Goijman agrega otros datos relevantes, como la captación de agua de lluvia, gracias al techo inclinado de los salones, y la reutilización de aguas, que maximiza el uso de recursos para riego y limpieza. Además, la institución tiene una huerta interior y otra exterior, que provee de alimentos orgánicos a la comunidad educativa. “Si todo funciona en forma conjunta, es un tremendo mensaje para los niños y niñas que habitan en el edificio porque las paredes tienen ese mensaje”, resume Espósito.
La Escuela Sustentable de Mar Chiquita no se limita a ser una construcción innovadora; también se convierte en un centro de aprendizaje y conciencia para la comunidad. Desde talleres educativos hasta visitas guiadas, esta institución se ha convertido en un símbolo de conservación y protección del medio ambiente en la región.
Un aspecto crucial del proyecto es su conexión con la comunidad. Desde su construcción, se implementaron diversas estrategias para involucrar a los habitantes de Mar Chiquita. “Este año se cumplen seis años de su construcción, fue el cierre del primer ciclo que habitó la escuela”, comenta Goijman. “Fueron esas familias las que sostuvieron, hablamos de un núcleo muy comprometido, pendiente y en constante aprendizaje”, agrega. Ese “núcleo” se congrega en una cooperadora “muy activa” que constantemente genera nuevas propuestas, como la reciente tiendita sustentable o la convocatoria a padres para construir nuevos juegos con madera.
La actual directora, Florencia Capornio, fue clave en el proceso de apropiación del proyecto por parte de la comunidad. “Ella tuvo la intención de involucrarse y de ponerse al frente, buscó que la sustentabilidad sea transversal en la currícula de la escuela y también habilitó otras posibilidades, como por ejemplo, que haya visitas guiadas los segundos sábados de cada mes”, indica Goijman. “Eso es posible porque confía en los padres, a quienes les da la llave. También hay visitas guiadas en horario escolar y, acá sucede otra cosa interesante: en vez de que sean docentes o padres los que hacen la visita guiada, la encabezan los alumnos de quinto y sexto grado”, dice.
Desde que comienzan el ciclo lectivo en la escuela, a los chicos se les explica cómo funciona todo, cómo hacen las plantas que están en el invernadero para crecer sin que las rieguen por fuera, y cómo se garantiza el reaprovechamiento energético. Por eso, Capornio no duda del impacto positivo de la escuela y vislumbra un futuro prometedor. La posibilidad de ampliar las jornadas escolares y convertirla en un centro de jornada completa es una opción que se está considerando, lo que permitiría integrar aún más la sustentabilidad en el currículo educativo.
El impacto no sólo atrae a curiosos en la materia de innovación educativa. La oficina de Turismo de Mar Chiquita también la incluyó en un recorrido que incluye la albúfera y la reserva natural, y que además es encabezada por un padre de la misma comunidad de la escuela sustentable.
La Escuela Sustentable de Mar Chiquita no solo es un hito en la región, sino un faro inspirador que demuestra que la educación y la sustentabilidad pueden ir de la mano para construir un futuro más consciente y respetuoso con el medio ambiente. Como Carolina Goijman destaca, “la sostenibilidad tiene que ser local, tiene que ser llenada por la comunidad”, y esta escuela es un ejemplo vivo de esa premisa.
C. Vigil S/N, Mar Chiquita
Las visitas guiadas se pueden reservar a través del IG de Tagma (@somostagma) y se realizan los segundos sábados de cada mes, de 18 a 20.
Autor: Franco Spinetta
Foto: Gentileza Tagma
Fuente: lanacion.com.ar/
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