Investigadores chinos crean bloques de algas a modo de “piel ecológica” para formar suelo en solo un año, con el objetivo de estabilizar 6.667 hectáreas de desierto
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Tecnología microbiana transforma dunas móviles en tierra fértil: China lanza proyecto en Ningxia como parte de su Gran Muralla Verde.
La Gran Muralla Verde: algas resistentes a la sequía para recuperar 6.667 hectáreas de desierto
China apuesta por cianobacterias para transformar dunas inestables en suelo fértil y funcional.
- Arena suelta, imposible de fijar.
- Microorganismos antiguos, solución moderna.
- Coste bajo, despliegue rápido.
- Suelo estable en un año.
- Restauración real, no solo árboles.
China está probando una de las intervenciones más singulares de los últimos años: usar algas verde-azuladas para “pegar” el desierto. No es una metáfora. En lugar de plantar árboles en condiciones imposibles, investigadores del país están creando una costra biológica artificial capaz de estabilizar dunas, frenar la erosión y abrir la puerta a la vida vegetal.
El proyecto se desarrolla en la región de Ningxia, desde la Estación Experimental del Desierto de Shapotou, vinculada a la Academia China de las Ciencias. Allí se ha perfeccionado una tecnología que imita procesos naturales, pero comprimidos en el tiempo. Lo que en un ecosistema árido tarda entre cinco y diez años en formarse, ahora puede lograrse en apenas doce meses.
La clave está en las cianobacterias, organismos fotosintéticos que llevan miles de millones de años colonizando ambientes extremos. En este caso, se utilizan cepas capaces de resistir altas temperaturas, sequía prolongada y vientos de hasta 36 km/h, un umbral crítico para evitar que la arena vuelva a desplazarse.
Reclamar el desierto
Los desiertos no son estériles por falta de sol, sino por exceso de movimiento. La arena cambia constantemente de lugar. Las raíces no agarran. El agua se pierde. Cualquier intento de revegetación fracasa si antes no se estabiliza el suelo.
Aquí es donde entra en juego la llamada “piel ecológica”. Al hidratarse, incluso con lluvias mínimas, las cianobacterias se activan y segregan una matriz rica en biomasa que aglutina los granos de arena. Se forma así una costra biológica que inmoviliza el terreno, retiene humedad y empieza a acumular nutrientes.
No es ciencia ficción. Es un proceso bien conocido en desiertos naturales, pero extremadamente lento. La innovación china acelera ese mecanismo sin introducir especies invasoras ni productos químicos agresivos. Biología pura. Y paciencia bien dirigida.
Método de semillas sólidas
El camino no fue directo. Al principio se probaron aplicaciones líquidas de algas, pero dependían demasiado de maquinaria pesada, agua abundante y logística compleja. Poco práctico en pleno desierto.
Tras analizar más de 300 especies, los investigadores seleccionaron siete cepas clave. Se mezclaron con materia orgánica hasta obtener una pasta nutritiva, moldeada en bloques hexagonales sólidos. Así nacieron las llamadas “semillas sólidas”.
Estos bloques pueden transportarse fácilmente y dispersarse sobre grandes superficies. No hacen nada… hasta que llueve. En ese momento, se activan, crecen y tejen una red biológica que fija la arena. Silencioso. Eficaz. Casi elegante.
El plan prevé recuperar hasta 6.667 hectáreas en cinco años solo en Ningxia. Ya no se trata de un experimento de laboratorio. Es una estrategia territorial a gran escala, integrada en la Gran Muralla Verde china, un programa que va mucho más allá de plantar árboles en fila.
De hecho, esta aproximación ataca el problema de raíz: el movimiento de las dunas. Sin suelo estable, no hay ecosistema posible. Por eso China combina estas biocostras con rejillas vegetales, barreras físicas y cinturones de control de arena, como el recientemente completado en Mongolia Interior, de más de 1.800 km de longitud.
No es una solución milagro. Pero sí una pieza muy sólida dentro del puzzle de la restauración ecológica en zonas áridas.
Aplicada con criterio, esta tecnología podría convertirse en una herramienta estratégica frente a la desertificación, especialmente en regiones donde plantar árboles no funciona o incluso empeora la situación.
Puede integrarse en proyectos de restauración en Asia Central, el Sahel africano o zonas áridas del Mediterráneo, siempre adaptando las cepas microbianas al contexto local. También abre la puerta a nuevas políticas de gestión del suelo, más centradas en procesos ecológicos que en soluciones rápidas y vistosas.
Menos fotos de plantaciones fallidas. Más suelo vivo.
Más biología. Menos cemento verde.
Foto: China Science Daily
Fuente: ecoinventos.com/

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