guillermo P. Galli. (Sec.: Fernando Lodeiro Martínez).

(1) LA 1995-A-26. (2) LA 1994-B-1607. (3)LA 1994-B-1611. (4) LA 1994-B-1633. (5) JA 1960-VI-454. (6) JA1961-III-525. (7) JA 9-1971-549. (8) JA 24-1947-228. (9) JA 1993-IV-558.(10) JA 1981-II-61.

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