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Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

Ya hay 65 “empresas B” en la Argentina

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Las empresas que se certifican como “benefit corporations” (B-corps o empresas B) incluyen en sus estatutos objetivos sociales y ambientales.

Las “benefit corporations” (B-corps o empresas B) son las que, además de tener objetivos de rentabilidad, tienen como propósito provocar un impacto social y ambiental positivo.

Hace ya una década, la organización B-lab, un ONG estadounidense, desarrolló una herramienta de evaluación de sostenibilidad y un proceso de certificación para empresas de las llamadas de “triple impacto” (económico, social y ambiental). Hoy en la Argentina, ya se certificaron 65 empresas según este modelo y hay otras 6 que están en proceso de hacerlo.

No sólo los pequeños emprendimientos -que de hecho empezaron con estas prácticas- participan de este modelo. También grandes empresas, como Natura o Danone, certificaron como empresas B.

En la Argentina, la primera empresa en certificar fue Emprendia, fundada por Pedro Tarak, uno de los impulsores de la fundación Sistema B, que difundió el modelo de B-Lab en América Latina, Asia y Europa. “Tenemos una concepción sistémica: no alcanza con que haya empresas que certifiquen, sino que hay que reconvertir la economía. Por eso trabajamos con el Estado, la academia y grandes actores del mercado”, cuenta Francisco Murray, su director ejecutivo.

El proceso de certificación comienza con la herramienta de evaluación generada por B-lab. El cuestionario incluye secciones relacionadas con gobernanza, trabajadores, ambiente, comunidad y clientes. Según las respuestas, arroja un puntaje. Si se supera los 80 puntos (el máximo es 200), se puede comenzar el proceso de certificación.

“El uso de esta herramienta es gratuito y les permite a las empresas un autodiagnóstico“, señala Murray. Si la empresa supera el puntaje mínimo y quiere certificar, se pasa a una auditoría que realiza B-lab desde Estados Unidos y que puede requerir documentación probatoria e, incluso, evaluación in situ. La certificación tiene un costo anual, que varía según el tamaño de la empresa: si la facturación es de hasta 500 mil dólares, la cuota es de 500 dólares anuales. Con una facturación de hasta 2 millones de dólares, se pagan 1.000.

“Si una vez que terminás el proceso de auditoría alcanzás el mínimo de 80 puntos, pasás a otra etapa, que es la modificación del estatuto”, cuenta Nicolás Dobler, gerente de Sustentabilidad de Aguas Danone, que certificó como empresa B en agosto pasado.

“Teníamos estrategias y programas de sustentabilidad y queríamos saber si tenían el impacto que creíamos. Necesitábamos validarlo”, explica Dobler. Entre otras acciones, la empresa trabaja en reciclaje y acceso al agua. “Son prácticas que están en marcha y tenemos un plan de mejora continua”, agrega. De hecho, la certificación debe renovarse cada dos años.

Natura, por ejemplo, va por su primera recertificación. “Obtuvimos 120 puntos, un 11% más que cuando habíamos certificado”, se enorgullece Sabina Zaffora, gerente de Sustentabilidad de la filial argentina de la compañía. “Estamos por encima del promedio de la industria, que es de 105 puntos”, agrega.

La ejecutiva enumera algunas de las razones por las que obtuvieron tan buen puntaje: “el programa Amazonia, de biodiversidad y comercio justo; el trabajo en innovación y tecnología sustentable, que nos permite ser una empresa de carbono neutro, o el desarrollo de alcohol orgánico para nuestra perfumería y desodorantes; la diversidad e inclusión en nuestros equipos de trabajo; el desarrollo humano y social de nuestra red de consultoras y nuestro programa de apoyo a 35 escuelas que desarrollan proyectos educativos solidarios”, cuenta.

Zaffora asegura que, además de avalar lo que ya hacen, la certificación representa un desafío para seguir mejorando. “Para los empleados no sólo es un orgullo trabajar en una empresa con una causa más allá del valor económico, sino que todos estos temas están metidos en los procesos de producción. Por lo tanto, por ejemplo, dentro del bono no sólo se incluyen los resultados económicos, sino también los sociales y ambientales. Cumplir con estos objetivos está en la descripción del puesto de trabajo”, asegura.

“El sistema B reflejaba lo que yo quería: tener un emprendimiento rentable, pero a su vez dedicarle un espacio importante al compromiso social y ambiental”, describe, por su parte, Mariano Sanllorenzo, fundador de Grincraft que fabrica muebles y estructuras de cartón corrugado.

El material para fabricar los muebles mezcla papel reciclado con papel virgen de reforestación programada. Su emprendimiento está integrado a la fábrica familiar de cajas de cartón, fundada por su abuelo. “Estamos en San Justo, La Matanza, y trabajamos con los barrios que están alrededor de la fábrica”, cuenta.

En conjunto con ONG y organismos del estado, organizan capacitaciones y talleres. “Los hacemos con agentes sociales que trabajan dentro del barrio. Además de enseñar a reducir, reciclar y reutilizar, también estimulamos a usar creativamente el cartón”, explica. “Las agentes sociales nos comentan que a partir de esos talleres artísticos ellas pueden identificar qué les está pasando a los chicos, muchos de los cuales viven en condiciones muy vulnerables”, asegura.

En la Argentina, la empresa que tiene el puntaje más alto en el sistema B es Lulea, que está en Mar del Plata y produce indumentaria para yoga. Alcanzó los 143 puntos.

Fuente: Clarín – 30/1/18

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