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Nuevo estudio descubre que los microplásticos comunes favorecen la propagación de bacterias resistentes a antibióticos desde aguas residuales hasta el mar

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Científicos del Reino Unido identifican más de 100 genes de resistencia a antibióticos en plásticos contaminantes en ríos y océanos.

  •  Los microplásticos transportan bacterias patógenas y resistentes a antibióticos.
  •  Se forman biofilms en su superficie (la “Plastisfera”).
  •  Materiales más riesgosos: poliestireno y nurdles.
  •  Se identificaron más de 100 genes de resistencia en biofilms sobre plásticos.
  •  Riesgo creciente aguas abajo: llegan a playas y zonas de acuicultura.
  •  Urgencia de gestión y vigilancia de residuos plásticos y aguas residuales.

Los microplásticos suponen un riesgo para la salud humana de más de una manera

Un nuevo estudio confirma que los microplásticos presentes en el medio natural no llegan solos al mar, a los ríos o a las playas. Lo hacen acompañados: en su superficie se instalan bacterias patógenas y resistentes a los antimicrobianos, formando comunidades densas y persistentes. El equipo científico pide avanzar en la gestión de residuos y recomienda algo tan sencillo como usar guantes durante las limpiezas de playas. No por alarmismo; por pura precaución.

Los microplásticos —partículas menores de 5 mm— están en todas partes. Más de 125 billones flotan o descansan ya en el océano (desde la superficie hasta el fondo marino). También aparecen en suelos, ríos, lagos, fauna y, cada vez más, en el cuerpo humano. Una realidad incómoda, pero imposible de ignorar.

Dentro de este problema emerge una preocupación creciente: la Plastisfera, esos biofilms microbianos que se adhieren rápidamente al plástico y que no siempre son inocuos. La evidencia sugiere que ahí prosperan bacterias capaces de causar enfermedades o de resistir antibióticos esenciales.

¿Qué es la Plastisfera?

La Plastisfera es el ecosistema microbiano que se forma sobre la superficie de los plásticos cuando llegan al medio ambiente, especialmente al agua del mar. En cuestión de horas, bacterias, algas microscópicas, hongos y otros microorganismos se adhieren al plástico y crean un biofilm: una capa pegajosa que funciona como hábitat y refugio. Cada fragmento de microplástico se convierte así en una pequeña “isla” artificial donde prospera vida microbiana muy distinta a la del agua que lo rodea.

Este ecosistema preocupa porque puede albergar patógenos y bacterias resistentes a antibióticos, que viajan protegidos por ese biofilm y pueden desplazarse largas distancias impulsados por las corrientes. Esto significa que los plásticos actúan como vehículos biológicos, moviendo microorganismos entre depuradoras, ríos, costas y zonas de acuicultura, con posibles riesgos para la salud humana y la vida marina.

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