En el nuevo espacio los visitantes podrán disfrutar de una costa de 125 metros desde donde se divisan barcos y veleros amarados. Descubrirán aves propias del Delta como la garza mora, la garza común, gallinetas, zorzales, palomas torcazas, cardenales. La vegetación, comprendida en un típico bosque de zona ribereña, incluye caña de mimbre, sauces criollos, curupís, ceibos, y alisos de río, entre otros ejemplares que el municipio está inventariando.
“Apuntaremos a preservar árboles y plantas en un marco estricto de protección. Es decir que trabajaremos en la conservación, pero también si es necesario haremos reforestación, implantando especies nativas que favorezcan su equilibrio”, adelantó Gabriel Tato, director General de Políticas Ambientales del Municipio. Además, para preservar el medio ambiente, no se podrá acceder en auto a las inmediaciones del lugar. La gente deberá hacerlo de a pie o en bicicleta, y su acceso sería por el ingreso de Escalada y Almirante Brown.
Caminos de piedra y madera
En cuanto al diseño paisajístico se crearán espejos de agua y se trabajará sobre los senderos ya existentes a través de un circuito con pasarelas en forma de zigzag para cuidar a los árboles. Los caminos serán fabricados con materiales naturales como madera y piedra, lo mismo que el mobiliario. “Mantendremos una estética agreste y selvática, funcional con el entorno de naturaleza cautivante del lugar”, añadió Cecilia Tucat, subsecretaria de Obras Públicas. También generarán un núcleo sanitario para que los visitantes puedan acceder a baños.
En el plan hace foco en la cuestión educativa. Las especies vegetales tendrán carteles explicativos y habrá maquetas representando a la fauna, como por ejemplo, el ciervo de los pantanos, animal típico de lugar. Luego de la caminata, la gente podrá sentarse a descansar o a tomar un mate en los bancos que estarán alrededor del lago, ya que no habrán bares ni restaurantes en su interior.
Entre los vecinos el proyecto despertó opiniones encontradas. Si bien algunos aplauden la iniciativa, otros temen que, ante la llegada de gente, el lugar pierda su natural encanto y tranquilidad. Félix Cibils, que vive a pocas cuadras del parque y es un estudiante de Biología dispuesto a colaborar con el desarrollo del plan, dijo: “El proceso de restauración ambiental que conlleva la creación de la reserva es largo y complejo pero, bien manejado puede aportar mucho a la naturaleza local, a nuestro bienestar y a la conciencia ambiental”.
Juliette Heinonen, otra vecina, agregó que “tener este espacio natural de donde uno pueda aprender viendo, disfrutando y restaurando la naturaleza es algo maravilloso y único”.
Para otros, como Agustín Cibils Alemann, es fundamental respetar las características del barrio, y que haya tranquilidad, silencio y poca iluminación. En ese sentido, algunos de los que habitan en las casas lindantes al predio dijeron temer que su barrio ocurra lo que sucede en la costa de San Isidro donde miles de personas pasean por el lugar durante los fines de semana. “Nosotros ya tenemos una costanera invadida, algunos días con hasta 4000 personas. No queremos que pase lo mismo en la reserva y que se llene de gente, ni que pongan restaurantes ni bares”, manifestó Lucio, un vecino que prefirió no dar su apellido.
Desde el municipio respondieron: “Estamos analizando cómo disminuir la carga de visitantes y controlar el volumen de personas que ingrese para no afectar el microecosistema. Hay contacto permanente con los vecinos y trabajamos en conjunto”. Con respecto a la seguridad, adelantaron que el lugar y sus accesos serán contralados a través de guardaparques.
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