skip to Main Content
Punto de encuentro entre las Empresas, el Medio Ambiente y la Sustentabilidad

Aumentar los árboles podría evitar 403 muertes anuales: estudio

Noticias

La investigación, hecha en Filadelfia,  da cuenta de los beneficios de los árboles para la salud.

¿Pueden los árboles en espacios urbanos ayudar a prevenir muertes prematuras y a mejorar la salud de la gente? Según un reciente estudio hecho en la ciudad de Filadelfia, la evidencia indica que sí.

Los autores del estudio, comisionado por el Servicio Forestal de Estados Unidos y con financiación y apoyo del Instituto de Salud Global de Barcelona, estimaron que se evitarían unas 403 muertes prematuras cada año en Filadelfia y se ahorrarían casi 4.000 millones de dólares en atención médica si la ciudad logra cumplir con su meta de aumentar la cobertura de copas de los árboles en un 30 por ciento para el 2025.

Las proyecciones para la sexta ciudad estadounidense por población ya están siendo usadas como base para hacer estudios similares en ciudades latinoamericanas bajo la dirección de la Organización Panamericana de la Salud.

El estudio, publicado en ‘The Lancet Planetary Health’, la publicación de desarrollo sostenible y cambio ambiental de revista médica británica ‘The Lancet’, subraya que los espacios verdes urbanos deben considerarse como una medida de salud pública.

Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, donde suele haber pocos espacios verdes, y muchos estudios indican que las áreas verdes en las urbes tienen un efecto positivo sobre la salud, incluyendo menos estrés, mejor salud mental, y menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico y muerte prematura, entre otros beneficios.

Y el estudio cita específicamente que el “acceso” a “parques, jardines, árboles y bosques” puede contribuir no solo “a mejorar la calidad de vida a través de una mejor salud mental” sino también a reducir “el crimen y la violencia”.

Mark Nieuwenhuijsen, coordinador del estudio y director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, dijo, en declaraciones a la agencia Efe, que este trabajo “es un ejemplo para todas las ciudades del mundo: se pueden salvar muchas vidas aumentando los árboles y reverdeciendo los entornos urbanos”.

Otro punto clave de esta investigación es que mostró que los barrios más pobres serían los más beneficiados con un aumento de los espacios verdes, incluso si estos son moderados.

Cabe señalar que de las diez ciudades más grandes de Estados Unidos, Filadelfia es la más pobre y tiene una tasa de mortalidad mayor que la media del país. Por lo que para Nieuwenhuijsen, “la reforestación urbana no solo es fundamental para mejorar la salud pública, sino también para reducir las diferencias en salud (por clases sociales) y fomentar la justicia ambiental”.

EL TIEMPO habló con uno de los autores del estudio, el epidemiólogo y profesor de la Universidad Estatal de Colorado David Rojas-Rueda, quien compartió detalles de las conclusiones y adelantó información sobre estudios similares que se están llevando a cabo en otras ciudades.

¿Por qué el estudio está enfocado en Filadelfia?

La alcaldía estaba pensando en incrementar la cantidad de árboles en su ciudad y nos pidió ayuda. Si esto se podría traducir en salud, querían tomar la mejor decisión, y no solo en referencia a la cantidad, sino también a la distribución.

Su participación en el estudio se enfocó en los efectos a la salud de la densidad de las copas de los árboles en el espacio público. Explíquenos un poco más.

La evidencia epidemiológica que existe define la cantidad de verdor urbano con base en un índice que se toma a partir de imágenes satelitales, que nos dice cuánta vegetación hay, no solo árboles, sino vegetación en general. Para este estudio tuvimos que pasar de vegetación a árboles, porque la ciudad tenía una política específica para incrementar el arbolado, y luego medir el impacto de un aumento de esos árboles sobre riesgo de mortalidad, que efectivamente ayuda a disminuir las muertes prematuras en población adulta.

Es una política específica de la ciudad de Filadelfia. Cada ciudad tiene una forma diferente de medir el verdor urbano. Hay ciudades que deciden medir en términos de parques, o áreas de arbustos o césped, pero en este caso lo hacen por árboles.

Es decir, ¿no es cuestión de que medir las copas de los árboles sea más efectivo que medir, por ejemplo, la cantidad de árboles por habitante?

En zonas muy densas, sería difícil poner árboles donde no hay mucho espacio público. Tampoco hay evidencia que nos diga que tener este follaje de árboles tenga más efecto en la salud que otro tipo de vegetación. Fue cuestión de que la ciudad medía de esta forma su verdor.

Algunos estudios han destacado que los árboles plantados en lugares públicos tienen más beneficios que aquellos que se plantan en áreas privadas.

El impacto que tendrá en la cantidad de personas que están expuestas a las áreas verdes en un espacio público es mucho más grande que en un espacio privado. Esto no quiere decir que un árbol en un espacio privado no va a producir beneficios. Hay diferentes mecanismos por los cuales un área verde puede producir beneficios y uno de estos puede ser simplemente ver el color verde.

El estudio menciona estudios previos sobre los beneficios para la salud física y mental que tiene estar en contacto con áreas verdes, pero ¿cómo se traduce esto a prevención de muertes prematuras?

Hay beneficios para la salud a través de diferentes mecanismos. El más fácil de entender es que simplemente tener en el campo visual un área verde, disminuye el estrés y favorece la recuperación mental. Si ponemos al alguien que ha estado expuesto a un estímulo del estrés frente al color verde, va a experimentar un estímulo en el sistema biocentral que disminuye la cantidad de hormonas y neurotransmisores que se asocian con el estrés. Reduce su presión arterial se relaja. El simple hecho de tener verde ya es un beneficio mental y esto tiene un efecto fisiológico y sicológico.

¿Hay otros beneficios importantes?

Varios. Después tendríamos el efecto ambiental. Dependiendo de la especie, la vegetación tiene diferentes propiedades para regular la temperatura en las áreas urbanas. Muchas de las ciudades del mundo sufren los efectos de olas de calor y esto produce deshidratación y afecta a personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares. Hay estudios que asocian este calor extremo al número de hospitalizaciones en este grupo de pacientes. Esto es mucho más común en las personas mayores de 60 años. Al crear sombras, la vegetación tiene la capacidad de evitar que la radiación solar pegue en el concreto. También tiene la capacidad de mantener la humedad y esto regula la temperatura.

Las plantas también pueden absorber ciertos contaminantes. Esto favorecería una mejora de la calidad del aire en ciudades con problemas de contaminación proveniente del tráfico motorizado. Aunque la vegetación no será capaz de absorber toda la contaminación en la mayoría de las ciudades, puede disminuir en una proporción y ayudar a mejorar la calidad del aire.

Los vehículos motorizados también producen ruido, el cual tiene un impacto en la población, como cambios en el sistema nervioso central que favorecen el incremento de la presión arterial, la frecuencia cardiaca y se ha asociado con muertes cardiovasculares. Aparte de complicaciones para el sueño y para la concentración en niños. Tener una capa de áreas urbanas o de vegetación puede atenuar la cantidad de ruido en las fachadas de las viviendas.

Por último, refuerza el sistema inmunológico cuando nos ponemos en contacto directo con las plantas, con la vegetación. Tocar, agarrar cosas como el césped, puede favorecer la cantidad de microorganismos que viven normalmente en nuestra piel, en la superficie de los ojos, la boca, etc. Tenemos normalmente una variedad de microorganismos que viven con nosotros en nuestra piel, en nuestra tráquea gastrointestinal. Y los necesitamos para hacer la digestión, para mantener los niveles de ciertas hormonas o estímulos inmunológicos activos, fuertes. Las plantas y la vegetación lo que hacen es mantener una variedad de una forma sana.

Se han hecho estudios de que personas que durante la niñez fuero expuestos a muchos desinfectantes y que no tuvieron tanto contacto con la tierra, sufren de más enfermedades alérgicas. Esto quiere decir que zonas verdes estimulan el sistema inmunológico promoviendo la población de microorganismos beneficiosos.

Adicionalmente, ya sabemos que la actividad física es buena. Las áreas verdes se asocian con un incremento de actividad, que tiene efectos positivos a largo plazo tanto en niños como adultos. Disminuye la mortalidad, el cáncer, enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Y no debemos olvidar el impacto que zonas verdes urbanas tienen en la interacción social. Tener un área verde pública a la que se pueda acceder y que favorece la interacción social y eso es bueno para la salud. Hay muchos estudios en epidemiología social que dicen que entre más contactos tengas entre tus amistades, vecinos, compañeros de trabajo tengas, tendrás menor probabilidad de tener una enfermedad infecciosa o de morir. Disminuye la mortalidad prematura, comparado con aquellos que tienen una menor red social. Este capital social sería otro mecanismo para reducir la mortalidad.

¿Podríamos esperar que, en estos tiempos de coronavirus, cuando la mayoría de la población urbana tiene que estar encerrada, con menos acceso a áreas verdes públicas, se avecina un declive de la salud en general?

Nosotros no dejamos de ser animales que necesitan contacto con la naturaleza. Una exclusión o un aislamiento de la naturaleza puede producir un efecto negativo, pero este es un efecto a corto plazo, nuestro aislamiento necesitaría ser un poco más prolongado a varios meses o años. Ahora lo que se hace con estas órdenes de aislamiento físico y social es que en algunas áreas se permite salir a hacer ejercicio al aire libre, mientras sea un lugar donde se pueda mantener la distancia de dos metros. Se puede seguir en contacto con la naturaleza o podemos tener plantas en la casa. Dicho esto, este aislamiento para personas que viven en áreas urbanas muy densas con poco verdor urbano, podría tener un efecto negativo a corto plazo más mental que físico.

El estudio es específico de Filadelfia, pero ¿se podrían extrapolar estas métricas a, por ejemplo, ciudades en América Latina?

Definitivamente. Ahora estoy trabajando con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para hacer mapas de ciudades en Latinoamérica y poder identificar la cantidad de verdor urbano que tienen y, en segunda instancia, tratar de identificar qué efectos tendría en la salud de la gente el incrementarlo en las ciudades en las que hay poco. Ya hemos hecho estudios similares al de Filadelfia en un par de ciudades de Europa: Barcelona (España) y Bradford (Reino Unido). Pero Latinoamérica sería un lugar espectacular para trabajar y es lo que estamos intentando hacer.

La OPS tiene interés en utilizar el verdor urbano como una herramienta de salud pública y en hacer estudios para facilitar la toma de decisiones para aquellos que trabajan en los gobiernos locales latinoamericanos.

Autora: Claudia Sandoval Gómez
Foto: EFE
Fuente: eltiempo.com/

 

This Post Has 0 Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top