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Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

La sostenibilidad en la empresa

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En 1987, la publicación del informe Nuestro Futuro Común (Informe Brundtland) por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo marca un punto de inflexión y constituye el comienzo del “desarrollo sostenible”. En esta fase las empresas empiezan a apoyarse en los principios del “desarrollo sostenible” para avanzar en la manera de afrontar los problemas de medio ambiente: surgen las prácticas ambientales en la actividad empresarial. Estas prácticas consisten en su momento inicial, en la inversión en tecnologías que permiten reducir los impactos al medio ambiente al final del proceso productivo. Actualmente las empresas siguen usando estas tecnologías, denominadas fin de línea, o end of pipe. Estas tecnologías no evitan que se produzcan residuos, sino que se trasladan de un medio a otro.

En el informe Brundtland se definió desarrollo sostenible como:

“Es el desarrollo que satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas.” Comisión Brundtland: Nuestro Futuro Común (Oxford University Press, 1987).

El término de desarrollo sostenible surge para armonizar el desarrollo económico y la protección del medio ambiente.

Como consecuencia de las conclusiones alarmantes del informe Brundtland, se convocó en 1989, por la Asamblea General de Naciones Unidas, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) en Río de Janeiro (172 países). Supuso una de las mayores concentraciones de poder político de la historia de la humanidad, lo que da idea de la importancia de los problemas medioambientales de la presente década.

El tema de la protección ambiental apareció por primera vez en la agenda internacional durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo Humano, celebrada en Estocolmo, en junio de 1972 (en la que se reunieron 113 países). El marco en el que se encuadra el desarrollo de esta conferencia es de preocupación por los acontecidos desastres ecológicos previos (citar como ejemplo sucesos de vertidos de crudo como el del petrolero Torrey Canyon y publicaciones como “Silent Spring” de Rachel Carson en 1962, que tuvieron un hondo calado en la opinión pública) y las conclusiones formuladas en Los Límites del Crecimiento (Meadows et al., 1972), este trabajo fue consecuencia del cometido que el Club de Roma encargó a Dennis L. Meadows y sus colaboradores y tuvo gran influencia en el pensamiento económico de la época. En la Conferencia de Estocolmo de Naciones Unidas se crea el PNUMA (UNEP), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuya función esencial es orientar y actuar como instrumento catalizador de programas de cooperación internacional en materia de protección ambiental.

En la Conferencia se cimentó el compromiso internacional hacia el desarrollo sostenible mediante tratados para fijar límites respecto al agotamiento de la capa de ozono, el calentamiento global y la disminución de la biodiversidad (Stern et al., 1992). El programa de acción emanado de Río, Agenda 21, asume los conceptos clave el desarrollo sostenible dentro de los ámbitos mundial, regional y local. Con este objetivo, contiene recomendaciones negociadas y consensuadas para detener e invertir los efectos de la degradación del medio ambiente, intensificando los esfuerzos nacionales e internacionales y, así, promover el desarrollo sostenible y ambientalmente racional en todos los países (Brío González, J.A. & Junquera Cimadevilla B.,2001). En la Conferencia se constató que los daños ocasionados sobre el medio ambiente eran muy graves y eran necesarios nuevos esfuerzos de los gobiernos y de las empresas, encaminados a solucionar los problemas ecológicos inducidos por la industrialización.

En 1992, entró también en vigor el nuevo Tratado de la Unión Europea, que fue firmado por los entonces doce Estados miembros. El Tratado de Maastricht ha ampliado los objetivos de la acción comunitaria en el ámbito medioambiental, al incluir el fomento de las medidas internacionales destinadas a hacer frente a los problemas regionales o mundiales del medio ambiente. Es significativo el hecho de que, de acuerdo con lo previsto en el artículo 2 del Tratado, se incluya como objetivo de la Unión, entre otros, la promoción de un desarrollo sostenible y no inflacionista que respete el medio ambiente. Paralelamente, la nueva redacción del artículo 3 contempla de manera explícita la política del medio ambiente entre las acciones que la Comunidad habrá de llevar a cabo para alcanzar sus objetivos (Brío González, J.A. & Junquera Cimadevilla B.,2001).

El medio ambiente sigue siendo uno de los temas más trascendentes en la comunidad internacional. Muestra de ello es la celebración de la II Cumbre de la Tierra ( en Nueva York en 1997), las Cumbres del clima (en Kioto, 1997 y Buenos Aires, 1998) y la Cumbre de Johannesburgo en el año 2002, donde se ha constatado que desde Río 92 no se ha conseguido frenar el deterioro ambiental de la Tierra.

La Cumbre de Johannesburgo subraya un nuevo protagonismo de las empresas (que no existía en Río) y su compromiso en la sostenibilidad liderada por el World Business Council for Sustainable Development, subrayando la responsabilidad global ambiental de las empresas. Se dio gran importancia a los sistemas voluntarios de información ambiental por parte de las entidades y las empresas a los consumidores, los temas de ecoeficiencia y producción más limpia. Se refuerza la importancia del compromiso de las empresas en información ambiental y social, así como su papel en apoyar y financiar la sostenibilidad, ello incluye la responsabilidad legal de las empresas a través del desarrollo y aplicación de convenios internacionales, lo que también es una oportunidad para las empresas en iniciativas como “Global Responsability” o la “Global Reporting Iniciative”.

Hacia la sostenibilidad en la empresa

“Una empresa sostenible es aquella que crea valor económico, medioambiental y social a corto y largo plazo, contribuyendo de esa forma al aumento del bienestar y al auténtico progreso de las generaciones presentes y futuras, tanto en su entorno inmediato como en el planeta en general”, según Fundación Entorno, IESE y Pricewaterhousecoopers (2002)

La dirección de la empresa debe tratar de satisfacer no sólo las expectativas de los inversores, sino que también a todos los agentes implicados (personas y organizaciones que tengan algún tipo de interés en sus actividades).

Una empresa que quiera moverse hacia la sostenibilidad debe comenzar con un compromiso de la alta Dirección que deberá asumir determinados valores. Todas las actividades de la empresa respetarán las pautas marcadas por dichos valores.

Para dar el paso hacia la sostenibilidad tiene que tener una base sólida, ya que hacia lo que nos encaminamos es un proceso de diferenciación y distinción. Una empresa antes de embarcarse en este proceso tiene que tener cubiertos otros requerimientos básicos, como es el cumplimiento de la legislación. A partir de este punto con la incorporación de sistemas de gestión que nos impliquen un ánimo de superación a través de la mejora continua y de planificación de actividades, estableciendo objetivos de mejora medioambiental. También es importante, y estos sistemas nos ayudarán a conseguirlo, la evaluación de la situación de la empresa, sus puntos fuertes y sus puntos débiles.

Un paso más allá está en la búsqueda de ecoeficiencia, término por el que se entiende “la distribución de bienes y servicios, a precios competitivos, que satisfacen las necesidades humanas y mejoran la calidad de vida al tiempo que reducen los impactos ecológicos y la intensidad de recursos a lo largo de su ciclo de vida a un nivel al menos igual a la capacidad de carga estimada del planeta” (CMEDS, 1995). Multinacionales líderes necesitan tantas ideas y asesoramiento en el tema del desarrollo sostenible como las empresas más pequeñas. Para conseguirlo trabajan con el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible (CMEDS).

Esta organización, con sede en Ginebra, es una coalición de 120 empresas de 33 países. El CMEDS nació en 1995 y unifica dos organizaciones diferentes: por un lado, el Consejo Industrial Mundial para el Medio Ambiente (CIMMA), una filial de la Cámara Internacional de Comercio y por otro, el Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible (CEDS). El trabajo del CMEDS se basa en el concepto de eco-eficiencia (Fussler, C. & Jamer, P.,1999)

Un aspecto importante, una vez conseguidos los puntos anteriores, habiendo obtenido un modelo de Responsabilidad Social Corporativa, es la comunicación, hemos diferenciado nuestra empresa creando más valor y queremos comunicar nuestros logros y cómo lo hacemos, ya que la credibilidad de una empresa aumenta con la transparencia. Para llevar a cabo esta comunicación, puede servir de ayuda las memorias de sostenibilidad realizadas con ayuda de la “Guía la Elaboración de Memorias de Sostenibilidad” de la Global Reporting Iniciative.

  1. El interés de los mercados por las empresas sostenibles: el medio ambiente en los mercados financieros

La preocupación por el medio ambiente está influenciando y condicionando los procesos de toma de decisiones financieras de empresas, inversores e instituciones financieras. Los mercados valoran positivamente enfoques de gobierno corporativo, empresas en las que la gestión se lleve a cabo de una manera solidaria y comprometida con el medio ambiente. Aunque tradicionalmente la respuesta empresarial a las nuevas exigencias de responsabilidad ambiental se ha caracterizado por considerarlas como gastos, se empieza a poner de manifiesto la posibilidad de que una gestión ambiental responsable puede derivar en impactos financieros positivos y, por tanto, encerrar oportunidades de generación de valor. Se pueden considerar dos medios, fundamentalmente, en los que se reflejan estas nuevas oportunidades: una mayor facilidad para encontrar financiación externa y el mercado bursátil.

En el caso de la concesión de créditos, los bancos deben conocer los riesgos medioambientales relacionadas con sus clientes, puesto que los riesgos de los clientes se convertirán, en última instancia, en los del banco. Este tema fue tratado en el IV (1998) y en el VI Congreso Nacional de Medio Ambiente (2002), en los que se pone de manifiesto que los bancos comenzarán a aplicar criterios medioambientales en la concesión de créditos a empresas, ofreciendo situaciones más ventajosas para aquellas empresas que ofrecen menor riesgo de problemas ambientales y dificultando su concesión a aquellas empresas con bajo compromiso medioambiental.

Respecto al mercado bursátil, empiezan a proliferar inversores denominados “verdes” o socialmente responsables. Los inversores ocupan, por motivos medioambientales, un papel de tanta relevancia como los “creadores de opinión” (término en el que englobamos a la prensa, los grupos ecologistas, la universidad y la ciencia)( Rodríguez, M.A., Ricart, J.E. & col,1999).

Índices de valores para empresas sostenibles

En la actualidad, los mercados internacionales disponen de índices de valores constituidos por empresas sostenibles, como son los grupos de índices FTSEGOOD o los Dow Jones Sustainability Index (DJSGI). Los índices citados están compuestos de aquellas empresas que acreditan de manera suficiente su compromiso de sostenibilidad.

Se aprecia como las empresas que tienen políticas y mecanismos de protección del medio ambiente, tienen una cotización superior en las bolsas. Las compañías que integran la sostenibilidad en su estrategia de negocio tienen un mayor rendimiento, demostrado por los valores alcanzados por distintos parámetros financieros clave. Los ingresos por acciones para las compañías que participan en el Índice Mundial Dow Jones Sustainability Index fue del 14,73% en los últimos cinco años, frente al 9,87% de las compañías que participan en el Índice Mundial Dow Jones Global (Fundación Entorno, 2001).

Hay que mencionar, la existencia de organismos, como el Sam Research o el Sustainable Investment Research International Group (SiRi Group), que centran su actividad en el estudio de la sostenibilidad de las compañías, establecen criterios de aceptación y colaboran en la elaboración de los índices.

Inversiones socialmente responsables: fondos ambientales y fondos éticos

Este tipo de fondos están concebidos para satisfacer la necesidad de los inversores socialmente responsables que buscan, además de rentabilidad, que sus ahorros se destinen a financiar empresas con criterios ambientales (fondos ambientales, también llamados fondos “verdes”) o con criterios sociales (fondos éticos). La definición de lo que es una inversión ética de “The Ethical Investment Research Service (EIRIS)”, una de las instituciones europeas que llevan más tiempo trabajando en este campo es: “Invertir éticamente significa elegir mecanismos de inversión que reflejan tus valores”.

El fenómeno de las inversiones socialmente responsables, tal y como lo conocemos hoy, empezó como respuesta al régimen de “apartheid” existente en Sudáfrica, cuando muchos inversores decidieron que no querían financiar a compañías con negocios en dicho país ya que eso conllevaba fomentar la política de “apartheid”. Desde ese momento se creó la primera criba (screen) y el fenómeno de las inversiones socialmente responsables empezó a madurar (Rodríguez, M.A., Ricart, J.E. & col,1999).

En el año 1999, la inversión que recibieron los fondos éticos en Estados Unidos fue de 2,16 trillones de dólares frente a los 1,19 alcanzados en 1997(Fundación Entorno, 2001). En el conjunto de la Unión Europea, de acuerdo a un estudio elaborado por Sustainable Investment Research International Group, en colaboración con Euronext, a finales de 2001 eran ya 251 el número de fondos de inversión en Europa que incorporaban criterios de responsabilidad social.

Fuente: ECOticias.com / Red / Agencias

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