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Tras 135 años, redescubren especie endémica considerada extinta en Guatemala

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Cuatro expediciones entre 2008 y 2018 intentaron localizar a la pasiflora (Passiflora clypeophylla) sin éxito, hasta que en 2024 se identificó en un cañón de Alta Verapaz. Este enero 2026 la revista científica internacional, Nordic Journal of Botany, da cuenta de este hallazgo.

Durante 135 años, la planta Passiflora clypeophylla se mantuvo resguardada entre los escarpados acantilados de la comunidad Rubel Cruz, ubicada en el departamento de Alta Verapaz, en Guatemala.

Esta especie fue descrita originalmente como una novedad taxonómica en 1891, basada en un solo espécimen recolectado por John Donnell Smith, en abril de 1889, quien en la descripción de la localidad junto al ejemplar se limitó a indicar: “Barranca Rubel Cruz” y “Alta Verapaz, alt. 2.500 ft.”.

Donnell Smith fue un destacado botánico norteamericano que viajó mucho para la elaboración de su “Enumeratio plantarum Guatemalensium” (1889-1907). Durante sus exploraciones encontró el único espécimen de Passiflora clypeophylla hasta entonces recolectado.

Con el pasar del tiempo, a este único espécimen, más allá del reconocimiento botánico exacto, se le habían deteriorado las hojas y flores. Sin nuevo material de herbario, el taxón había llegado a un estado de nomen dubium (nombre dudoso), atribuyéndose a su daño, inducido después o durante la colección original de 1889 y su posterior almacenamiento.

Tras los intentos fallidos por redescubrir a la especie, el taxón fue reducido a la clase de “extinto”, dado que no quedó ningún representante vivo de la especie in situ, preservado o fuera de su hábitat.

En 2024, el investigador británico Jay Kuethe, de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, organizó una última expedición a Guatemala, con el objetivo de intentar acceder a ese cañón, mientras trabajaba en la nueva monografía de especies del género Passiflora, a la que este doctor en Ciencias de la Tierra y ecólogo ha dedicado 16 años de su vida.

Con el apoyo de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) en Guatemala, se orientó al investigador sobre los sitios a visitar y sus condiciones naturales y sociales, se facilitaron contactos locales en áreas protegidas y parques municipales, así como el intercambio con otros botánicos y la gestión necesaria para que, eventualmente, los especímenes colectados fueran recibidos en el herbario del Centro de Estudios Conservacionistas (CECON) de la Universidad de San Carlos (USAC) de Guatemala.

Dada la topografía escarpada de la región, el terreno del cañón no es apto para la agricultura y las imágenes satelitales mostraron la presencia de bosques dentro de sus periferias, lo que, aunado al linaje taxonómico de esta especie de Passiflora, conocido por su adaptabilidad y rápida reproducción, significaría que podría migrar fácilmente y adaptarse a parches de bosque restantes.

Además de superar la lejanía y la topografía para acceder al cañón, se requería conseguir el permiso y la guía local del Pueblo Indígena Maya Q’eqchi’ para ingresar a la comunidad Rubel Cruz, situada a unos 1250-1300 metros sobre el nivel del mar.

Kuethe, junto al equipo conformado por los investigadores Saban Sequen, Markus Vargas, y Dennis Imanol Medina Chub, un joven de 24 años, Maya Q’eqchi’, originario de la aldea Salacuim, Cobán, y estudiante de ingeniería forestal, organizaron una reunión con las autoridades indígenas y ancianos de la comunidad, quienes otorgaron permisos excepcionales para acceder al cañón.

Después de las negociaciones para garantizar que no se violentaran los derechos de los Pueblos Indígenas, Fernando Castillo-Cabrera, jefe de la comunidad, acordó organizar una escolta hasta el cañón y permitir visitas a su denso y primario bosque interior.

Dadas las circunstancias, esta exploración se considera uno de los primeros descensos de personas no Q’eqchi’ al cañón de Barranca Rubel Cruz con objetivos botánicos de los últimos 135 años, brindando una oportunidad única para estudiar su biodiversidad.

El miércoles 21 de febrero de 2024, el grupo descendió al cañón desde la comunidad de Rubel Cruz, bajo la guía local de Alfredo Cucul. Después de un descenso difícil y peligroso, a unos dos tercios del cañón, encontraron la tan esperada especie.

“Significó mucho para mí haber redescubierto esta especie, especialmente considerando que hubo cinco intentos previos, uno por mí, para encontrarla, todos en vano. Así que fue un gran avance tanto a nivel personal como científico para todos los involucrados. Lo cierto es que esto no habría sido posible sin la amplia colaboración de Dennis Medina, un brillante botánico de campo, de ascendencia maya, conocedor del idioma local, que se unió a nosotros en la expedición y que logró ganarse la confianza de la población local”, manifestó Kuethe.

“Me puse a observar con mis binoculares y, en ese momento, vi a lo lejos -a una altura de 40 metros, colgando, entre las rocas calizas- una planta, con la característica de las hojas coriáceas, o sea, duras y brillantes en la parte de arriba, muy brillantes (…), sus zarcillos y glándulas, entonces dije esta es, porque no había visto algo así yo. Pero no me quise emocionar, y dije yo, que lo vea el experto. Y le dije, “Jero” mira, yo creo que esa es. Y él se puso a ver, y esa era, definitivamente esa era. Fue una emoción, la verdad, hasta cambiamos de color. Esta es, esta es la especie, decíamos todos. Hasta se me enchina la piel de solo contarlo”, relata Medina sobre el primero de los avistamientos.

Para Medina, el segundo avistamiento “fue un momento muy decisivo y más emocionante, la verdad, porque pues tenerla en las manos, decir está viva, está viva. Sí, todavía existes, que emoción, la verdad”.

“Fue una emoción muy grande, porque yo siempre he soñado con hacer descubrimientos, con hacer nuevos reportes. Me sentía como realizado, la verdad, porque este tipo de cosas no se dan en cualquier momento (…) A mí me gusta compartir sobre la ciencia ciudadana con las demás personas, con los jóvenes, decirles, hay que seguir haciendo, hay que hacer ciencia, sigamos haciendo este tipo de investigaciones”, concluyó Medina.

“Especialmente el redescubrimiento de la Passiflora clypeophylla es un buen caso de estudio, ya que para lograrlo lo principal fue la confianza en el conocimiento local. Esta habría sido la razón por la que las expediciones anteriores no lograron encontrarla, ya que no colaboraron con los mayas, probablemente debido a barreras lingüísticas y la desconfianza local”, reflexionó Kuethe.

Finalmente, se recolectó nuevo material de herbario para la Passiflora clypeophylla, se tomó una gran cantidad de fotografías, nuevas notas y medidas que ahora permiten mejorar la descripción original de la especie.

El material vivo seleccionado se trasladó al Jardín Botánico del Centro de Estudios Conservacionistas de la USAC, en la Ciudad de Guatemala, para permitir el cultivo y estudio ex situ de la especie. Aquí se cultivará y conservará, lo que potencialmente multiplicará los especímenes para su reintroducción a su hábitat natural, con el objetivo de garantizar su presencia dentro de la zona de vida a la que pertenece.

Si quieres conocer más detalles sobre este hallazgo científico, te dejamos el enlace al artículo científico, publicado el 19 de enero de 2026, en Nordic Journal of Botany, una revista científica internacional, revisada por pares, y especializada en botánica. Rediscovery of Passiflora clypeophylla (subgenus Decaloba): a highly threatened and narrow endemic species found within a karstic canyon in Guatemala – Kuethe – Nordic Journal of Botany – Wiley Online Library

 

Foto: Jay Kuethe

Fuente: iucn.org/es/

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