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Un as bajo la manga de América Latina para la reconstrucción post-COVID

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Muchos expertos consideran que la bioeconomía es uno de los motores para una recuperación económica sostenible post-COVID-19. América Latina experimenta un gran interés por el desarrollo de políticas públicas relacionadas con la bioeconomía, indicó Adrián G Rodríguez, jefe de la Unidad de Desarrollo Agrícola y Biodiversidad de la CEPAL.

En el comunicado en ocasión del 3 Global Bioeconomy Summit 2020 se destacó que la transición a la bioeconomía es más crítica que nunca, subrayando que la «urgencia proviene de la realidad de las amenazas ambientales globales, las oportunidades que brindan las nuevas ciencias y las consecuencias del COVID-19». Los miembros del Consejo Asesor Internacional sobre Bioeconomía Global indicaron que la bioeconomía es un elemento clave para la reconstrucción pospandémica.

Asimismo, la CEPAL destaca a la bioeconomía junto con la economía circular, las energías renovables, el turismo sostenible y la economía digital como uno de los sistemas sectoriales para avanzar hacia esa recuperación transformadora.

Bioeconomía en América Latina

En América Latina, en los últimos cinco años ha habido un interés creciente por el desarrollo de políticas públicas relacionadas con la bioeconomía, señaló en una entrevista con Sputnik Adrián G. Rodríguez, jefe de la Unidad de Desarrollo Agrícola y Biodiversidad de la División de Recursos Naturales de la CEPAL.

Informó que durante el 2020, en medio de la pandemia de la COVID-19, dos países de la región lanzaron sus estrategias nacionales de bioeconomía.

Costa Rica lo hizo el 7 de agosto, al proclamar la Estrategia Nacional de Bioeconomía Costa Rica 2020 – 2030. Por su parte, el 5 de diciembre, Colombia anunció la Misión Bioeconomía.

«Aunque el desarrollo de ambas estrategias inició antes de la pandemia, ambas han sido visualizadas como marcos de política pública relevantes para las estrategias de recuperación pos-COVID-19», subrayó el funcionario, al agregar que la CEPAL brindó asistencia técnica a estos países.

Asimismo, en Uruguay la preparación de la Estrategia Nacional de Bioeconomía Sostenible está en la fase final, agregó.

Además, en Argentina y Brasil han habido avances sustanciales en ámbitos relacionados con la bioeconomía, como la biotecnología agrícola e industrial y la bioenergía. Aunque todavía no cuentan con una Estrategia Nacional de Bioeconomía, en ambos países se han desarrollado esfuerzos en esa dirección, señaló Adrián Rodríguez.

Detalló que Brasil ha sido pionero en la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, y cuenta con políticas de avanzada para fomentar la producción agropecuaria sostenible, como el Programa de Agricultura Baja en Carbono (ABC).

Asimismo, en Brasil, como parte de la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2016 – 2022, se creó en 2018 el Plan de Acción de Ciencia, Tecnología e Innovación en Bioeconomía, bajo el liderazgo del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Telecomunicaciones, que también trabaja actualmente en el desarrollo de un Observatorio Brasileño de Bioeconomía. También en el país existen programas relacionados con el Ministerio de Agricultura y Alimentación, como el Programa Bioeconomía Brasil – Sociobiodiversidad y el Programa Nacional de Bioinsumos.

Por su parte, Argentina se ha posicionado globalmente como un productor importante de biodiesel, a partir de soja. Es líder en la región en el ámbito de la biotecnología agrícola, y durante los últimos 5 años ha incursionado en la producción de bioenergía aprovechando desechos agropecuarios, indicó el funcionario.

Además, en Argentina desde 2015 se han realizado diálogos regionales de bioeconomía, en reconocimiento de los distintos potenciales que existen para su desarrollo a lo largo del país. Como resultado fue creada la Comisión Nacional de Bioinsumos y desarrollada la Estrategia de Bioeconomía de la Provincia de Buenos Aires.

Cómo pasar de una economía tradicional a la bioeconomía

El experto puntualizó que la bioeconomía puede concebirse como un nuevo paradigma tecno-productivo, y también como un marco para la articulación de políticas para avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible.

Como nuevo paradigma tecno-productivo usa las tecnologías que derivan de la revolución en las ciencias biológicas de las últimas décadas y de la convergencia de ellas con otras nuevas tecnologías, sobre todo las tecnologías digitales y la nanotecnología. Los recursos biológicos son la base material y energética de la bioeconomía.

La bioeconomía busca articular políticas para la gestión sostenible de los recursos naturales de origen biológico, con políticas de desarrollo productivo e innovación, explicó.

«El paso de una economía tradicional a la bioeconomía requiere nuevos esquemas institucionales, que fomenten la colaboración entre los sectores público-privado-y de investigación y desarrollo, para generar políticas que fomenten la innovación y el desarrollo de incentivos para que los productos de la bioeconomía puedan llegar al mercado», declaró Adrián Rodríguez.

Por otro lado, el experto destacó la importancia de la colaboración entre los sectores productivos tales como, agricultura e industria, «para generar los encadenamientos a partir de los cuales se obtienen productos nuevos o que sustituyen productos de origen fósil».

El funcionario subrayó que la bioeconomía es «intrínsecamente multisectorial e interdisciplinaria».

«Al interior del sector público es fundamental la participación articulada de todos los sectores relevantes; por ejemplo, ciencia y tecnología, ambiente, recursos naturales, industria, energía, y agricultura, ganadería y pesca, e incluso salud y comercio exterior», sostuvo, al detallar que la selección dependerá de las características del país y de la orientación de su estrategia de bioeconomía.

La articulación de inversiones y de incentivos, la existencia de marcos legales concordantes con el desarrollo del conocimiento científico relevante y que promuevan la innovación y el emprendimiento, son también factores importantes para alcanzar los objetivos de la bioeconomía, según el funcionario.

Entre otros factores fundamentales enumeró la equivalencia entre las condiciones de acceso a mercado para los productos de la bioeconomía y de origen fósil «considerando que éstos no internalizan los costos ambientales que se generan en su producción».

Además, la comunicación con la sociedad es otro factor importante, que permitirá generar conciencia de las ventajas que ofrece la bioeconomía, como un modelo de desarrollo alternativo al modelo de basado en los recursos fósiles, en línea con el gran objetivo del combate del cambio climático.

Biodiesel: potencial y desafíos en América Latina

La bioeconomía permite avanzar hacia una sociedad menos dependiente de los recursos fósiles. Sin embargo, Adrián Rodríguez señaló que la producción de biocombustibles genera opiniones encontradas. Por un lado está la posible competencia por el uso de materias primas que también se usan como alimentos. Por otro lado, se encuentra la competencia por el uso de la tierra que sirve para la producción de alimentos y de cultivos energéticos.

El experto indicó que para garantizar la sostenibilidad de la bioeconomía, incluyendo la producción de biocombustibles, la FAO ha abordado los posibles impactos sobre la producción de alimentos: el desarrollo de la bioeconomía sostenible debe apoyar y garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición en todos los niveles así como el uso de la tierra y otros recursos naturales.

En cuanto a América Latina, el representante de la CEPAL afirmó que Argentina y Colombia son identificados como países con potencial para la producción de biodiesel. Detalló que en Argentina se produce principalmente a partir del cultivo de la soja; y en Colombia de la producción de palma aceitera.

«Se considera que con ello no solo se contribuye a la sustitución de biodiesel de origen fósil, sino también al desarrollo de economía locales, y a la agregación de valor a materias primas agrícolas«, aseguró.

Por otro lado, el funcionario señaló que la introducción de los biocombustibles en general y del biodiesel en particular, enfrenta actualmente retos, además de garantizar la sostenibilidad en su producción.

«Uno de ellos son los bajos precios de los combustibles fósiles; otro es el surgimiento de alternativas que a largo plazo resultan más prometedoras, como el hidrógeno, sobre todo en el transporte de carga y en el transporte público, en ciudades», afirmó.

Asimismo, destacó que las grandes reservas de gas y petróleo en Argentina podrían limitar una mayor penetración del biodiésel.

Entre otros desafíos el funcionario mencionó la factibilidad técnica, es decir los cambios en los motores a gran escala. Y también está la factibilidad política, «sobre todo en aspectos relacionados con el rumbo que se les dé a las políticas de energía en los próximos años, y a su vínculo con otros objetivos, como el de la descarbonización», indicó.

El experto agregó que la sustitución total del diésel es un proceso paulatino y a largo plazo, aunque evitó opinar sobre los plazos que tomaría.

«Es posible que el biodiésel sea un combustible de transición hacia otras alternativas todavía en desarrollo, entre las cuales, la más prometedora a largo plazo posiblemente es el hidrógeno«, concluyó.

Foto: Pixabay
Fuente: mundo.sputniknews.com/

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