Estos datos se complementan con que entre 1998 y 2022, la superficie agrícola aumentó 5,2 millones de hectáreas y las pasturas 1,4 millones; mientras que las plantaciones forestales aumentaron un 37%.
Otro aspecto que se suma a la desprotección del yaguareté tiene que ver con el nuevo Ordenamiento Territorial de Bosque Nativo que aprobó hace algunas semanas la legislatura chaqueña y que habilita el desmonte de 1 millón de hectáreas. ¿Por qué? Porque áreas que antes estaban marcadas por la Ley de Bosques como “amarillas” (se pueden hacer actividades productivas sostenibles pero no desmontar) o “rojas” (no se pueden tocar) pasaron a pintarse de verde, habilitando la deforestación. Justamente lo opuesto a lo que recomiendan los expertos.
“Se trata de un área de corredores de conservación y de amortiguamiento del Parque Nacional Copo, la Reserva La Pirámide y la Reserva Provincial Loro Hablador. Esto pone en riesgo la supervivencia de grandes mamíferos, como el yaguareté (especie autóctona al borde de la extinción)”, indicó a TN Hernán Giardini, coordinador de la Campaña de Bosques de Greenpeace.


La cacería y la deforestación indiscriminada para ampliar la frontera agrícola en el Gran Chaco están empujando a que un emblema natural de la Argentina desaparezca. En esta región, que abarca Chaco, Formosa y parte de Salta y Santiago del Estero, apenas quedan entre 15 y 20 ejemplares de yaguareté. Son aproximadamente 7 millones de hectáreas en donde apenas el 3% está en condiciones óptimas para que el felino más grande de América pueda desarrollarse como corresponde. Este número es insuficiente para poder sostener y hacer crecer la población de animales que en todo el país ronda los 300 ejemplares y está en peligro crítico de extinción.
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