Descubren un ecosistema profundo donde agua hirviendo y metano helado conviven a centímetros. Es la biología más parecida a la que podrían ocultar las lunas heladas de Saturno
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Un equipo en Papúa Nueva Guinea halló un paisaje extremo donde respiraderos hidrotermales de más de 50 ºC se mezclan con filtraciones frías de metano en un entorno con una presión 130 veces mayor que en la superficie. La vida que prospera allí ofrece pistas únicas sobre cómo podrían funcionar los ecosistemas en lunas como Encélado o Europa.
Sabemos más de la Luna que del fondo del océano. Bajo kilómetros de agua, en un territorio de oscuridad perpetua, las montañas, volcanes y fisuras del lecho marino componen un paisaje que escapa incluso a nuestra imaginación. Allí, donde la presión es 130 veces mayor que en la superficie y el frío debería congelarlo todo, la vida encuentra formas inesperadas de existir.
Un descubrimiento donde el agua hierve y el metano se congela
Frente a Papúa Nueva Guinea, una expedición científica liderada por Phillip Brandl documentó algo nunca visto: un punto del océano donde respiraderos hidrotermales ardientes —con temperaturas superiores a 50 ºC— conviven a centímetros con filtraciones frías de metano que rondan los -10 ºC. Esa combinación tan extrema, caliente y fría al mismo tiempo, no había sido observada tan cerca en un mismo punto.
Cuando el robot descendió al fondo, encontró un pequeño mundo que parecía imposible: rocas brillantes con depósitos de oro y plata, columnas de vapor, nubes de burbujas heladas y un mosaico de vida que prospera sin luz.
Un ecosistema sostenido por la química, no por la luz
A diferencia de la mayoría de ecosistemas terrestres, aquí la vida no depende del sol. Su energía proviene de reacciones químicas entre los fluidos hirvientes del subsuelo, los gases y los minerales del lecho volcánico. En ese entorno funcionan bacterias especializadas que convierten esta química extrema en energía. Y sobre ellas se construyen comunidades completas: mejillones gigantes, gusanos tubícolas, camarones, pepinos de mar morados y posiblemente especies nuevas.
Es un recordatorio poderoso de que la vida no necesita luz para aparecer. Solo necesita energía, agua y química activa.
Por qué este lugar importa para la búsqueda de vida fuera de la Tierra
El hallazgo no solo amplía los límites conocidos de la biología terrestre. También ofrece el mejor modelo natural de cómo podría funcionar la vida en mundos oceánicos lejanos.
Lunas como Encélado, Europa o Titán albergan océanos bajo una corteza helada, completamente aislados de la luz solar. Sus fuentes de energía dependerían de procesos similares a los de este descubrimiento: calor interno, reacciones químicas y presencia de gases como el metano.
Si la vida puede prosperar en un lugar donde el agua hierve a pocos centímetros de donde se congela, entonces esos océanos extraterrestres no están tan lejos de nuestras posibilidades biológicas.
El fondo del océano vuelve a recordarnos algo esencial: la vida es más flexible y resistente de lo que imaginamos. Cada vez que exploramos las profundidades, encontramos nuevas formas de entenderla. Y, en el camino, vemos reflejado en estos abismos lo que podríamos encontrar algún día bajo el hielo de las lunas heladas de Saturno.
Autor: Martín Nicolás Parolar
Fotos: © ROV Kiel 6000 / GEOMAR y Nature
Fuente: es.gizmodo.com

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